Una vida dedicada al arte y movimiento
Lila García repasó su camino desde la danza clásica hasta el pilates, y destacó el valor transformador que tiene el movimiento en la vida.
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En una nueva edición de la sección “Mujeres que inspiran”, que conduce Micky Smith en Desde Temprano, por FM 97.9 Ecos Radio, Lila García repasó su extensa trayectoria vinculada al arte, la docencia y el movimiento corporal, en un emotivo recorrido que comenzó en su infancia con la danza clásica y que hoy la encuentra plenamente enfocada en una nueva pasión: el pilates.
Reconocida como una de las grandes referentes de la formación artística en Necochea, Lila recordó que su vínculo con la danza nació desde muy pequeña, cuando apenas tenía tres años y vivía en Benito Juárez. Allí, impulsada por la música clásica que disfrutaba junto a su padre, comenzó a descubrir una sensibilidad especial hacia el movimiento.
“Escuchaba algo que me movilizaba a moverme y a bailar”, recordó durante la entrevista.
Poco tiempo después, con la llegada de su familia a Necochea, su destino artístico tomaría una forma definitiva. Con apenas seis años, ingresó a la recién fundada Escuela Municipal de Danzas Clásicas institución en la que se formó integralmente y que marcaría el resto de su vida.
“Era una escuela con todas las de la ley. No se limitaba a entrar al salón y hacer ballet, sino que teníamos francés, historia de la danza, anatomía, música, entre otras materias”, destacó.
Durante su formación tuvo la oportunidad de aprender con destacados maestros provenientes del Teatro Colón, una experiencia que, aseguró, le dejó una impronta imborrable.
“Tengo la bendición de haber aprendido con toda esa gente y siempre traté de hacerles ver a mis alumnas que lo aprovechen como algo realmente valioso”, expresó.
Con el paso de los años, Lila García se convirtió en una de las docentes más emblemáticas de la ciudad dentro de la disciplina, formando a generaciones enteras de alumnas que hoy la siguen reconociendo como una referencia ineludible en el ámbito del ballet clásico.
“Siempre sentí que ser maestra es una gran responsabilidad. A veces una no alcanza a tener conciencia de cuán importante puede llegar a ser la impronta en las personas”, reflexionó.
Tras jubilarse de la enseñanza formal en la Escuela Municipal, una enfermedad la obligó a detener su rutina y atravesar un proceso de reinventarse personalmente. Fue en ese contexto donde encontró una nueva vocación en el pilates, disciplina a la que llegó inicialmente por una dolencia física, pero que terminó transformándose en su presente profesional.
“Mi última reinvención fue después de una enfermedad que me tuvo mucho tiempo alejada de todo. Ahí sentí que fui bendecida por una segunda oportunidad porque puedo seguir moviéndome y enseñando”, relató.
Hoy, completamente abocada a esta actividad, lleva más de un año y medio dictando clases y asegura estar profundamente conectada con esta nueva etapa.
“Estoy enamorada del método pilates”, afirmó entre risas, antes de remarcar el impacto positivo que tiene en cuerpo y mente.
Finalmente, dejó una reflexión que resume toda una filosofía de vida construida a través del arte, la docencia y el movimiento: “El arte es sanador, el movimiento sana. No importa de qué forma, pero moverse cura”, concluyó.
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