Uber proyecta una fuerte inversión en el país y vuelve a abrir el debate sobre su desembarco en Necochea
La empresa busca expandirse en Argentina y la ciudad aparece en su mapa, aunque hoy no cuenta con habilitación municipal
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El anuncio de una inversión de 500 millones de dólares en Argentina para los próximos tres años volvió a poner en escena un debate que en Necochea lleva tiempo latente, la posible llegada formal de Uber y el impacto que podría tener en el sistema de transporte local.
La empresa, que considera al país como un mercado estratégico, no solo apunta a ampliar su operación en grandes centros urbanos, sino también a consolidarse en ciudades intermedias. En ese contexto, Necochea aparece como un punto que, al menos desde lo digital, ya figura dentro de su esquema de cobertura.
En su página oficial, Uber presenta a la ciudad como un lugar donde es posible solicitar viajes, con el mismo formato que utiliza en localidades donde el servicio funciona con normalidad. Sin embargo, en la práctica la situación es muy distinta, ya que no existe habilitación municipal para operar y los conductores que intentaron trabajar bajo esta modalidad fueron infraccionados y sus vehículos, en algunos casos, secuestrados.
Esa contradicción, entre una presencia virtual activa y una prohibición concreta en el territorio, refleja un escenario que comienza a tensarse.
Desde hace años, la intención de la empresa de radicarse en distintas ciudades del interior argentino es clara. Ahora, con una inversión millonaria en marcha, ese objetivo parece acelerarse y obliga a replantear discusiones que en muchos distritos ya están en curso.
En Necochea, el tema todavía no tiene un tratamiento formal profundo, pero aparecen señales que lo empujan. Una de ellas es la experiencia cotidiana de los usuarios, que en determinados momentos encuentran dificultades para acceder al servicio tradicional. Días de lluvia, noches y fines de semana suelen ser los puntos críticos, con alta demanda, demoras y líneas telefónicas saturadas en agencias de remises.
Ese contexto es el que históricamente favorece el avance de plataformas digitales, que ofrecen disponibilidad inmediata y una lógica de funcionamiento distinta.
Sin embargo, el eje del debate no puede reducirse a una disputa entre modelos. La discusión requiere una mirada más amplia, que incluya a todos los actores involucrados, no solo a taxistas y remiseros, sino también a usuarios, potenciales conductores y al Estado local.
Lo que sucede en otras ciudades permite anticipar posibles escenarios. En Mar del Plata, por ejemplo, conductores de aplicaciones impulsan proyectos para regular la actividad, mientras que desde el sector tradicional advierten sobre precarización laboral y competencia desigual. En Balcarce, trabajadores del transporte formal ya expresaron su preocupación ante la presencia creciente de vehículos que operan mediante apps sin encuadre normativo.
Bahía Blanca avanzó en un camino diferente, con una ordenanza que reconoce la existencia de estas plataformas y establece requisitos para su funcionamiento, buscando un equilibrio entre los distintos sistemas. Incluso en Ushuaia, un fallo judicial reciente marcó un precedente al cuestionar la prohibición total de este tipo de servicios y plantear la necesidad de regular en lugar de impedir.
Con estos antecedentes, la pregunta en Necochea deja de ser si Uber llegará o no. El foco empieza a correrse hacia cómo y en qué condiciones podría hacerlo.
Hoy, el servicio no está habilitado y cualquier intento de funcionamiento queda fuera de la normativa vigente. Pero al mismo tiempo, la empresa avanza en su expansión, los usuarios muestran necesidades concretas y el tema gana espacio en la agenda pública.
En ese cruce de variables, el debate aparece como inevitable. La clave estará en cómo se dé esa discusión y si logra superar los intereses sectoriales para pensar un sistema de transporte que contemple la realidad actual, los avances tecnológicos y las condiciones laborales de quienes forman parte de la actividad.
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