Una ciudad sin energía y la excusa de la bruma
Necochea y Quequén amanecieron sin servicio eléctrico
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El sol salió como todos los días, pero una ciudad entera quedó paralizada durante casi doce horas por la falta de electricidad: comercios que no pudieron abrir, mercadería en riesgo por la ruptura de la cadena de frío, hogares sin agua porque las bombas dejaron de funcionar, escuelas que debieron suspender clases y situaciones delicadas con personas electrodependientes que debieron recurrir al sistema de salud para garantizar equipos vitales.
Una ciudad detenida.
Y la explicación oficial fue que todo ocurrió por la bruma marina.
La pregunta es inevitable:
¿Es la primera vez que hay bruma en Necochea?
La bruma forma parte del paisaje cotidiano de una ciudad costera. Está desde siempre. Por eso cuesta creer que una línea de 132 kV que abastece a toda una ciudad pueda colapsar por un fenómeno natural absolutamente habitual en esta región.
Si hubo cortocircuitos, explosiones, chispazos visibles a distancia y hasta la caída de un cable, entonces el problema no parece ser la bruma.
El problema parece ser otro: mantenimiento, previsión y control.
Porque cuando una infraestructura energética que alimenta a toda una ciudad falla durante doce horas, alguien tiene que dar explicaciones.
Responsables en el sistema de transporte eléctrico operado por Transba.
Responsables en el sistema de distribución local, a cargo de la Usina Popular Cooperativa.
Responsables en los organismos que deben controlar y regular el servicio.
Porque cuando la energía falla de esta manera, fallaron todos.
Los usuarios pagan uno de los servicios eléctricos más caros del país. Pagan todos los meses con la expectativa lógica de contar con un sistema confiable, seguro y preparado para situaciones previsibles.
Pero cuando la ciudad queda sin energía durante medio día, la respuesta parece limitarse a una explicación meteorológica.
Mientras tanto, las consecuencias las pagan siempre los mismos.
¿Quién le paga al comerciante que perdió mercadería?
¿Quién compensa al que no pudo abrir su negocio?
¿Quién responde por el día de clases perdido?
¿Quién responde por el riesgo que atravesaron personas electrodependientes?
La respuesta, lamentablemente, parece ser siempre la misma: nadie.
Esa es la verdadera gravedad del problema.
Porque cuando un sistema esencial como la energía eléctrica colapsa durante doce horas y no hay responsables claros ni mecanismos de compensación, lo que queda es una sensación peligrosa: que todo puede fallar y que nadie tendrá que dar explicaciones.
Necochea no puede naturalizar estas situaciones.
La energía eléctrica no es un lujo ni un servicio secundario. Es infraestructura crítica para la economía, la salud, la educación y la vida cotidiana.
Por eso, después de lo ocurrido, las preguntas son inevitables.
¿Quién controla el estado de las líneas de alta tensión?
¿Con qué mantenimiento se operan?
¿Quién audita a las empresas responsables?
¿Quién defiende a los usuarios cuando ocurren estos episodios?
Porque una ciudad que paga por uno de los servicios eléctricos más caros del país merece algo básico: un sistema que funcione.
Pero sobre todo merece algo todavía más elemental: que cuando todo falla, alguien se haga responsable.
Mientras el mundo avanza hacia la electrificación del transporte y la energía se vuelve el eje de las economías modernas, Necochea ni siquiera tiene un punto público para cargar un automóvil eléctrico. Y al mismo tiempo, una bruma matinal alcanza para dejar a toda una ciudad sin energía durante doce horas.
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