Puerto Quequén marca el rumbo de una economía en expansión
Entre 2020 y 2025 exportó más de 44 millones de toneladas y alcanzó el mayor movimiento de su historia. Pero el verdadero desafío ya no parece ser cuánto puede crecer el puerto, sino si Necochea, Quequén y la región están preparadas para acompañar ese crecimiento
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Por Jorge Gómez
Para Ecos Diarios
Hay economías que se sienten y hay economías que se ven. La actividad portuaria pertenece a esta última categoría. Se la ve en las rutas, en el tránsito constante de camiones, en los elevadores funcionando, en los buques esperando turno de carga, en el movimiento de empresas, talleres, agencias marítimas, operadores logísticos y trabajadores especializados que forman parte de una maquinaria económica que rara vez se detiene.
Puerto Quequén es, probablemente, la expresión más concreta de esa economía visible.
Durante años, cuando se habló de exportaciones argentinas, gran parte del foco estuvo puesto sobre el complejo del Gran Rosario.
En la Provincia de Buenos Aires, el otro gran actor histórico es Bahía Blanca. Pero mientras tanto, en el Sudeste bonaerense comenzó a consolidarse una realidad que hoy merece ser observada con otra escala.
Entre enero de 2020 y diciembre de 2025 operaron en Puerto Quequén 1.846 buques y se movilizaron más de 43,8 millones de toneladas de mercaderías. De ese total casi 64% correspondió a las exportaciones.
La secuencia anual muestra con claridad el crecimiento.
En 2020 salieron por Puerto Quequén 6,4 millones de toneladas en 274 buques.
En 2021 el volumen ascendió a 7,5 millones de toneladas con 314 embarcaciones.
En 2022 volvió a crecer hasta alcanzar 7,7 millones de toneladas y 306 buques.
El año 2023 representó una pausa -marcada por las condiciones productivas nacionales y el contexto agropecuario, sequía de por medio- con más de 5,5 millones de toneladas y 251 buques.
Pero lejos de marcar un techo, el sistema mostró capacidad de recuperación inmediata. En 2024 el movimiento volvió a subir hasta 7,7 millones de toneladas y 331 embarcaciones.
Finalmente, 2025 terminó convirtiéndose en un año récord con más de 9 millones de toneladas exportadas y 370 buques operados, la mayor marca de toda la historia del puerto.
¿La clave? La decisión de profundizar el acceso portuario hasta 50 pies y el mantenimiento del dragado a cargo de la empresa Jan De Nul. Un que lo diferencia de Rosario y Bahía.
Los números son importantes. Pero su verdadera dimensión aparece cuando se traducen. Si se toma como referencia un camión con una carga promedio de 28 toneladas, las exportaciones acumuladas en seis años equivalen al movimiento de aproximadamente 1.572.000 camiones.
Sí. Más de un millón quinientos setenta y dos mil viajes equivalentes descargando producción para embarcar al mundo. El promedio anual supera los 262.000 camiones. Y el récord de 2025 equivale, por sí solo, a más de 321.000 camiones descargados en apenas doce meses.
Son cifras que permiten entender que detrás de las estadísticas existe una presión permanente sobre la calidad de los accesos, las rutas, la infraestructura y los servicios.
Porque el puerto no empieza en el muelle. Empieza mucho antes. Empieza en el campo donde se siembra el trigo, la cebada, el maíz, la soja, el girasol y la colza. Continúa en el transporte, atraviesa centros de acopio, servicios logísticos y termina embarcando producción argentina hacia mercados internacionales.
Y también funciona en sentido inverso. Porque una parte estratégica de la actividad del puerto está vinculada a la importación de fertilizantes que llega a Quequén para abastecer nuevamente al sistema productivo regional.
Por eso el puerto no puede observarse únicamente como una salida. También es una puerta de entrada para sostener el ciclo económico. Esa magnitud obliga a abrir una discusión que probablemente la región tenga que darse durante los próximos años.
¿Cómo se acompaña el crecimiento? Hasta ahora el desarrollo logístico descansó fundamentalmente sobre el camión. Y seguirá siendo así en buena medida.
Pero cuando las escalas alcanzan millones de toneladas y cientos de miles de movimientos equivalentes por año, aparece una pregunta inevitable ¿Puede pensarse el futuro sin recuperar el transporte ferroviario?
El regreso del tren de cargas deja de ser una discusión romántica. Empieza a transformarse en una discusión económica. Más conectividad ferroviaria significaría ampliar el área de influencia del puerto, reducir presión sobre rutas, bajar costos logísticos y preparar condiciones para una expansión futura.
Y ese debate se conecta con otro igual de importante. La energía. Este año se dio inicio a las obras de repotenciación eléctrica para Quequén mediante una inversión provincial de gran escala.
Mirado superficialmente podría parecer una mejora más de infraestructura. Pero probablemente sea mucho más que eso. No se trata solamente del consumo domiciliario.
La energía disponible define posibilidades de desarrollo. Las empresas que hoy operan necesitan capacidad para crecer. Las que analizan instalarse necesitan garantía de abastecimiento. Las industrias no llegan solamente porque hay un puerto.
Hacen pie cuando existe puerto, energía, logística y previsibilidad. No hay agregación de valor sin potencia instalada. No hay industria sin oferta energética. No hay desarrollo sostenido si el sistema empieza a mostrar posibles límites.
Por eso la discusión sobre la oferta de energía termina conectándose con otra idea que aparece cada vez con más frecuencia o sea el desarrollo de un factible parque industrial y la posibilidad de atraer nuevas inversiones.
Durante años se habló de proyectos vinculados a la industrialización de materias primas, como instalaciones asociadas a la cadena -por ejemplo- del trigo, la cebada o nuevas iniciativas agroindustriales.
El próximo salto ya no será solamente exportar más toneladas. Será transformar más toneladas. Que una parte del trigo salga convertida en harina. Que parte de esa harina se convierta en alimentos. Que los granos generen procesos industriales y empleo de mayor complejidad. Que el valor agregado permanezca en la región.
La potente cadena agro exportadora entiende todo esto, como así los operadores e inversores locales y zonales. Será por aquí que emergerán puestos laborales de calidad y cantidad a los que actuales en blanco y estables.
Porque finalmente el desarrollo económico tiene una traducción muy concreta. Las personas construyen su proyecto de vida donde encuentran trabajo. Las familias permanecen donde existen oportunidades. Los jóvenes estudian donde imaginan futuro.
Y las empresas invierten donde perciben oportunidades, infraestructura y recursos humanos preparados.
Por eso también aparece el desafío de la capacitación. Puerto Quequén no requiere sólo mano de obra portuaria. A la existente, demandará técnicos, operadores, profesionales, especialistas en logística, mantenimiento, energía, comercio exterior, industria y servicios. Prepararse para el puerto ya no significa entrar al puerto. Significa entender el ecosistema económico que se organiza alrededor.
Eso explica además el peso institucional y político que históricamente tuvo la actividad.
El actual intendente Arturo Rojas tuvo responsabilidades previas vinculadas al Consorcio de Gestión de Puerto Quequén y actualmente el organismo continúa funcionando bajo la Presidencia interina del doctor Mariano Carrillo.
Más allá de las discusiones políticas de cada etapa, la experiencia de los consorcios portuarios muestra que existe valor en sostener instituciones capaces de pensar procesos largos y acompañar decisiones estratégicas.
Porque el puerto funciona todos los días. Como funciona la economía real. Y quizá la discusión de fondo para Necochea y Quequén ya no sea elegir entre turismo y producción.
La discusión será cómo integrar identidades y entender que una ciudad puede seguir siendo turística mientras consolida al mismo tiempo un perfil agroexportador, industrial y logístico.
Puerto Quequén no es solamente un puerto. Es una plataforma de trabajo, inversión, infraestructura y oportunidades. Y si efectivamente todavía no tiene techo, entonces el verdadero desafío ya no será cuánto puede crecer el puerto. Será si todos se preparan para crecer con él.
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