Primeros vecinos y fundadores de Necochea
Fonderos, cocheros, ladrilleros, comerciantes y chacareros fueron los primeros pobladores del pueblo fundado en octubre de 1881. Entre ellos incluso se encontraba un ex militar que le habría dado el tiro de gracia a Camila O’Gorman
JUAN JOSE FLORES
Redacción
En la copia del acta fundacional de la ciudad, que se encuentra a los pies del monumento a Angel I. Murga, en 58 y 61, se pueden ver los nombres de los vecinos fundadores de Necochea.
Lo que muchos no saben es que aquellos son los nombres de unos pocos vecinos del pueblo que se estaba fundando. Muchos no figuran en el acta porque no sabían escribir por lo tanto no podían firmar.
Juan Capurro fue uno de esos fundadores y primeros pobladores de Necochea. Su hijo Luis Capurro escribió hace casi cien años un artículo que se publicó en Ecos Diarios y que hacía referencia a los vecinos del pequeño pueblo.
“El grupo de los primeros fundadores fue más bien numeroso y procedía de Ayacucho, Tandil, Juárez, Balcarce, Maipú y otros puntos de la región”, escribió Capurro y recordó que su padre Juan “llegó a Necochea en 1881 con Antonio Vatteone, con quien hicieron un viaje en su sulky desde Ayacucho”.
“Mi padre levantó una casita con chapas de zinc en la esquina de las calles Gonzales Chaves y Angel I. Murga y Vatteone una pieza en el sitio que hoy ocupa el edificio del Banco Provincia, estableciéndose con relojería y platería, que fue la primera en su ramo en Necochea”, recordaba.
Ese local lo ocuparía más tarde don Remigio Alonso, con la agencia de galeras y estafeta postal.
De acuerdo a Capurro, “Alonso fue el primer maestro (varón) de Necochea. No poseía título, pero tuvo a su cargo la enseñanza de una escuela oficial. En 1886 se casó en segundas nupcias con la maestra Corina Girado, que era empleada de la escuela de Lola Rom, y ese año se ausentó a Dorrego”.

De fonderos y cocheros
Capurro había nacido en Ayacucho, desde allí salió con su familia en 1882 para reunirse con su padre.
Realizaron el viaje en galera y cruzaron el río Quequén en la balsa de don Ezequiel Olivera, que “funcionaba en el paraje frente a los mataderos municipales, a cargo de Francisco Del Papa, a quien le llamaban el balsero y siguieron llamándole así por muchos años, cuando ya tenía la ocupación de cochero”.
Uno de los primeros comerciantes fue don José Antonio Dopico, que había llegado de Tandil en 1881. Y la primera fonda la estableció aquí Chaparro, “un fondero” de Balcarce, quien envió de encargados de su negocio a Severo Perujo y Balbino Corral.
“Estos le compraron la fonda a Chaparro y al poco tiempo le vendieron (el negocio) a Juan Marino, Santiago Torné y Mateo Demarmels, que llegaron de Maipú”, recordaba Capurro. Torre y Demarmels continuaron después con el nombre de “Hotel Amistad”.
El primer médico de Necochea fue el doctor Angel Santos. “Este galeno visitaba en un caballo alazán los domicilios de los enfermos; poco después adquirió un carruaje algo usado para hacer sus visitas”.
Pero antes de que llegara Santos, un curandero italiano, Antonio Maturi, se hacía cargo de curar las enfermedades. En tanto, Tomás Aquerreta fue el primer boticario de la naciente ciudad y “la señora de Malé, conocida por “La Cordobesa”, fue la primera partera”, escribía Capurro en aquella legendaria crónica.

De zapateros y oficios
El memorioso cronista también recordaba a José Ferraco, uno de los primeros zapateros de la ciudad. Instaló aquí la zapatería “La Coqueta del Río de la Plata”, con la que le comenzó a hacer competencia a Francisco Mariscot, que había llegado antes a Necochea.
En 1881 también habían llegado el ya citado Olivera, Juan Herrera (que fue juez de Paz), Juan Garralda, empresario de galeras; Tiburcio Abinzano, fondero y dueño de una cancha de pelota y también José Elizalde, conocido por Echelar, también fondero.
Juan Garay fue uno de los primeros horneros y era conocido por el apodo de Zapelzuri, que en vasco significa gorra blanca. Mientras que el primer herrero fue un tal Filippini, quien tenía como ayudante a un ex sargento de nombre Teodoro Míguez.
De acuerdo a Capurro, Míguez fue quien “le dio el tiro de gracia a Camila O´Gorman, fusilada por orden del tirano Rosas”.
Otro vecino pionero fue Manuel Campos, un carpintero que tenía su taller en una casilla que ocupaba el terreno donde luego se construiría la Euzkalduna, hoy calle 64 y 63.
Mientras que José Giosto, quien años más tarde sería conocido como “el sulkero”, fue en un principio el alambrador que se encargaba de colocar los alambrados que dividían los lotes del pueblo de Necochea. En tanto, don Luis Bricchetto fue el primer librero de la naciente población.
“Felipe Bringas fue encargado del almacén que tuvieron don Angel Murga y González en una de las esquinas de la avenida Pellegrini, frente a la plaza. En la otra esquina estuvo la escuela de Remigio Alonso”, recordaba Capurro.
“Gregorio Vicondo fue el primer lechero y Bernardo Dindar uno de los primeros carniceros. Bautista Casenave, padre de Felipe, el empresario de carruajes, vivía el 81 en una quinta al fondo de la avenida Pellegrini, frente al chalet Las Rosas, que fue de Román De Lucía y posteriormente de López Cabanillas”.
Los chacareros
Otro de los pioneros fue Gerónimo Juliano, que llegó solo a la zona y luego trajo a sus hermanos Miguel, Pepe, Rafael, Juan Arcángel y Antonio. Las chacras que adquirieron, eran conocidas como las de los "siete hermanos".
Los Juliano eran agricultores. Se dedicaban la mayoría de ellos al cultivo de trigo, maíz y papas, y también a la cría y engorde de cerdos.
Lindera a la chacra de Gerónimo Juliano se encontraba otra, denominada "El Mirador", que era propiedad de Domingo Gavio.
Otros chacareros de la época fueron Juan Arriola, Julio Rasmussen y Sofío Knudsen, que sembraron trigo por primera vez en Necochea en 1882.
Juan Boghera, conocido como El Carbonero, fue otro de los chacareros de aquella primitiva Necochea. Construyó una casa de altos con tosca natural. Enfrente, se encontraba el tambo de Iribarne.
Mientras la ciudad crecía, los pobladores necesitaban ladrillos para construir sus viviendas y Andrés y Victorio Fontana, que habían llegado de Ayacucho, instalaron un horno sobre la avenida Del Valle (hoy 58), al lado de la chacra de Indalecio Ares.
Otro hornero fue Guillermo Etchemendi, a quien llamaban Guillén.
Mientras que José Blois, vivía en una quinta en la avenida Alsina (hoy 59) y al lado residía Anonio Apio.
Con los años, los nombres de estos primeros vecinos fueron olvidados y hoy sólo se recuerda a aquellos cuyas firmas aparecen en el acta fundacional. No obstante, todos ellos ayudaron a construir la ciudad con su trabajo y su amor por el suelo que eligieron como su lugar en el mundo.///
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