Una donación que encendió la mecha de la solidaridad
Hace 99 años, antes de su fallecimiento, José Irurzun dejó en su testamento dinero para la construcción del hospital que hoy lleva su nombre. Así puso en marcha el abnegado esfuerzo de un grupo de vecinos
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JUAN JOSE FLORES
Redacción
El próximo viernes 22, se conmemoran los 99 años del fallecimiento de José Irurzun, cuyo nombre quedó eternamente vinculado al hospital municipal de Quequén.
La historia de las instituciones públicas del sudeste bonaerense, se encuentra intrínsecamente ligada a la figura del "vecino benefactor". Este fenómeno, característico de finales del siglo XIX y principios del XX, permitió que comunidades en crecimiento acelerado, pero con infraestructuras estatales rezagadas, accedieran a servicios básicos como la educación y la salud.
En este contexto, la figura de José Irurzun se erige no sólo como un donante de recursos financieros, sino como el visionario que comprendió la necesidad de autonomía sanitaria para la localidad de Quequén.
Antes de morir, el 22 de mayo de 1927, Irurzun donó 50.000 pesos para la construcción de un hospital en Quequén y otros 50.000 para su mantenimiento.
Pero si bien en la actualidad es visto como quien hizo posible la fundación del hospital, en realidad Irurzun fue quien encendió la mecha de la pasión de un grupo de vecinos que a lo largo de los años aportaron dinero y esfuerzo para hacer posible el sueño de toda una comunidad.
Tan importante como el testamento de Irurzun, fue la donación realizada por José María Loidi, quien dispuso del terreno sobre la calle 541 para la construcción del nosocomio. Pero también el trabajo y el esfuerzo de los miembros de la Unidad Vecinal de Fomento de Quequén, de un grupo de médicos, de algunos políticos y de otros destacados personajes de la época.
Una necesidad
Desde hacía años vecinos de Quequén soñaban con la habilitación de un centro de salud en la localidad. A principios del siglo XX, el Hospital Díaz Vélez hacía lo imposible por prestar servicio a los quequenenses, pero no era suficiente.
Por ese motivo, la Unión Vecinal de Fomento de Quequén buscó la manera de aliviar el excesivo flujo de pacientes que concurrían desde la vecina localidad al hospital ubicado en la avenida 42.
A principios de 1933 se habilitó un ala de primeros auxilios que funcionaba de manera gratuita para la población, sostenida con la contribución privada de los médicos, generosos vecinos y con el apoyo de la Unión Vecinal de Fomento.
La atención estaba a cargo de médicos que atendían gratis las consultas. Entre aquellos abnegados profesionales, se encontraban Carlos Acuña, Roberto Ramovecchi, Horacio Ayrolo, José Brun y Juan B. Flores, entre otros.
El servicio era eficaz y cada día aumentaba el número de personas que se acercaban para recibir asistencia.
Pero, con el tiempo la sala fue desbordada por las exigencias de una población en constante crecimiento.
No transcurrió demasiado tiempo cuando la pequeña sala ya había atendido a 6.000 personas y la construcción de un hospital se hizo evidente.
Esfuerzo comunitario
Si bien desde la década del 20 la población de Quequén ya trabajaba por tener su propio hospital e Irurzun era un símbolo de esa lucha, fue a partir de mediados del 30 que la Unión Vecinal, los políticos y la gente se organizaron para concretar la creación del nosocomio.
La donación de Irurzun y varios proyectos presentados por el diputado nacional Carlos Alberto Pueyrredón, dieron impulso al proyecto.
En una carta dirigida al presidente de la Unión Vecinal, Hipólito Sarasíbar, el diputado le informaba que había conseguido la inclusión en el presupuesto nacional del año 1933 de una partida de 20.000 pesos para aquella otra y otra suma similar para 1934.
En tanto, los vecinos reunieron otros 40.000 pesos. De esa forma, ya se contaba con 180.000 pesos para comenzar. Mientras que el vecino José María Loidi donó los terrenos donde sería construido el edificio.
Sarasíbar, presidente de la entidad fomentista, donó una manzana para que se construyera una fábrica de ladrillos que serían destinados a la obra. Se estimaba que se necesitaría un millón de ladrillos para poder levantar el edificio.
Por su parte, Manuel del Río se comprometió a colaborar con la arena que fuera necesaria y otro vecino de apellido Bosisio puso a disposición los camiones para transportar los materiales.
El 19 de octubre de 1935 el diputado Pueyrredón llegó a Estación Quequén junto al intendente de Lobería, Manuel Raggio, y el ingeniero Juan José Mosca, de la Dirección de Arquitectura de la Nación, quien se haría cargo de la construcción de la obra.
En la estación los esperaba una importante cantidad de público, además de autoridades nacionales, provinciales y municipales.
La delegación partió en una caravana de vehículos hacia el lugar donde iba a construirse el hospital, en la actual calle 541. Allí se realizaron pruebas de terreno para probar la calidad y solidez del suelo.
La obra comprendería un edificio de grandes proporciones y varios cuerpos, según los planos.
El primer director
El 29 de mayo de 1945, por iniciativa de la Dirección de Salud Pública, el Ministerio del Interior dio curso al decreto que designaba al doctor José Brun como director del nuevo hospital.
Luego de recibir instrucciones de la Dirección de Salud Pública, Brun regresó a Necochea y se hizo cargo del hospital.
Su tarea inmediata consistió en realizar los preparativos para colocar al nuevo hospital en funcionamiento.
El nombramiento fue recibido con alegría por la población de Quequén y Necochea, ya que Brun era un profesional de reconocida honorabilidad y que había desarrollado su trabajo con probada vocación de servicio, en muchas oportunidades en forma gratuita y solventando los gastos de su propio bolsillo.
La inauguración
La esperada inauguración del hospital de Quequén se realizó el 10 de febrero de 1947. La ceremonia fue presidida por el gobernador de la Provincia, Domingo Mercante, y por el secretario de Salud Pública, Ramón Castillo.
También estuvieron presentes el presidente de la Cámara de Diputados, Roberto Cursak, el diputado Bressa y otros altos funcionarios.
El emotivo acto comenzó a las 10.45, con la bendición del edificio. Luego se entonaron las estrofas del Himno Nacional y luego hizo uso de la palabra el doctor Castillo.
En su discurso hizo una breve referencia a la construcción del hospital, mencionó la generosidad del autor ideario y primer benefactor, José Irurzun, y elogió su honorable personalidad.
También se refirió a la familia Loidi, a la acción del diputado Pueyrredón y a todas las personas que contribuyeron para llevar adelante la importante obra.
El hospital fue el sueño de todo un pueblo representado por don José Irurzun.
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