Sergio Álvarez, con la música desde niño
Por influencia familiar, comenzó a tocar el piano a los cinco años. Grabó discos y fue soporte de Rick Wakeman. Lo suyo es el rock sinfónico. Pero no tiene prejuicios. Formó “In Extremis” con Fernando Limbatto y ambos integran hoy “Doble o nada”
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En la casa de Sergio Alvarez se respiraba música. Su padre, no sólo tenía una casa de venta de instrumentos musicales, sino que también era bandoneonista, director de su propia orquesta. Y les transmitió su pasión por la música a sus cuatro hijos.
Ninguno se hizo bandoneonista como César Álvarez. Se volcaron al piano y a los teclados. Sergio, que comenzó con el tango acompañando a su padre, logró convertirse en músico profesional. Su pasión es el rock progresivo sinfónico, pero no tiene prejuicios. Participó del máximo festival de ese género, en Bajo California, pero también tuvo su época de música tropical.
Hace poco tiempo se reencontró con Fernando Limbatto, un “amigo del alma”, como lo llama, quien regresó de Italia, donde vivió un tiempo. Ambos habían creado el grupo “In Extremis” años atrás. Ahora formaron un dúo: “Doble o nada”, interpretando temas de la música que a ellos les gusta, pero al mismo tiempo se divierten compartiendo escenarios en espacios de Necochea y la zona.
Entrevistado en “El Ciudadano”, programa emitido por televisión que se halla alojado en Youtube, Sergio Alvarez hizo un repaso de su trayectoria.
-¿Cuándo comenzó tu relación con la música?
-A los cinco años empecé a tocar el piano
-¿Por qué razón, siendo tan pequeño?
-Porque toda mi familia está compuesta por músicos. Mi padre era bandoneonista y dirigía su propia orquesta de tango, que tuvo auge en los años 50. Y tenía una casa de venta de instrumentos musicales. Así que estábamos rodeados de música.
-Tuviste una fuerte incentivación…
- Los cuatro hermanos resultamos músicos, aunque ninguno bandoneonista como mi padre. Mis hermanos mayores César y Eduardo optaron por el piano. Y Jesús, que es menor que yo, toca el bajo y también el piano, pero para él, no se dedicó profesionalmente.
- ¿Cuándo aquel niño se transformó en músico profesional?
- Después hacer el servicio militar. En realidad, ya tocaba desde antes, porque acompañaba a mi padre y Víctor Hugo Genoveses, un cantor de tango. Conformábamos un trío y hacíamos de todo, inclusive en casamientos, allá por los años ’80.
- ¿Y tras haber cumplido el servicio militar, qué sucedió?
-Con mi gran amigo Fernando Limbatto, quien para mí es un hermano del alma, arrancamos con el grupo In Extremis en 1987, teniendo en batería a José Tadeo, con quien había compartido el servicio militar.
-Un grupo que duró largo tiempo….
-Sí. Seguimos hasta 1995, cuando se interrumpió por cuestiones de cada uno.
-Recordemos qué género musical abordaban…
-Hacíamos rock bastante elaborado, con un sonido moderno para los ’80., con canciones nuestras. Después empezamos a incorporar termas de otros autores. Finalmente grabamos un disco. Después, el mercado te lleva a hacer covers. Luego Tadeo y seguimos Fernando y yo solos, teniendo bateristas invitados, entre ellos Rubén Nebot (que llegó a ser parte de In Extremis) y Fernando Altieri.
Reencuentro
-Vamos al presente, porque te has reencontrado con Fernando Limbatto recientemente
-Sí, tanto en la vida como en la música. Iniciamos un nuevo proyecto como dúo, haciendo rock nacional e internacional. Y andamos con ganas de componer. “Doble o nada” es el nombre del dúo. Ya nos presentamos en diversos lugares de la ciudad, inclusive en Lobería.
-Entre aquel In Extremis y este Doble o nada, pasaron cosas, hiciste música de películas
-Nada menos que 30 años pasaron. Tras disolverse In Extremis, en 1996 hice un disco como solista y después me lancé a lo que hoy siempre más me gustó, que es el rock progresivo sinfónico, género del cual los “padres” son grupos como Génesis y Emerson Lake and Palmer.
Es una música selectiva, no masiva. Pero me permitió viajar por distintas partes del mundo, participar de festivales internacionales de rock sinfónico representando a la Argentina. Por ejemplo, en el Baja Prog, que es el festival más importante del planeta, que se hace en Mexicali, Baja California.
Esto permitió que cuando Rick Wakeman, tecladista del grupo Yes, vino a la Argentina en el año 2000, me pidiera que hiciera de soporte. Y lo hice. Fue en el teatro Gran Rex de Buenos Aires. Fue una experiencia maravillosa.
También toqué en Europa. Y sigo con ese género musical. Actualmente estoy terminando el cuarto disco de rock progresivo.
-Hoy tenés un estudio de grabación en tu propia casa…
-Si, después de bastante tiempo lo pude hacer. Una de las que quería hacer era música de cine. He compuesto música para documentales, me gusta mucho la música instrumental. Tenía el desafío de hacer un show haciendo la música de bandas sonoras (con varios teclados). Después de un año intenso de trabajo, logré preparar el show y recorrí el país haciéndolo. Y continúo, tanto con el show de música de películas como el de rock progresivo.
-¿Además de ser músico, tenés otra actividad laboral?
-Si, siempre en relación con la música. Soy maestro mayor de obras, pero hace años que no ejerzo. Trabajé en empresas constructoras.
Hoy, en mi estudio, hago producciones para cantantes. A cualquier artista que desee grabar, le hago de arreglador. Por ahí hay quienes componen, pero no tocan instrumentos. En esos casos, le armo toda la música y grabamos en el estudio.
Además, soy profesor superior de piano. Y afinador. Reparo instrumentos electrónicos. Mi padre era afinador de pianos, también mi hermano mayor ya fallecido. Viene de familia.
-¿Qué significa la música en tu vida?
-Es mi alma y mi medio de vida, pero también mi hobby. El más hermoso que puedo tener. Aunque me encanta el deporte también. Pero no puedo estar sin tocar un instrumento. Puedo estar horas sentado al piano. Pierdo la noción del tiempo. La música te mantiene joven. Es un arte y, como todas las artes, te desconecta totalmente.
-¿Y vos, personalmente, qué música preferís escuchar?
-Todos los músicos tenemos nuestro corazoncito puesto en algún lado. Pero hay que tener apertura, lo cual te hace crecer. Cada género te deja un aprendizaje. Yo tengo formación tanguera, por mi padre. Con mi hermano Eduardo estuvimos en el cierre de la Ruta del Tango. Pero tengo también el corazón en el rock, es una cuestión generacional, pero sobre todo el rock progresivo, que para mí es lo máximo.
Hice jazz y también folclore en el escenario mayor de Cosquín. Como a la mayoría, también me gusta la música de los ’80, que fue gloriosa.
-Puede decirse que, musicalmente, sos desprejuiciado.
-Si, abierto. Hasta tuve mi etapa de música tropical. Había que hacer bailar a la gente y le dábamos a la cumbia y al samba brasileño.
Si la música está bien hecha, te puede gustar o no. El gusto no se discute, no tiene explicación. Es algo personal. Lo que sí tiene discusión es la parte técnica: si algo está bien hecho o no, si tiene o no elaboración.
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