El comienzo del año 2025 parece haber sido más que complicado para el transporte público de pasajeros en Necochea. Si el 2024 ya había sido difícil para las empresas que tienen la concesión municipal y para sus trabajadores, la realidad les dio otro cachetazo en la última semana.
El jueves por la mañana, ante la falta de pago de los haberes de diciembre y parte del medio aguinaldo, los trabajadores de ambas empresas (Compañía de Transporte Necochea y Micro Ómnibus Nueva Pompeya) decidieron realizar una medida de fuerza y, por ende, los usuarios de los colectivos se quedaron sin servicio.
La situación continuó durante el viernes por la mañana y parte de la tarde, hasta que tomó intervención la Delegación local del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires y acercó a ambas partes. Sin ninguna posibilidad de acuerdo, la retención de tareas continuó durante todo el fin de semana.
Pero la realidad es que, más allá de este nuevo conflicto, el último tiempo ha mostrado que el servicio necesita, inexorablemente, ir hacia una modificación total en la concesión. Primero, porque los usuarios realmente han padecido todos los conflictos que se han suscitado estos últimos años; y, además, porque tanto las empresas, como los trabajadores, no logran salir de este espiral y ponerle fin a la situación.
Lo ocurrido esta semana, según cuentan sus protagonistas, tuvo que ver con la imposibilidad por parte del gobierno de la Provincia de efectivizar el pago de los subsidios, luego de la polémica salida del ministro Jorge D´Onofrio y la llegada de su reemplazo al frente de la cartera.
De todas formas, de concretarse el pago, el dinero tampoco alcanzaría a cubrir toda la deuda que las empresas poseen con los empleados.
Por supuesto, al tratarse de una concesión municipal, tanto el Departamento Ejecutivo como el Concejo Deliberante, a través de la Comisión de Transporte que preside Julián Kristiansen (Unión por la Patria-PJ), tienen una cuota parte de responsabilidad en lo que hoy sucede con el servicio urbano público de pasajeros.
Justamente, dese dicha comisión, en 2024 los concejales de La Libertad Avanza y el oficialismo promovieron y aprobaron un proyecto declarando la emergencia del sector, en marzo pasado. El objetivo fue que las empresas pudieran fijar, de forma unilateral, el precio del boleto plano y, así, poder hacer frente a sus gastos.
Esto disparó el precio del pasaje y generó malestar en los usuarios, que habitualmente son quienes terminan siendo los mayores perjudicados con estas decisiones. En agosto, justamente Unión por la Patria intentó derogar dicha emergencia, pero no obtuvo los apoyos políticos suficientes en el cuerpo deliberativo y nada cambió.
Pasado el plazo de la emergencia, el Concejo Deliberante y el Ejecutivo acordaron un nuevo esquema para definir el valor del boleto plano que, según todos los protagonistas de la historia, es el mayor inconveniente que presenta el sector. Así las cosas, se dictaminó que el valor del boleto pasaría a actualizarse de forma automática, cada dos meses, con una fórmula polinómica.
Si bien el proyecto tuvo su demora porque algunos concejales no estaban convencidos de la misma y hasta se volvió a convocar a la Unicen Quequén para que colabore en su elaboración, la mayoría optó por esta idea salomónica y la idea fue aprobada.
La fórmula presentada no parecía, en principio, darle una solución al sistema. Nadie pudo explicar bien el porqué de cada rubro elegido a tal fin, ni siquiera quien lo presentó, Bartolomé Zubillaga (Nueva Necochea). De todas formas, con el aval del Concejo, esa fórmula ya tuvo su primera actualización y el precio del pasaje está en 1.090 pesos y a la espera de su segunda modificación automática.
El 2024 empezó con el valor del boleto en 295 pesos. Es decir, durante 12 meses, el pasaje tuvo un incremento para los usuarios de casi un 370 por ciento, pero aún así las empresas aseguran que no les alcanza para poder sostener el servicio.
Sin dudas, esto marca a las claras que la cuestión no es sólo cuánto debe valer el pasaje o qué cantidad de usuarios utilizan los micros “verdes y azules”, tal como los conocemos popularmente.
Como ya lo hemos marcado, toda la concesión debe ser revisada. Los lugares por donde pasa cada colectivo, los horarios y hasta qué automotores serían loa apropiados para cada recorrido o acaso nadie pensó que, tal vez, hay momentos del día donde con un colectivo más chico y que genere menos gasto se podría completar algún trayecto.
La segunda pregunta que surge es un poco más difícil de responder y, a la vez, más polémica: ¿Necochea tiene que contar con un servicio público de pasajeros? Las tres partes interesadas (Departamento Ejecutivo, Concejo Deliberante y trabajadores) deberían ser quienes den estas respuestas.
Mientras tanto, el mundo sigue girando al mismo ritmo, como lo hace el hámster en su rueda…
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