“Se pueden hacer cambios sin afectar la cuestión ambiental ni la vida animal"
Carolina Zabala insistió en que “no nos podemos salvar solos” y advirtió sobre la necesidad de impulsar una política para cuidar el entorno
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Julieta Moreno
Redacción
La abogada Carolina Zabala trazó una mirada crítica pero comprometida sobre Necochea, una ciudad que, según define, combina cercanía y oportunidades con resistencias al cambio.
En diálogo con Ecos Diarios dio su punto de vista, remarcó la necesidad de impulsar la participación ciudadana y fomentar la educación en aspectos relacionados con el derecho de los animales y el cuidado del ambiente.
Desafíos por delante
“Necochea es una ciudad bastante pacata y muy reticente a un montón de cosas”, señaló, aunque al mismo tiempo rescató aspectos positivos, como la apertura que encontró en el ámbito profesional: “En Necochea encontré dentro del Colegio de Abogados lo que no tuve en otros colegios”. Para Zabala, el tamaño de la ciudad permite una cercanía distinta entre las personas, algo que no ocurre en grandes centros urbanos donde, dice, “sos un número”.
Desde su especialización en derecho animal y ambiental, advirtió que uno de los principales desafíos locales es modificar la relación de la comunidad con el entorno. “Se pueden hacer un montón de cambios sin modificar cuestiones ambientales y sin dañar a otras especies”, afirmó, aunque reconoció que muchas veces esto no sucede. En ese sentido, planteó una visión integral basada en tres ejes: “la salud animal, la salud ambiental y la salud humana”, que considera inseparables. “No nos podemos salvar solos”, remarcó, al tiempo que cuestionó la mirada -que predomina en la sociedad- que pone en primer lugar al humano por sobre otras especies.
Sus preocupaciones
Entre sus principales preocupaciones mencionó la contaminación del río Quequén, que observa incluso desde su experiencia personal como nadadora en aguas abiertas.
También puso el foco en la falta de educación ambiental: “Creo que no hay educación en los cuidados que tenemos que tener los ciudadanos”. Para Zabala, el problema no es exclusivo de la dirigencia política, sino que involucra a toda la sociedad: “No es una crítica únicamente hacia la gestión política, sino hacia toda la ciudadanía”. En esa línea, sostuvo que las conductas cotidianas, como arrojar residuos en la playa, reflejan una falta de responsabilidad colectiva.
En materia de políticas públicas, subrayó la necesidad de profundizar acciones vinculadas al control poblacional de animales. Si bien reconoce avances, como el funcionamiento del quirófano móvil, consideró que es necesario “fomentar muchísimo el tema de la castración” con campañas masivas y sostenidas. En este aspecto, señaló que es importante que vaya a todos los barrios y, si es posible, los días sábados porque las personas tienen más disponibilidad de tiempo y, además, el funcionamiento es por orden de llegada y no es necesario sacar turno. En este sentido, destacó que el pasado fin de semana estuvo en el barrio Los Malvones.
También mencionó el trabajo del Instituto de Derecho Animal en la formación y concientización, aunque advirtió que aún falta mayor participación de distintos actores institucionales.
“Yo hablo de perros y gatos que es lo más común, pero no nos tenemos que olvidar que vivimos en una ciudad donde tenemos río y mar, donde hay todo tipo de vida marina”, expresó, para decir que también en este caso faltan medidas de control y protocolos de actuación ante las situaciones que puedan ocurrir. Además, mencionó que también aparecen caballos en las calles y zonas periféricas, donde tampoco hay medidas.
Zabala observó, sin embargo, un cambio generacional alentador. “Yo creo que hay un cambio en las generaciones nuevas hacia el derecho animal y también con el medioambiente”, afirmó y valoró el rol de las escuelas en la formación de nuevas conductas.
En paralelo, contó que impulsa una transformación conceptual en torno a los animales: “Yo siempre trato de utilizar el término de ‘animal no humano’ y no mascota”, explicó, en línea con iniciativas que buscan modificar la legislación vigente.
“Un tema complejo”
En relación al frente costero, consideró que es un espacio que requiere intervenciones responsables y planificadas. Sobre el casino, uno de los temas más sensibles de la ciudad, remarcó: “Es un tema sumamente complejo”. Criticó la falta de planificación y claridad en los intentos de subasta y advirtió que “no hubo un estudio de impacto ambiental previo, aprobado y serio, y una convocatoria popular”. Desde su perspectiva, el edificio debería mantenerse como patrimonio público y reconvertirse en un espacio de uso comunitario, con propuestas culturales, educativas y recreativas.
Respecto al parque Miguel Lillo, planteó que las intervenciones deben ser mínimas y respetuosas del entorno. “No se pueden levantar paredes para una cancha de tenis”, afirmó, y propuso en cambio mejoras como senderos, iluminación y espacios que no alteren la biodiversidad. “Las licitaciones públicas tienen que ser con un fin de uso público”, agregó, reforzando su mirada sobre el rol del Estado en la preservación de los recursos naturales.
La necesidad de
más control
Sobre la gestión municipal encabezada por Arturo Rojas, consideró que existen recursos que podrían aprovecharse mejor y puso como ejemplo el área vinculada al derecho animal y el uso que se le da al quirófano móvil. Si bien reconoció la complejidad de administrar un municipio, sostuvo que “tendría que haber un esfuerzo en muchas más cosas”.
“Hay recursos; tenemos una planta de empleados municipales que trabajan muy bien, desde un lugar muy responsable. Entonces, si lo pueden hacer algunos, creo que lo pueden hacer todos”.
En ese sentido, introdujo un concepto clave: la necesidad de fortalecer los mecanismos de control en todos los niveles. “Para mí lo que falla son los sistemas de contralor”, aseguró, comparando la situación argentina con otros países de la región donde, afirmó, el control permite un mejor funcionamiento institucional.
Pese a sus críticas, Zabala eligió sostener una mirada optimista. “Es una ciudad donde elijo vivir, donde quiero estar”, afirmó. Sin embargo, advirtió que el cambio no llegará sin una ciudadanía más activa: “No sirve de nada que hagamos una queja en redes sociales”. En cambio, propuso involucrarse, formalizar reclamos, presentar expedientes y hacer seguimiento de las demandas. “La perseverancia en cualquier ámbito es necesaria”, concluyó, convencida de que la participación ciudadana es la clave para construir una ciudad más sustentable y respetuosa de todas las formas de vida.///
Entre el derecho y la protección animal
Carolina Zabala es abogada nacida en Necochea, donde cursó sus estudios primarios y secundarios en el sistema público antes de trasladarse a Mar del Plata para formarse en Derecho. Su vínculo con la profesión comenzó incluso antes de recibirse, ya que durante toda la carrera se desempeñó en estudios jurídicos, adquiriendo experiencia práctica que luego consolidaría al iniciar su ejercicio independiente junto a colegas, apenas finalizados sus estudios.
Durante casi dos décadas desarrolló su actividad profesional fuera de su ciudad natal. Residió 17 años en Mar del Plata, donde ejerció de manera particular, y posteriormente se trasladó a Concordia, Entre Ríos, tras ser convocada por una empresa del sector tabacalero.
En 2013 decidió regresar a Necochea, donde retomó el ejercicio de la abogacía luego de un breve alejamiento de la profesión. Su reinserción se dio de la mano de una colega local, con quien trabajó durante sus primeros años en la ciudad antes de abrir su propio estudio. Desde entonces, ejerce de manera independiente, con orientación en derecho civil, comercial y tributario, al tiempo que complementa su actividad con la docencia en instituciones de nivel secundario y terciario.
En paralelo a su desarrollo profesional, Zabala ha tenido una participación activa en el ámbito institucional. Integrante del Colegio de Abogados local, donde actualmente se desempeña como secretaria del consejo directivo y directora del Instituto de Derecho Animal. Además, continúa su formación académica a través de un doctorado en Derecho y es apoderada legal del Centro de Ayuda al Animal Necochea (CAAN).
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