Puente Colgante; una historia que comenzó antes de 1929
A tres años de su centenario, el arquitecto Jorge Freitas habla sobre los orígenes del coloso metálico construido en Francia. Y anticipa que trabaja en una publicación sobre Puerto Quequén que tendrá seis volúmenes
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El Puente Colgante no esperó una ceremonia para empezar a cumplir su función. Cuando la estructura estuvo en condiciones de ser utilizada, los vecinos comenzaron a cruzar el Río Quequén. Las autoridades llegarían después, para ponerle fecha oficial a una historia que, según destaca el arquitecto Jorge Freitas, había comenzado tres años antes.
Así lo expresó al ser entrevistado en el programa “El Ciudadano”, emitido por televisión en la región, que se halla disponible en Youtube, a través del canal El Ciudadano Necochea.
Las primeras piezas del Puente Colgante “Hipólito Yrigoyen” llegaron a Necochea en 1926, transportadas por el buque Pampa desde Francia. Habían sido fabricadas en los talleres de La Gironda, pero el proyecto no fue francés: el diseño correspondió al ingeniero Pascual Santiago Palazzo, proyectista y responsable técnico de la obra.
Freitas lo resume con una particular comparación: el puente fue “engendrado” en 1926, tuvo su tiempo de gestación, “dio a luz” en 1928 y recibió su partida de nacimiento en 1929.
La fecha oficial es el 21 de julio de 1929. Pero para el arquitecto, reducir la historia a ese día significa perder una parte sustancial del proceso. El puente ya había sido construido y utilizado antes de que llegaran las autoridades para inaugurarlo. “Porque la vida es superior a los papeles y a las ceremonias”, sostiene.
La construcción del puente significó, además, dejar atrás el sistema de balsas que hasta entonces permitía cruzar el río. La necesidad de contar con una conexión permanente terminó imponiéndose incluso sobre los tiempos de la burocracia.
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Una historia francesa
El vínculo con Francia vuelve a aparecer cuando se repasan los antecedentes materiales de la estructura.
Freitas destaca un documental realizado por “Los chatarreros de Quequén”, una pareja radicada en Francia que se dedica a investigar y recuperar historias y objetos que relacionan a ese país con la Argentina.
El audiovisual, titulado “La Madre”, contiene imágenes de los talleres franceses donde fueron construidas las piezas metálicas del Puente Colgante. Allí aparece también Freitas, mencionado como autor de un libro dedicado al tema.
Pero hay otro dato llamativo: en los mismos talleres de La Gironda se construyeron las piezas de otro puente colgante instalado sobre la laguna de Setúbal, en la provincia de Santa Fe. Freitas los define como “hermanos mellizos, pero no gemelos”: tienen semejanzas, aunque también diferencias.
El destino de ambos terminó siendo muy distinto. El puente de Setúbal se cayó en 1983 y debió ser reconstruido. El de Necochea-Quequén, en cambio, permaneció en pie y resistió incluso la histórica inundación de 1980.
Y allí aparece otra de las razones por las que Freitas considera que la estructura merece una mirada especial.
Según explica, apenas tres o cuatro puentes de aquellas características permanecen en el mundo en su estado original. El Puente Colgante “Hipólito Yrigoyen” es uno de ellos. Muchos otros fueron destruidos durante los bombardeos de las guerras europeas.
Mucho más que una estructura
A su criterio, el valor del puente no está solamente en su antigüedad ni en su particular sistema constructivo. También representa una muestra del conocimiento y la capacidad de los profesionales argentinos.
Las piezas fueron fabricadas en Francia, pero detrás de la obra hubo argentinos. Y entre ellos destaca a Pascual Santiago Palazzo, responsable del proyecto.
La reivindicación tiene, para el arquitecto, una lectura más amplia: muchas de las grandes obras que se observan en nuestro país pueden presentar una apariencia asociada a modelos extranjeros, pero detrás de ellas hubo profesionales y trabajadores argentinos que hicieron posible su concreción.
Y esa misma mirada conduce directamente hacia otro capítulo de la historia local:
Huergo y Puerto Quequén
Freitas prepara una serie de publicaciones destinadas a reconstruir la historia de Puerto Quequén y anticipa que serán seis tomos.
El primer volumen parte de los primeros recorridos registrados por la zona, protagonizados por los jesuitas, que arribaron en 1748 y llegaron incluso a denominar San José al río, desconociendo su nombre originario en mapuche Kem Kem, expresión que significa “río de barrancas altas”.
Entre aquellos primeros recorridos y el puerto que hoy conocen los habitantes de Necochea y Quequén ocurrió una transformación decisiva.
Según Freitas, el primer cambio gran cambio geográfico producido en Necochea fue la modificación de la desembocadura del Río Quequén. El protagonista fue el ingeniero Luis Alberto Huergo.
“Huergo le cambió la desembocadura al Río Quequén”, resume.
Freitas lo considera un visionario. Y recuerda que Huergo había elaborado también un proyecto para el puerto de Buenos Aires, aunque finalmente el gobierno de entonces optó por la propuesta del ingeniero Eduardo Madero.
Su conclusión es contundente respecto de esa cuestión: “Puerto Madero, como tal, nunca funcionó”.
El segundo tomo de la historia que prepara Freitas está dedicado, precisamente, al período que comienza con aquella modificación de la desembocadura del Río Quequén y llega hasta la licitación internacional que permitió avanzar hasta el Puerto Quequén actual
En ese recorrido histórico aparece también el presidente Marcelo T. de Alvear. Este, según Freitas, observó que pese a las inversiones realizadas, el de Quequén seguía sin superar la condición de puerto de cabotaje. Y no alcanzaba a convertirse en puerto de ultramar.
Ese cambio se produjo en menos de seis años, apoyado en una estructura que define como una humilde Dirección de Puertos y Vías Navegables.
Atractivo turístico
La mirada de Freitas sobre el Puente Colgante no se queda en el pasado. Apunta también al turismo. Recuerda que ciudades de todo el mundo promocionan sus grandes puentes y organizan recorridos para conocerlos.
Menciona como ejemplo el puente de Brooklyn, que conecta ese distrito con Manhattan, en Nueva York.
Freitas sugiere a quienes trabajan vinculados al turismo que recorran el Puente Colgante y aprovechen su singularidad: la posibilidad de atravesar el Río Quequén sobre una estructura casi centenaria, contemplando al mismo tiempo la belleza del paisaje natural que la rodea. “Hay que fomentar esos paseos”, propone.
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