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“Quemando las turbinas, escapás…”
Hay datos que, por sí solos, deberían alcanzar para encender una luz de alerta. Al menos 18 vehículos con pedido de secuestro originado en Mar del Plata fueron encontrados en Necochea y Quequén durante lo que va de 2026. El relevamiento de Ecos Diarios aclara que se trata de un piso de casos comprobables a partir de información pública y que la cifra podría ser mayor, ya que no todos los procedimientos llegan a difundirse. De esos 18 rodados, 14 eran motocicletas y cuatro automóviles o camionetas.
El número no debería generar una conclusión apresurada acerca de que Necochea se haya convertido en destino de vehículos robados. Pero sí obliga a formular una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que entra y sale de nuestra ciudad estamos efectivamente controlando?
Porque Necochea tiene una particularidad geográfica que no puede ser ignorada cuando se habla de seguridad. Está conectada con importantes ciudades de la región a través de rutas provinciales y caminos vecinales que permiten múltiples alternativas de ingreso y egreso. Y cuando se observa que varios vehículos buscados en Mar del Plata terminan siendo encontrados en nuestro distrito, resulta evidente que la prevención del delito no puede pensarse solamente dentro del ejido urbano.
Las rutas son también parte de la política de seguridad. En ese sentido, los controles que se vienen realizando son una buena noticia. No solamente porque permiten detectar infracciones vinculadas con la documentación o las condiciones de los vehículos, sino porque, como ocurrió en distintos procedimientos, terminan poniendo al descubierto situaciones que de otra manera podrían pasar inadvertidas.
La Ruta 88 ofrece un ejemplo concreto. En apenas quince días, dos inspecciones vehiculares realizadas por efectivos del Destacamento Vial Quequén terminaron con el secuestro de armas de fuego. En uno de los casos se encontró una pistola 9 milímetros, dos cargadores y diez municiones; en el segundo, otra arma junto con municiones. Ambos procedimientos derivaron en actuaciones judiciales.
Es decir, el control funciona. Y justamente por eso debe profundizarse.
No se trata de instalar la idea de que cada persona que circula por la Ruta 88 es sospechosa. Tampoco de convertir los accesos a Necochea en barreras permanentes que dificulten la circulación. Se trata de aprovechar la tecnología, la información y la presencia policial para que las rutas dejen de ser espacios donde quienes cometen delitos puedan desplazarse con relativa facilidad.
Aquí aparece una cuestión que lleva tiempo planteándose: la necesidad de trasladar el Destacamento Vial Quequén hacia el acceso a Arenas Verdes.
La ubicación actual perdió buena parte de su carácter estratégico con la construcción de la Circunvalación. Existen recorridos alternativos que permiten ingresar o salir hacia la Ruta 88 sin pasar por “la vieja caminera”, incluyendo caminos vecinales y el camino costero. Desde el municipio se planteó justamente que una nueva ubicación permitiría cubrir una franja que actualmente presenta distintos puntos de escape. La propuesta no debería ser descartada como una cuestión menor.
Si existen antecedentes de vehículos robados que aparecen en Necochea y si además se detectan armas durante controles sobre la Ruta 88, mejorar la ubicación de los puestos de prevención parece una inversión razonable. Más aún cuando el problema no es exclusivamente necochense.
En 2025, desde el Concejo Deliberante volvió a plantearse el traslado de la sede de Vial Quequén y se señaló que determinados delitos, entre ellos robos de automotores, presentan conexiones con otras ciudades de la región. Incluso se analizó la posibilidad de articular con el municipio de Lobería para afrontar los costos de una eventual nueva dependencia. Y allí está, probablemente, la clave de todo este asunto.
El delito no reconoce límites municipales. La prevención tampoco debería reconocerlos.
Si un vehículo es robado en Mar del Plata y aparece en Necochea, el problema no pertenece exclusivamente a ninguno de los dos distritos. Si una persona utiliza caminos de Lobería para llegar a la Ruta 88, tampoco alcanza con que uno solo de los municipios controle su territorio.
Hace falta información compartida. Hace falta coordinación entre las policías de los distintos distritos. Hace falta que los centros de monitoreo puedan intercambiar rápidamente datos sobre vehículos, patentes y movimientos sospechosos. Hace falta fortalecer los controles sobre las rutas 88, 86, 227, 228 y los accesos secundarios.
Y hace falta, fundamentalmente, que Necochea, Lobería, General Alvarado y Mar del Plata puedan trabajar sobre una misma estrategia regional de prevención.
No es necesario esperar que ocurra un delito grave para entenderlo.
La recuperación de 18 vehículos con pedido de secuestro debería ser suficiente para advertir que existe una circulación que merece ser observada. Y los dos procedimientos que permitieron encontrar armas en la Ruta 88 en sólo quince días demuestran que cuando se controla, se encuentran situaciones que requieren intervención.
Por eso sería injusto cuestionar los operativos que se realizan. Por el contrario: hay que reconocerlos, sostenerlos y multiplicarlos.
Pero también hay que exigir que sean parte de una estrategia más amplia.
La seguridad no puede depender únicamente de que un agente tenga la fortuna de detener determinado vehículo en determinado momento. Necesita planificación, recursos, inteligencia criminal y coordinación.
Y en una ciudad como Necochea, donde las rutas constituyen puertas de entrada y salida hacia buena parte del sudeste bonaerense, esa planificación adquiere todavía mayor importancia.
El traslado de Vial Quequén hacia Arenas Verdes puede ser una pieza de esa estrategia. La articulación con Lobería, otra. El intercambio de información con Mar del Plata, una más.
Porque si los delincuentes aprovechan las rutas y los límites jurisdiccionales para moverse, el Estado debe hacer exactamente lo contrario: coordinarse para que esos límites no se conviertan en zonas grises de la prevención.
Necochea no necesita vivir detrás de una frontera policial. Necesita controles inteligentes, permanentes y coordinados.
Las rutas deben seguir siendo vías de comunicación, producción, turismo y trabajo. Pero también deben ser espacios donde el Estado pueda saber quién circula, detectar irregularidades y actuar antes de que el delito llegue a las calles.
Los controles que ya existen demuestran que el camino es correcto. Ahora falta dar el siguiente paso: que ese esfuerzo deje de ser solamente local y se transforme en una política de seguridad regional.
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