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Hay decisiones que, por su dimensión, exceden el trámite administrativo que las origina. La futura subasta del Teatro Auditórium del Complejo Casino es una de ellas. No se trata solamente de poner a la venta una parcela municipal ni de completar un procedimiento previsto en una ordenanza. Se trata, fundamentalmente, de avanzar sobre uno de los capítulos más complejos de la historia reciente de Necochea: qué hacer con un espacio emblemático que durante décadas fue perdiendo brillo hasta convertirse en una postal del abandono.
La Municipalidad acaba de dar un nuevo paso en ese camino. Después de la subasta de las principales parcelas del Complejo Casino, que permitió adjudicar los sectores A, B1, B2, B2.1 y B2.2 por $4.878 millones, ahora puso en marcha la segunda etapa, correspondiente a la Parcela C, donde se encuentra el Teatro Auditórium.
El procedimiento tiene, además, una particularidad que merece ser destacada: el inmueble mantiene su destino urbanístico como teatro. Es decir, la venta no implica modificar ese uso ni los indicadores vigentes. El Banco de la Provincia de Buenos Aires realizó la tasación oficial y estableció un valor estimado de $575,7 millones, mientras que el precio base para la subasta quedó fijado en $383.819.190. Esa cifra no será necesariamente el valor final, ya que dependerá de las ofertas que se presenten.
Allí aparece uno de los aspectos más interesantes del proceso. La discusión sobre el Casino durante muchos años estuvo atrapada entre dos posiciones aparentemente irreconciliables: conservarlo tal como estaba, aun cuando el deterioro hiciera cada vez más difícil esa alternativa, o permitir una transformación que posibilitara su recuperación. Lo concreto es que durante demasiado tiempo no ocurrió ni una cosa ni la otra.
Ahora, al menos, existe un proceso en marcha. Y eso no es un dato menor.
La decisión municipal de avanzar con la venta de las parcelas no debería analizarse solamente desde la lógica de una operación inmobiliaria. Debe observarse desde una perspectiva más amplia: qué hace una ciudad con un patrimonio que ya no puede sostener en las condiciones en las que se encuentra. En el caso del Auditórium, además, existe un componente cultural que obliga a mirar la operación con especial atención.
El edificio tiene historia. Como señaló el propio martillero sorteado, Sergio Gertie, se trata de un inmueble que forma parte de la historia de Necochea. Pero justamente por eso la mejor manera de preservar esa historia quizá no sea mantenerla congelada en el abandono, sino conseguir que vuelva a tener vida.
El municipio y el Colegio de Martilleros eligieron repetir para esta segunda subasta el mecanismo utilizado anteriormente: convocatoria de profesionales, inscripción, asignación de números y sorteo público ante escribano. La presidenta del Colegio, Romina Casal, destacó precisamente la intención de mantener los mismos criterios de transparencia empleados en la primera etapa.
Y entonces apareció nuevamente la curiosidad del número. La bolilla 10 volvió a ser protagonista.
En enero, cuando se sorteó el martillero que tendría a su cargo la subasta de las parcelas principales del Casino, también había salido la número 10, favoreciendo a Mariana Ortega. Esta vez, entre 21 profesionales inscriptos, la misma bolilla volvió a aparecer primero y determinó que Sergio Marcelo Gertie será el martillero titular, mientras que Samanta Lucía Rumi quedó como suplente.
En cualquier otro ámbito podría ser apenas una coincidencia. Pero cuesta no encontrarle una pequeña cuota de poesía a que la 10 vuelva a salir justo ahora.
Sobre todo porque el fútbol argentino acaba de despedir a uno de los hombres que convirtió ese número en una parte de nuestra identidad. Lionel Messi anunció el retiro de la Selección Argentina después de más de dos décadas con la camiseta albiceleste. Antes que él, Diego Maradona había hecho de la 10 una marca universal. Dos épocas distintas, dos estilos diferentes, una misma camiseta y un número que terminó siendo mucho más que un número.
Quizás sea solamente una casualidad. Seguramente lo sea. Pero las ciudades, como las personas, también construyen sus historias a partir de esas pequeñas coincidencias que quedan flotando en el tiempo.
La verdadera historia, sin embargo, no estará en la bolilla que salió del bolillero. Estará en lo que ocurra después.
Porque vender el Auditórium no significa, por sí mismo, recuperarlo. El verdadero desafío comenzará cuando exista un nuevo propietario y haya que transformar una parcela deteriorada en un espacio capaz de recuperar su función, generar actividad y devolverle al sector del Casino una parte del movimiento que alguna vez tuvo.
En ese sentido, las señales que surgen de la primera etapa permiten cierto grado de expectativa. El Municipio ya entregó la tenencia de los inmuebles adjudicados a A Toda Vela Mar S.A., que pagó $4.878 millones por las parcelas subastadas, y Arturo Rojas señaló que los adquirentes estarían trabajando en proyectos técnicos que incluyen una nueva sala de juegos y la refuncionalización de sectores existentes, además de posibles propuestas gastronómicas y hoteleras.
Es decir que, por primera vez en mucho tiempo, el debate empieza a desplazarse desde el abandono hacia los proyectos. Y ese cambio de escenario es posiblemente el principal mérito de la decisión.
Necochea no puede seguir administrando sus grandes espacios urbanos desde la nostalgia. La nostalgia sirve para recordar lo que fuimos, pero no alcanza para construir lo que queremos ser. El Casino fue una postal, un lugar de encuentro, un atractivo turístico y cultural. Pero durante años también fue un edificio deteriorado, con incendios, clausuras y proyectos que no lograron concretarse.
La ciudad necesita dejar de discutir exclusivamente lo que perdió para empezar a pensar qué puede recuperar.
La subasta del Auditórium representa, en ese sentido, una segunda oportunidad dentro de una transformación mayor. No garantiza el éxito, pero abre una puerta. Y cuando una ciudad consigue que un espacio abandonado vuelva a ser objeto de inversión, proyectos, trabajo y actividad, ya está modificando su relación con ese lugar.
El intendente Rojas habló de “cerrar un ciclo y empezar a pensar en una recuperación de lo que fue un emblema, un portal de nuestro distrito”. Tal vez esa sea la mejor manera de entender lo que está ocurriendo.
Cerrar un ciclo no significa borrar la historia del Casino. Significa impedir que su historia termine en el abandono.
Y mientras la bolilla 10 vuelve a salir, como si quisiera dejar una última señal en el camino, queda planteado el verdadero desafío: que esta vez el número no sea solamente una coincidencia, sino el comienzo de una nueva etapa para un lugar que durante demasiado tiempo esperó que alguien volviera a ponerlo en juego.
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