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Hay una vieja frase peronista que habla de la unidad como condición indispensable para cualquier proyecto político. En Necochea, sin embargo, esa unidad parece existir más en los documentos que en los hechos.
El Partido Justicialista tiene autoridades. Marcelo Rivero fue confirmado como presidente después de un acuerdo entre los sectores de Axel Kicillof y Máximo Kirchner. Andrea Cáceres, a su vez, fue incorporada a la conducción provincial del PJ como consejera por la Quinta Sección. Formalmente, entonces, el peronismo tiene una estructura partidaria ordenada.
Pero cuando se mira un poco más allá de la sede partidaria de calle 61, el mapa aparece bastante más fragmentado.
Está el PJ de Rivero. Está Renacer Peronista, con Cáceres como una de sus principales referentes locales. Está el Movimiento Evita, que en algún momento supo tener una fuerte estructura territorial (prácticamente nula hoy, tras el retiro de planes sociales del gobierno nacional). Está el Frente Renovador, con Jimena López como una de sus figuras centrales. Y está el Movimiento Derecho al Futuro, la corriente que conduce Kicillof.
Todos forman parte de un universo político que comparte buena parte de su identidad histórica. Pero no necesariamente la misma hoja de ruta.
La contradicción se vuelve especialmente evidente cuando el debate llega al Concejo Deliberante. Allí existen dos bancadas que se identifican con Fuerza Patria: por un lado, Marcelo Rivero y Silvia Blanco; por otro, Julián Kristiansen y Evangelina Almada, vinculados al Movimiento Derecho al Futuro. Y no siempre votan de la misma manera.
El caso de los “trapitos” fue la última postal. La iniciativa impulsada originalmente por La Libertad Avanza terminó aprobándose con una mayoría que incluyó a Fuerza Patria, pero no a toda Fuerza Patria. Rivero y Blanco acompañaron el proyecto, mientras que el otro sector votó en contra junto con Nueva Necochea y otras bancadas.
La diferencia no fue solamente una cuestión de procedimiento. Rivero había planteado meses atrás una alternativa de registración y regulación de la actividad, con controles y requisitos. El sector del MDF, en cambio, terminó rechazando la ordenanza aprobada y, a través de Andrea Cáceres, cuestionó públicamente que una iniciativa nacida en La Libertad Avanza encontrara respaldo en dirigentes vinculados al justicialismo.
Cáceres fue contundente al sostener que “el peronismo tiene que incluir, no poner a la gente afuera” y que el contexto social obligaba a pensar respuestas antes que restricciones. Pero lo más significativo de su planteo fue otro aspecto: sostuvo que la discusión no debía interpretarse como una interna, sino como una defensa de las banderas históricas del peronismo.
Y allí aparece precisamente el problema.
Cuando una dirigente necesita aclarar que una diferencia con otros dirigentes de su propio espacio “no tiene que ver con internas”, probablemente es porque la interna ya forma parte de la discusión política.
No se trata solamente de los “trapitos”. El transporte público volvió a mostrar la misma fotografía. En la votación por la emergencia del servicio, Rivero y Blanco acompañaron la iniciativa, mientras que Kristiansen y Almada votaron en contra. El resultado fue 10 a 9. Dos bancadas que comparten espacio político terminaron nuevamente ubicadas en lados diferentes del recinto.
Entonces aparece la pregunta inevitable: ¿cuántos peronismos hay hoy en Necochea? Quizás sean demasiados para una estructura que necesita presentar una propuesta común hacia 2027.
Porque no sólo existen diferencias entre Rivero, Cáceres, el Movimiento Evita, el Frente Renovador y el MDF. También existen cuestionamientos cruzados sobre quién representa realmente al peronismo, quién conduce, quién tiene derecho a definir las candidaturas y quién debería ocupar los lugares de representación institucional.
La historia reciente ofrece algunos ejemplos de esa tensión. En una reunión partidaria de la Quinta Sección, Rivero cuestionó en su momento la designación de Jimena López al frente de Puerto Quequén, mientras Cáceres respondió duramente y lo acusó de cerrar las puertas del PJ a otros sectores kirchneristas. Aquella escena expuso públicamente una disputa que ya estaba instalada desde hacía tiempo.
Y el puerto vuelve ahora a poner una pieza sobre el tablero. Ernesto Povilaitis, exsecretario de Legal y Técnica de Arturo Rojas, fue designado por el gobernador Axel Kicillof como presidente del Consorcio de Gestión de Puerto Quequén. La designación quedó formalizada mediante el Decreto 1865/2026 y el nuevo titular asumió la representación de la Provincia en el Directorio.
La particularidad política no pasa inadvertida. El abogado llega al organismo desde una experiencia directa en la administración de Rojas, mientras la designación corresponde a un gobierno provincial que, al menos en el discurso partidario, mantiene fuertes diferencias con el oficialismo municipal.
La política, una vez más, demuestra que las fronteras partidarias no siempre coinciden con las fronteras de la gestión. Y esto también debería ser observado por el peronismo local.
Porque mientras los distintos sectores se disputan espacios, nombres y lugares, otros dirigentes construyen relaciones institucionales que atraviesan esas fronteras. Rojas, incluso, participó recientemente de un acto de Kicillof en Avellaneda y se ubicó en el palco junto a funcionarios centrales del gobierno provincial.
Nada de esto significa que hayan desaparecido las diferencias ideológicas o partidarias. Significa, simplemente, que la política real suele ser bastante más compleja que las etiquetas.
El problema del peronismo de Necochea es que todavía no parece haber encontrado la manera de transformar esa diversidad en una síntesis. Y diversidad no es necesariamente división.
Un espacio político puede contener distintas corrientes, distintas miradas y hasta dirigentes con aspiraciones diferentes. El problema aparece cuando esas diferencias dejan de ser parte de una discusión interna y comienzan a convertirse en comportamientos políticos incompatibles.
Ahí es donde el electorado empieza a recibir mensajes contradictorios.
Un concejal peronista vota una cosa. Otro, otra. Una dirigente cuestiona públicamente a los propios. Otro sector responde. El PJ proclama unidad mientras las estructuras continúan funcionando por separado.
Y afuera del recinto, los militantes observan. Muchos de ellos siguen identificándose con el peronismo, con sus banderas históricas y con una oposición al gobierno de Javier Milei. Pero también reciben un interrogante cada vez más difícil de responder: ¿quién conduce?
La pregunta adquiere mayor dimensión cuando desde el propio espacio de Kicillof se reclama unidad para 2027. Carlos Bianco, por ejemplo, sostuvo que quien plantea que el campo popular debe ir dividido “quiere perder” y defendió la necesidad de construir una candidatura única.
La discusión nacional y provincial puede pedir unidad. Pero en Necochea esa unidad todavía tiene que demostrarse en el territorio. Porque una cosa es compartir una boleta. Otra, bastante diferente, es compartir un proyecto.
El peronismo necochense llega a esta etapa con demasiadas referencias, demasiados espacios y demasiadas discusiones pendientes. Rivero, Cáceres, el Evita, el Frente Renovador, el MDF y otras expresiones conviven dentro de un mismo universo electoral, pero todavía no queda claro qué los une más allá de su pertenencia histórica o de la necesidad de enfrentar a otros espacios.
Y el calendario no espera. Falta aproximadamente un año para volver a votar intendente y concejales en Necochea. Las reglas todavía tienen interrogantes, pero la discusión política ya comenzó.
Por eso el desafío no será solamente resolver quién encabeza una lista. Será bastante más profundo. Habrá que decidir si todos esos pedazos pueden volver a formar una misma figura.
Porque hoy el peronismo local parece eso: una identidad común despedazada por mil partes, donde cada sector conserva una porción de la historia, una estructura, un dirigente y una verdad propia.
La pregunta es si esas partes pueden volver a reconocerse como integrantes de un mismo proyecto. O si, cuando llegue 2027, cada una terminará convencida de que puede caminar sola.
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