Una ciudad a ritmo lento
Hasta el arribo del tren, la pequeña población parecía avanzar al paso cansino del transporte de fines de siglo XIX
JUAN JOSE FLORES
Redacción
Según relataba el ya desaparecido periodista e historiador José Horacio Nicolella en su libro "Historia de las comunicaciones", importantes tropas de carretas de bueyes, "lentas y pesadas, transitaron el Siglo XIX por la república; elementos de lucha y de trabajo, como de provisiones, llegaban en ellas a los fortines; en sus viajes de retorno, cueros, lanas, plumas, tejidos, etc, es decir el producto de la labor campera, llegaba a los poblados mayores".
Para la época de la creación del Partido de Necochea, en 1865, bajo el Gobierno de don Mariano Saavedra, se había incorporado un nuevo medio de transporte colectivo, que acortaba las distancias: la diligencia o galera. Sin embargo, la velocidad de ese medio no era muy diferente al de las carretas, ya que podía recorrer tres kilómetros con trescientos metros promedio por hora.
"La distancia entre Buenos Aires y estos pagos sureños se pudo hacer en el tiempo inigualado hasta entonces de 8 o 10 días, en viajes de hasta dos o tres veces por mes", señalaba Nicolella.
La velocidad de las primeras carretas era de casi tres kilómetros por hora, por lo que un viaje de aquí a Lobería en ese medio de transporte hubiera demandado unas 15 horas, sin tener en cuenta el tiempo de descanso y si se utilizaran las rutas actuales, ya que hace un siglo no existían puentes y los carreros debían sortear todo tipo de inconvenientes para atravesar arroyos y terrenos accidentados.
Lento crecimiento
El lento ritmo del transporte parecía contagiar al de los habitantes de la Necochea de los primeros años.
Según el periódico El Baluarte, publicado a fines del siglo XIX, “en 1889 aún no había edificios públicos” en nuestra ciudad.
Aquella publicación también da testimonio de que los necochenses “piden incansablemente al gobierno nacional el ferrocarril, la escrituración del ejido, el puerto y un banco”.
El tren llegó en 1894 y hasta fines de la década del 20, cuando se construyó el Puente Colgante, se constituyó en el principal medio de transporte.
De acuerdo al texto preliminar del Plan Estratégico-Participativo de Desarrollo Urbano Ambiental del Partido de Necochea, "las características sobresalientes de esta época son por un lado, la construcción del Puerto de Quequén, realizado por una compañía francesa y por el otro la introducción del automóvil como medio de locomoción. Estas trajeron aparejado un sin número de cambios en la ciudad entre los que encontramos la pavimentación de las calles céntricas y principales avenidas (San Martín, 59, 58) y el importante desarrollo que tiene el sector del puerto, ya que ahora comienza a trabajar como puerto de ultramar".
Según el Gran Libro del Milenio de Ecos Diarios, "en 1911 Necochea es declarada ciudad, y toda ciudad que se preciara, por entonces, debía contar con un servicio de tranvías. La Sociedad de Fomento de Necochea, encabezada por el vecino Domingo Olivera, promovió, implementó y administró el primer servicio tranviario de la ciudad, inaugurado el 3 de enero de 1913". Pese a la llegada del tranvía, el ritmo de la ciudad y sus habitantes, seguía siendo lento.
Hoteles
Si bien desde sus inicios la población creció con el aporte del sector agropecuario y, en menor medida, de la actividad portuaria, los necochenses siempre aspiraron a convertir a su pueblo en una gran ciudad turística.
Lentamente, el sector hotelero creció impulsado por la llegada de los turistas, atraídos por la playa.
Sin embargo, los primeros hoteles de la ciudad funcionaron en el radio céntrico. Poco después de la fundación, en cercanías de la plaza, comenzó a funcionar el hotel El Progreso.
De acuerdo a datos de catastro, en 1896 había cuatro hoteles ubicados en lo que hoy es el centro de la ciudad: 62 y 63; 62 y 65; 59 y 62 y 59 y 64.
Entre esos establecimientos se encontraba el Gran Hotel de la Amistad, de José Ramón Galparsoro, antiguamente conocido como la fonda de Chaparro.
En tanto sobre la calle 62, por la que pasaba la gente que iba de la Estación de Trenes al centro, había varias pensiones familiares.
Para 1914, ya funcionaban dos hoteles hoy legendarios, el Vasconia, en avenida 59 y 66, y Gran Hotel España, en 64 y 63. Ambos hoy desaparecidos bajo la piqueta.
En tanto, Julián Azúa, pionero de la hotelería local en la zona balnearia, había comenzado con la Perla del Océano y luego inaugurado la Perla del San Sebastián Argentino.
Otro ritmo
Luego de la Primera Guerra Mundial se realizaron grandes obras públicas en todo el país y se difundió el uso de nuevos materiales y técnicas. Necochea no fue ajena a aquel fenómeno.
A aquel período, denominado ecléctico, pertenecen edificios como la vieja Usina de calle 51 entre 56 y 58, hoy convertido en edificio universitario; los edificios de Obras Sanitarias, el Puente Colgante, el Molino Harinero de avenida 59 entre 14 y 16, que en la actualidad se encuentra derrumbado, y el Elevador Terminal del Puerto, que se comenzó a construir en 1944.
En tanto, el 1º de enero de 1949 se inauguró el servicio cloacal y su extensión era de 45 cuadras, pero no en “el centro”, sino en la Villa Díaz Vélez, en un sector comprendido entre las calles 8 y avenida 2 y 79 y 89.
El desagüe de los afluentes se realizaba a través de una cañería existente en la Escollera Sur del canal de acceso a nuestro puerto.
A lo largo de los años, diferentes estilos arquitectónicos fueron dejando su huella en las construcciones de la ciudad, que comenzó a crecer más allá de las 16 manzanas originales. Se pueden encontrar así en distintos puntos viviendas criollas, “petit chateaux” y construcciones pintoresquistas.
A pesar de que han transcurrido casi 133 años de la fundación de la ciudad, Necochea sigue manteniendo un ritmo diferente al de otras localidades, aunque debido a la cantidad de habitantes, los necochenses ya comienzan a sentirse el vértigo de las grandes urbes.///
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