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La decisión del Departamento Ejecutivo de presentar un proyecto de ordenanza para la venta del Casino, que parecía iría “viento en popa” en el Concejo Deliberante, ha pasado a convertirse en un viaje por un mar plagado de tormentas y en el cual encontrar el rumbo final costará más de lo necesario.
Si bien era un tema de agenda para Arturo Rojas y Nueva Necochea, la realidad es que los bloques de la oposición han planteado varias cuestiones que, en otros momentos, hubieran quedado totalmente de lado.
Tal vez, esto tenga más que ver con cómo será la futura conformación del cuerpo legislativo, donde el oficialismo perderá la primera minoría, que con la decisión de vender o no el edificio. Pero más allá de esta cuestión política, la realidad también marca que hay aspecto del proyecto que han generado demasiadas dudas en los bloques opositores.
El aspecto más saliente, en este caso, es sin duda el valor mínimo que ha decidido colocarle el Ejecutivo a un edificio que, sin duda alguna, muestra una imagen espantosa no sólo para los habitantes de Necochea, sino también para quienes nos visitan.
Cuando el intendente Rojas llegó al sillón de Murga, rápidamente su equipo de gobierno comenzó a trabajar en un proyecto para vender el Casino. En aquel momento, hace unos 5 años atrás, el valor base del mismo era de unos 9 millones de dólares. Aquella idea, planteaba varias cuestiones sobre qué se podía hacer y qué no se podía hacer en el lugar. Incluso, establecía que el Teatro Auditórium quedaría en manos municipales.
Este nuevo proyecto, no sólo no contempla esa cuestión (el Teatro Auditórium puede ser subastado en otra oportunidad), sino que el valor base para la subasta fue estipulado en $4.878 millones (unos 3.300.000 dólares, con la cotización oficial del último viernes). Es decir, básicamente su valor cayó a un tercio. Es cierto que el dólar cuando el Concejo aprobó el proyecto de Rojas no llegaba a los 70 pesos y hoy es cercano a los 1.500; pero las cotizaciones en la moneda más fuerte del mundo no suelen desplomarse tanto, ¿verdad?
Por supuesto, aquel interesado en participar de la subasta debe saber que además de adquirir el lugar debe realizar una fuerte inversión en tirar abajo prácticamente toda la estructura y a partir de allí recién podrá comenzar a construir un nuevo y moderno lugar. Pero el proyecto anterior, también planteaba esto.
Los concejales opositores, durante la última semana, no sólo le plantearon al secretario de Legal y Técnica, Ernesto Povilaitis, esta cuestión, sino diferencias en algunos otros puntos del proyecto que elaboró el Ejecutivo.
El “apuro” del gobierno municipal de poder tratar el proyecto esta misma semana, con la Ordenanza Fiscal Impositiva en conjunto, fue tal que el propio Povilaitis hasta participó por un momento de la reunión Parlamentaria con todos los presidentes de los bloques para tratar de convencerlos de su aprobación.
Sin embargo, las negociaciones no lograron avanzar y el abogado debió subir a su despacho del primero piso con las manos vacías y transmitirle al jefe comunal la mala noticia. Así las cosas, la sesión se pasó, en principio, para el próximo martes.
Los puntos del proyecto
Pero si vamos a la letra chica del proyecto que Rojas y compañía le presentó a los concejales, hay varios puntos que llevaron a que la oposición pidiera más tiempo para analizar y resolver, aunque está claro que prácticamente el 95% de los representantes del pueblo necochenses están convencidos de que la venta del histórico edificio es la única salida para quitar ese adefesio del sector turístico por excelencia de la ciudad.
El documento establece que el Complejo Casino de Necochea debe ser dividido en nuevas parcelas: A, B1, B2, B2.1, B2.2 (edificio principal y anexos). Queda excluido, como dijimos anteriormente, la parcela C del Teatro Auditórium.
El inversor puede construir en dichas parcelas un hotel, viviendas multifamiliar, comercios y oficinas, un teatro y cine, estacionamiento, servicios turísticos (no es especifica cuáles) y dejar un lugar para un Casino (obligatorio en la parcela B2 por 20 años). Además, requiere la adecuación completa de redes de agua, cloacas, pluviales y electricidad.
Aquí hay un punto que ha generado cierto ruido entre los ediles. Si bien los más de 3 millones de dólares que plantea la venta del lugar es una suma muy importante, también hay que preguntarse cuánto puede salir un departamento en ese lugar, con esa vista privilegiada, para quien luego quiera habitarlo. Si bien la inversión es alta, queda claro también que las ganancias también serían sumamente elevadas.
Justamente, respecto a la inversión, el artículo 5 del proyecto establece que para atraer inversores se ofrece exención total de tasas e impuestos municipales por 20 años y permisos excepcionales por ser un bien “de difícil realización”.
Quien adquiera el terreno y edificio, deberá abonar el 10% del monto total dentro de 48 horas tras la subasta; y el saldo será financiado según Decreto-Ley 9533/80 hasta en 120 cuotas mensuales (10 años), con la posibilidad de una cancelación anticipada. El comprador deberá pagar la escritura, mensura y subdivisión y los honorarios técnicos.
El texto también aclara que existe un interés por financiación aplicado a cada cuota, con capitalización semestral. Es decir, cada seis meses se calculan los intereses devengados y se suman al capital y la Municipalidad puede rechazar pagos que no incluyan el interés correspondiente.
El proyecto afirma que todo lo recaudado se destinará exclusivamente a obras públicas municipales y servicios esenciales. Sin embargo, los ediles plantearon dudas sobre este punto, ya que no especifica una cuenta afectada a tal fin. Otro tema de discusiones ¿cuánta obra pública se puede financiar con 5.000 millones de pesos? En principio, el número asusta un poco, pero la realidad es que para un municipio que durante el actual año presupuestó gastos por unos 80.000 millones de pesos no pareciera ser una cifra tan elevada. Es poco más del 6% del último Presupuesto aprobado por los concejales.
Aquí fue donde se decidió “levar anclas” y la navegación del proyecto comenzó a desviarse hacia un mar tormentoso, que terminó con la postergación de la sesión y el anuncio de nuevas reuniones en la jornada de mañana.
De esta manera, el Ejecutivo empezó a “navegar cerca del viento”. Es decir, dirigir el barco en la dirección de la que sopla el viento para que llene las velas y lo mueva a un ritmo de mayor velocidad. Sin embargo, cualquier pequeño ajuste hace que el barco se desvíe de la dirección del viento y pierda velocidad rápidamente.
¿Podrá el capitán Rojas enderezar el rumbo? ¿O la tripulación del Concejo logrará modificar algunos aspectos del viaje? Con suerte, el barco podría llegar a buen puerto esta misma semana.
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