Tío Raúl trabajaba en la boletería de Costera Criolla, en las oficinas que tenían, antes de trasladarse a la nueva Terminal de Ómnibus, en Necochea. Decía que en invierno se aburrían, pues, según él, entonces no había mucha gente que viajara.
Buscando algo entretenido para hacer y pasar esa largas horas de frío, notaron que el vecino, a quien no le tenían mucha simpatía, porque siempre se quejaba por los ruidos de los colectivos, salía siempre a la misma hora a barrer la vereda. ¡Eureka!, dijo tío Raúl, ya sé qué vamos a hacer. Consiguieron el teléfono de García; así se apellidaba su vecino.
Cuando García salía con la escoba a barrer la vereda, tío Raúl y sus compañeros, esperaban un rato hasta que llegue a la esquina y lo llamaban por teléfono. Al oír el timbrazo, García dejaba apoyada la escoba en el árbol y caminaba apresurado a contestar el teléfono.
Cuando escuchaban que García decía: Hola…Ellos cortaban y salían corriendo hasta la vidriera, para ver la cara de García. Así lo tuvieron varios meses.
García, algunos días, miraba la ventana de enfrente a fin de encontrar a los bromistas y también como una forma de hacerles saber que él sabía quiénes eran los que se burlaban. Tío Raúl y sus amigos, lo miraban a través de la ventana, muertos de risa.
Una tarde de mucho frío, llegó una persona abrigada con un sobretodo gris, guantes de lana, y un gorro de cuero con piel de cordero. Tenía la cara tapada con una larga bufanda gris. Pidió un taxi para ir hasta el centro de la ciudad.
Tío Raúl llamó enseguida a uno de sus amigos taxista, cómplice de sus bromas, quien le daba una pequeña comisión por los viajes que le conseguía. Así fue que el auto de alquiler arrancó llevando a este personaje, pero cuando ya habían recorrido unas diez cuadras, el hombre del sobretodo gris, hizo volver al chofer, aduciendo que se había olvidado sus documentos en la boletería.
El vehículo paró en una calle transversal y el pasajero- misterioso hombre del sobretodo gris- desapareció entre las sombras, presurosamente.
Según me contó tío Raúl - algunos años después- el taxista llegó furioso a la oficina, preguntando por el pasajero, que lo había hecho esperar más de una hora y no había vuelto. Nadie lo había visto por allí. Entonces, nadie supo qué había sucedido con aquel hombre de sobretodo gris, que había partido en el taxi. Misterio total.
Pasaron varios días, y tío Raúl seguía intrigado sobre el destino de aquel pasajero de sobretodo gris. No salía de su asombró. Hasta que una mañana, vio a García barriendo en la vereda, enfundando un sobretodo gris, muy parecido al que vestía aquel pasajero extraviado.
Tío Raúl, me contó que largó tal carcajada, corriendo la cortina de la ventana que daba a la casa de García, y hasta le pareció que éste le había regalado una sonrisa.
García había dejado la escoba apoyada en el árbol, pero no estaba allí. Sonó el teléfono de la oficina y enseguida atendió tío Raúl. “Hola, Compañía Costera Criolla”, dijo. Del otro lado del teléfono se escuchaba una risa burlona y enseguida se cortó la comunicación.
Tío Raúl estaba confundido. “Qué pasó, no entiendo”, les comentaba a sus amigos. A los diez minutos, sonó nuevamente el teléfono. Esta vez no se escucharon risas. Silencio absoluto.
Tío Raúl y sus amigos cortaron la llamada y enseguida salieron corriendo a asomarse a la ventana, para comprobar si García seguía barriendo la vereda. No lo encontraron. Sólo pudieron observar la escoba apoyada en el árbol y un sobretodo gris colgado en el palo.
A García nunca más lo vieron en el barrio.
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Sobre el autor:

Daniel Mariscal es Ingeniero Agrónomo, por la Universidad Nacional de La Plata. Hizo su primera incursión en el periodismo, en 1980, en el diario El Atlántico, de Mar del Plata. Luego colaboró en el Diario El Día, de La Plata y el diario Clarín.
Ha publicado varios libros de poesía, entre ellos: Hilos de lluvia, Un viento desolado, Lunas suburbanas, Océano interior, Voces naturales, Es el tiempo que vence, El contorno de tus labios y Peces sin aire.
También, ha publicado dos novelas: La Bahía de los Vientos y "Al final del mapa"; y un libro de Cuentos: Pensar en mañana.
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