Un apasionado por la música
Adolfo Matar. Reconocido y apreciado por sus pares, a los 74 año sigue tocando con el mismo entusiasmo de siempre, abordando los más diversos géneros
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La percusión siempre le apasionó a Adolfo Matar. Desde pequeño produjo sonidos musicales con diversos elementos, con sus manos o sus pies. Fue “el niño del bombo” en la Escuela N° 1, convocado para tocar en las fechas patrias. Una tarde acompañó a su hermano Juan a una clase de batería con Mario La Battaglia. Allí tuvo en sus manos los palillos por primera vez.
Su primera batería la tuvo a los 14 años. Fue un regalo de su padre, Juan Matar, reconocido fotógrafo local. Desde entonces, no paró más.
Tras haber integrado diversos grupos musicales a lo largo del tiempo, hoy, a los 74 años, Adolfo sigue practicando con la batería varias horas por día, continúa presentándose en escenarios junto a otros músicos , al tiempo que está al frente de Bluset, su tienda de instrumentos musicales ubicada en el centro de la ciudad.
Si bien su imagen está asociada al rock, Matar es eclético en cuanto a géneros musicales. Aborda el folclore, el tango y otros ritmos con la misma pasión, abierto a seguir aprendiendo y experimentar con nuevas formaciones.
Freddy Bejillas fue su maestro. Fue un baterista que integró una banda de jazz que se presentaba en el salón de baile de la Rambla Municipal. Allí lo observaba Adolfo, mientras su padre tomaba fotografías. El músico se quedó en Necochea tras la temporada de verano. Alquiló un sector de la casa en la que vivían los Matar, en la calle 71.
“Bejillas me regaló un libro de Alberto Alcalá: “Metodo de tambor tomtomes y bombo”, recuerda hoy Adolfo, acotando que el músico que vivía en su casa le fue enseñando y, en base a la batería con que contaba, aprendió a tocar como si fuera zurdo, aunque es diestro. Así sigue haciéndolo, 60 años después.
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Un largo recorrido
A los 15 años integró “Antióxido”, grupo de fugaz duración. Luego fue parte “Contrabandista”, junto a su hermano Juan, Eduardo Díaz y Mario Ferreira. Banda que, contrariamente a la anterior, tuvo convocatoria. Se diluyó al ser convocado para cumplir el servicio militar. A su regreso fue parte de “Diluvio”, banda que llegó a presentarse en el Anfiteatro del Parque Miguel Lillo.
Allí también lo hacía “Arco Iris”, Acercándose a sus músicos, entabló amistad con Ara Tokatlian, fundador del legendario grupo junto a Gustavo Santaolalla. Años después Tokatlian junto a su esposa Dana, continuó viniendo a Costa Bonita, de vacaciones, mientras residían en California.
También surgió una amistad con Oscar Moro, el baterista de Los Gatos y Serú Girán. “Hice clínicas de batería con él. Fue un gran amigo al que traje muchas veces a Necochea y paraba en mi casa. Y yo en la de él, cuando viajaba a Buenos Aires. Son esas cosas que la vida te da”, añade con nostalgia, recordando a Moro, fallecido en 2006 y en cuya memoria se conmemora el 11 de julio el Día del baterista en la Argentina.
Hay algo en lo que Adolfo pone énfasis: el agradecimiento a sus padres por el apoyo que siempre le brindaron para que desarrollara su pasión. Y también en la necesidad de seguir perfeccionándose. “Siempre hice música, nunca dejé de tocar. Tengo una rutina de dos horas diarias y por ahí me extiendo cuatro horas. Muchos me preguntan para qué sigo aprendiendo. Es cuestión de seguir tocando y tratar de superarse. Uno quiere tocar bien. Aparte, hacerlo me hace muy bien”, revela.
Durante 20 años formó parte del Grupo MIL, con base en Lobería, junto a Ricardo Folgado, Marcelo Grau, Claudio Mercurio y Leo Olivera.
“Hacíamos fusión folclórica, fuimos a tocar muchos lugares. Incluso Víctor Hugo Morales tuvo nuestra música de cortina en la transmisión de uno de los mundiales de fútbol. Tuvimos grandes satisfacciones. Lamentablemente, por cosas de la vida, la banda se disolvió”, evoca.
En actividad
Pero no todo es pasado en la vida musical de Adolfo Matar. Desde hace seis años forma parte de “Anastasia”, un trio que con empela con Hugo Polo y Claudio Mercurio, interpretando diversos géneros de música nacional e internacional.
También acaba de participar de un show musical en el espacio cultural Wo junto a Walter “Negro” Juárez, reconocido guitarrista santiagueño, acompañado también dos viejos conocidos de Adolfo. Sergio Crotti (guitarra) y Carlos Rossi (bajo).
“Hermanando tierras” es el nombre del espectáculo, que volverán a ofrecer el 25 de abril en el reducto de calle 85 y 4 bis. Desde trova cubana a folclore argentino, pasando por temas del uruguayo Alfredo Zitarrosa, forman parte del repertorio.
Eso no es todo. También acaba de reflotarse “Cherry”, un antiguo grupo del que fue integrante 30 años atrás. El regreso del cantante Ceferino Debesa y de Sergio Crotti lo hizo posible, sumándose a Maximo “Cochecho” Aguirre. Ya se presentaron recientemente en Faro 18, en Lobería. Volverán a hacerlo el próximo 1° de mayo.
La música sigue fluyendo por las venas de los Matar. Los dos hijos de Adolfo tocan la batería. Uno de ellos reside en La Plata desde hace años. El otro comparte con él la atención en el local de Bluset. Esto lo hace feliz, tanto como pasar momentos junto a sus cuatro nietas, tal como confiesa.
Más allá de haberse sentido atraído por Los Beatles en los ’60 y por otras bandas, sobre todo de rock, a Adolfo también le gusta el tango. Por eso no dudó cuando Sergio Crotti lo convocó para interpretar algunos temas, incluyendo varios de Astor Piazzolla y “Gallo ciego”, de Osvaldo Pugliese. Fue allá por 2016.
Nacido el 12 de octubre de 1951 en Necochea, Adolfo Matar se siente fuertemente identificado con su ciudad. Y con sus músicos. Estuvo a punto de integrarse a una banda nacional de renombre. Pero optó por quedarse. Pesaron razones afectivas y lazos familiares.
“Siempre apoyé a Necochea y a sus músicos. Más que a los de Buenos Aires. Porque yo soy de acá y quiero a los músicos locales. Estoy convencido de que en Necochea hay muy buenos músicos. Es una pena que no los saben aprovechar”, lamenta sobre el final.
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