Violencia intrafamiliar: “Cada caso tiene que ser tratado con la mayor delicadeza”
La ex jueza de menores María Angélica Bernard analizó el abordaje de estas situaciones y destacó el rol del servicio local de protección de las infancias
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María Angélica Bernard, ex jueza de menores del Departamento Judicial de Necochea, conversó con el equipo de “Desde temprano”, en Ecos Radio, a raíz del debate que generó el caso de los hijos de Romina Yan y Darío Giordano, en el que trascendieron presuntas situaciones de violencia intrafamiliar.
Bernard advirtió sobre la complejidad de estos casos y la necesidad de abordarlos con cuidado. “Cada caso tiene que ser tratado con la mayor delicadeza. En estos temas no se pueden aplicar reglas generales, porque lo que puede ser violencia para vos, puede no ser violencia para mí”, señaló.
En ese sentido, sostuvo que también es necesario considerar el contexto y las particularidades de cada situación antes de intervenir, especialmente cuando los hechos adquieren repercusión pública.
El rol de la escuela y los profesionales
La ex magistrada explicó que la violencia puede manifestarse tanto física como psicológicamente y destacó el papel de las instituciones educativas para detectar situaciones que atraviesan los menores. “La escuela es un espacio riquísimo en donde los chicos pueden volcar las tragedias o los dolores internos que viven en sus casas”, afirmó.
También explicó que quienes ejercen violencia pueden haber aprendido a vincularse de esa manera a partir de experiencias previas, aunque advirtió que no es posible generalizar.
Respecto de la intervención de los psicólogos, sostuvo que, si bien su finalidad es la de cuidar la integridad de los pacientes, “pueden llegar hasta un determinado punto, porque después están amparados por el secreto profesional y por su estrategia de tratamiento”. En este sentido, urgió a trabajar en conjunto con personas especializadas en un “tratamiento integral de la cuestión”.
La importancia del servicio local
Bernard recordó que, tras las modificaciones del sistema de protección de las infancias, las funciones que antes desempeñaban los juzgados de menores pasaron a distribuirse entre los juzgados de familia y los organismos municipales competentes.
En ese marco, destacó la necesidad de que las escuelas articulen con el servicio local de promoción y protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes, que puede coordinar los recursos necesarios para abordar cada situación.
“Lo ideal es que la escuela inmediatamente articule con ese servicio local y, a partir de ahí, se pueda armar una táctica, una estrategia que posibilite ayudar al pibe a salir del circuito violento”, sostuvo.
Además, advirtió sobre las consecuencias que pueden tener las intervenciones cuando no se evalúa adecuadamente el contexto. Bernard señaló que conoce situaciones en las que, a partir de denuncias poco claras, se restringió el contacto entre padres e hijos y se generaron conflictos aún mayores.
La exposición pública
Al referirse específicamente a la situación de los hijos de Romina Yan, planteó interrogantes sobre la posible exposición de la hija a los episodios que atravesaban sus hermanos, incluso si no era destinataria directa de las agresiones. “¿Saber qué les pasaba a sus hermanos no es violencia?”, problematizó.
Sobre el cierre, sintetizó: “Es un caso triste, crítico y la mediatización no deja de asustarme. Es algo que no haría jamás trabajando en una situación de violencia. Es un aspecto que evitaría, salvo que realmente sea la posibilidad que los chicos tengan de ‘sacarse las mochilas de encima’”.
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