Validación de la transgresión y la violencia
Rubén del Muro, trabajador social, ahondó en las raíces de la conducta de muchos jóvenes y adolescentes, que suelen derivar en episodios violentos
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A Bautista Coronel lo mató un adolescente como él, del que había sido amigo. En una pelea callejera acordada, que se concretó en la vía pública, ante otros jóvenes que, lejos de intentar persuadirlos para que depusieran su actitud violenta, los alentaban para que continuaran peleando cuerpo a cuerpo. Inclusive uno de ellos, cuando al victimario se le cayó un cuchillo, se lo acercó para que pudiera utilizarlo. Cosa que hizo, finalmente.
Esto ocurrió en la Avenida 2, frente al Complejo Casino, en la zona balnearia de Necochea, en plena vía pública, a principios de este mes. Hoy Bautista está muerto, su agresor detenido en una unidad penal de Batán y otros jóvenes están imputados. Todos son menores de 18 años.
Rubén del Muro, trabajador social de vasta experiencia, autor de varios libros, sostiene que violentos episodios como éste, protagonizados por adolescentes, de alguna manera, interpelan a la sociedad en su conjunto, acerca de las razones por las cuales se llega a estos desenlaces trágicos.
El profesional pone énfasis en el hecho de que hoy se valida la transgresión en las conductas y se pregunta qué herramientas se le da a los jóvenes para evitar que lleguen a situaciones límites, como este homicidio cometido frente al Casino.
“Si no hay valores socialmente aceptados, transmitidos y respetados, Si vemos que nuestros referentes institucionales y políticos incurren en transgresiones, surge la pregunta. ¿cuál es el límite? En este caso, nadie pensó en el desenlace que tuvo. Pero éste se produjo”, comentó al ser entrevistado para “El Ciudadano”, en los estudios del Centro Cultural Necochea/Biblioteca Popular “Andrés Ferreyra”.
“Recientemente tuvimos en Necochea dos congresos muy importantes, a nivel provincial, uno de responsabilidad penal juvenil y otro de familia , en los que se planteó esto de preguntarnos qué herramientas estamos teniendo los padres, las madres, los cuidadores, para orientar o acompañar los procesos de nuestros hijos”, añadió el profesional.
Del Muro pone énfasis en la carencia de políticas integrales para tratar de revertir esta realidad social, subrayando la necesidad de promover “un proyecto de sociedad que se fortalezca en esta cuestión de los valores”, insistiendo en que “debe ser algo integral, que incluya educación, trabajo, moral, cumplimiento de las normas y el respeto por el otro”
Lamenta el trabajador social que, contrariamente a esa necesidad, actualmente priman en la sociedad otras tendencias, entre ellas una transgresión de las normas que no encuentra límites, así como la carencia de valores.
¿Por dónde comenzar para revertir esto? Del Muro considera que “en principio, brindándoles herramientas a nuestros pibes para que puedan sostener un proyecto de vida, que los contenga y les permita progresar”. Para ello, cree que debe ponerse la lupa en “la educación, el trabajo y la responsabilidad”.
JOVENES DETENIDOS
Con el paso del tiempo, las estadísticas siguen reflejando estadísticas similares en lo concerniente a los jóvenes que llegan a ser detenidos.
“De la población de menores de edad que se hallan privados de libertad, en el 85% de los casos lo están por haber cometido delitos contra la propiedad privada. En uno de los encuentros realizados recientemente en Necochea, uno de los panelistas abrió el debate preguntando si el encierro es necesario. Y planteó: ¿el encierro para qué?”.
Del Muro piensa que “debemos pensar para qué encerramos a nuestros pibes”, aludiendo a los jóvenes que son alojados en cárceles por cometer delitos. Admite la necesidad de ponerle un límite a sus conductas. Pero evalúa que “ese límite no puede ser sólo pensado en términos de encierro”, al tiempo que se interroga sobre “¿qué herramientas se les da a un pibe que está privado de su libertad durante varios años?” para que, una vez recuperada su libertad, pueda insertarse en la sociedad
En tal sentido, reconoció que han surgido herramientas e iniciativas para que, dentro de una unidad carcelaria, los jóvenes accedan a conocimientos y prácticas con el fin de adquirir un oficio. Incluso aludió a una proyecto instrumentado oportunamente con el Sindicato de Panaderos, desde el Penal de Batán, pero lamenta que habitualmente esta iniciativas quedan truncas, por personalismos de funcionarios. “El director de turno diseña un proyecto institucional y cuando éste se va, el sucesor borra todo y se empieza otra vez de cero. Esa es una de las grandes falencias que tenemos”, recalcó.,
También pone la mira en otra cuestión. “Se habla de educar, de adquirir un oficio, pero después la misma sociedad no le da posibilidades de ser incluido en el mercado formal de trabajo, de modo que se siguen construyendo frustraciones”, sostuvo.
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