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La visita del gobernador Axel Kicillof a Quequén dejó mucho más que un anuncio de infraestructura. Fue, en términos políticos, un acto cuidadosamente construido: fuerte en contenido de gestión, contundente en la crítica al escenario económico nacional y deliberadamente prudente -por no decir silencioso- en relación a la interna del peronismo local y la renovación del PJ en el distrito.
El eje formal del encuentro fue la confirmación de la obra de repotenciación de la estación transformadora de Quequén, una infraestructura largamente reclamada por el sector productivo y portuario. Allí, Kicillof afirmó que “hoy la gente no la está pasando bien”, en clara alusión al contexto económico nacional, y vinculó esa situación con la necesidad de sostener la obra pública como herramienta de desarrollo. El mensaje fue directo: frente al ajuste nacional, la Provincia apuesta a la inversión.
La repotenciación energética fue presentada como una obra estructural, no coyuntural. No se trató simplemente de mejorar el servicio eléctrico, sino de eliminar una restricción histórica al crecimiento del puerto y de la región. En términos políticos, el gobernador eligió mostrar gestión concreta, planificación y financiamiento asegurado, en contraposición a lo que describió como un escenario de retracción económica a nivel nacional.
En ese marco, el intendente Arturo Rojas adoptó un tono institucional y de cooperación. Rojas destacó el trabajo articulado con la Provincia y puso el foco en la importancia de la obra para el desarrollo productivo local. El jefe comunal, que ha sabido mantener una identidad política propia dentro del tablero local, evitó cualquier lectura partidaria y se alineó con el discurso de gestión, subrayando la necesidad de sostener proyectos estratégicos en un contexto complejo.
No es algo nuevo lo del jefe comunal “vecinalista”. En varias oportunidades ha coqueteado con su acercamiento hacia el gobernador. A modo de ejemplo, la firma de un documento en apoyo a Kicillof hace poco más de un año le sirvió de excusa a tres ediles (Guillermo Sánchez, Bartolomé Zubillaga y Bernardo Amilcar) para que abandonaran el bloque oficialista y, desde entonces, Nueva Necochea quedara algo diezmado en el Concejo Deliberante.
La realidad es que más allá de estos coqueteos, que muchos aseguran por abajo que tiene más que ver con la relación de Rojas con Carlos Bianco (ministro de Gobierno bonaerense), hasta ahora nunca ha habido una estrategia política seria y conjunta. Siempre la relación ha sido institucional y, por suerte, eso nunca ha interferido en las inversiones que la Provincia ha hecho en Necochea. Este último anuncio lo deja más que claro.
Pero, regresando al acto en Quequén, sí hubo algo que llamó la atención en los corrillos políticos fue lo que no se dijo. En una ciudad donde la renovación del Partido Justicialista fue tema de debate interno, con tensiones, expectativas y movimientos subterráneos, Kicillof optó por no hacer ninguna referencia a la cuestión partidaria. No hubo guiños, ni respaldos explícitos, ni posicionamientos sobre liderazgos locales. El gobernador habló como jefe del Ejecutivo provincial, no como conductor político de un espacio.
Esa omisión no es menor. En política, el silencio también comunica. La decisión de mantener el acto en clave institucional puede leerse como una estrategia para evitar quedar atrapado en disputas locales, preservar equilibrios y sostener una posición de articulación amplia. En un distrito donde el peronismo atraviesa un proceso de reconfiguración interna, cualquier definición pública del gobernador podría inclinar la balanza o generar tensiones adicionales.
Otro dato no menor, es que no hubo representantes de la Usina Popular Cooperativa “Sebastián de María”, ni del Sindicato de Luz y Fuerzas. Si bien el tema anunciado era de su incumbencia, obviamente, parece que la interna partidaria caló hondo en ambas instituciones, que fueron dejadas de lado a la hora de la “lista de unidad” que se terminó conformando.
Como es habitual, una vez que Kicillof emprendió el viaje de regreso a La Plata, todos los concejales y dirigentes peronistas comenzaron a hacer estallar sus redes sociales con fotos, videos, risas y cualquier otra cuestión que mostrara un acercamiento directo con el gobernador.
Si bien algunos pueden creer que esto los nombra como “embajadores de Kicillof en Necochea”, la realidad es que queda claro que, al menos por ahora, el mandatario bonaerense muestra la misma predisposición hacia una foto o un contacto con un dirigente, un concejal o cualquier militante que se acerca con la buena predisposición de saludarlo y apoyar su gestión.
Al mismo tiempo, la visita reafirmó una línea discursiva clara: la Provincia se presenta como un Estado activo, con obras en marcha y presencia territorial. La frase “no es el Estado o el privado, son los dos” sintetiza esa visión. Kicillof buscó instalar la idea de complementariedad entre inversión pública y desarrollo privado, en especial en una ciudad portuaria donde la infraestructura energética es condición básica para atraer empresas.
El resultado fue un acto con doble lectura. En la superficie, anuncios concretos, cifras millonarias y promesas de crecimiento. En el plano político, una fotografía institucional entre Provincia y Municipio y un silencio estratégico sobre la interna del PJ local.
En tiempos donde cada gesto es interpretado, la visita de Kicillof a Quequén dejó en claro que el gobernador eligió hablar de obras y economía, y no de nombres propios ni estructuras partidarias. Y en esa elección, probablemente, radique el mensaje más significativo de la jornada.
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