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—Hola, buen día… ¿cómo andás? Caminamos ….
—Bien, bien, dale caminemos…. mirá cómo está Neco, la verdad que da gusto. La playa a full, gente por todos lados, familias enteras disfrutando, ese clima que te hace decir “esto es verano”.
—Tal cual, una postal. Sombrillas bien plantadas, reposeras desde temprano, chicos jugando, el mar acompañando y ese ruido justo, sin desborde. Cuando la ciudad se llena así, se nota enseguida que está viva.
—¿Pasaste por la Feria de las Colectividades ?
—Sí, imposible no pasar. Estaba explotada de gente, una cantidad impresionante. El Parque Miguel Lillo lleno, banderas, luces, música… todo muy bien armado.
—Me quedé un buen rato. Gastronomía por todos lados, aromas mezclados, gente probando, comentando, riéndose. Se respiraba algo lindo, familiar.
—Eso es lo bueno de la feria, no necesita grandes discursos. Es cultura, comida y encuentro, todo junto y funcionando.
—¿Qué comiste?
—Arranqué por el Centro Vasco, imposible esquivarlo, estaba lleno. Después algo de los españoles, paella y tortilla, y terminé picando algo italiano.
—Los italianos siempre rinden, pizzas, piadinas, polpette, tiramisú… no fallan nunca.
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—Y arriba del escenario, muy buenos espectáculos. Los ballets, los trajes, los colores. Se nota el laburo de las colectividades, no es improvisado.
—Veintidós ediciones no se sostienen solas. Hay organización y ganas, eso se ve.
—Me gustó el mensaje del inicio, ese de las raíces y el crecimiento.
—Sí, estuvo bien. Va con el espíritu de la feria y con lo que se vivía ahí.
—La verdad, ¿qué más podemos pedir? Días así de playa, y a la noche una vuelta por la feria, buena comida, música, gente disfrutando.
—Nada más. Son esas cosas simples que hacen que el verano valga la pena.
—Viste… cuando la ciudad se ordena sola y las cosas se hacen bien, pasan estas cosas.
—Sí, ahí te das cuenta de lo que Necochea puede ser cuando todo acompaña.
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—Todo muy lindo, ¿no? Mirá lo que está Necochea… la playa llena, la feria de las colectividades explotada de gente, familias paseando, música, comida, colores. La verdad, una postal hermosa.
—Sí, eso no se puede negar. Estos días la ciudad muestra su mejor cara: de día playa y de noche la feria, buena comida, espectáculos, un clima alegre. Dan ganas de quedarse y disfrutar.
—Pero caminás un poco más y el contraste te pega de frente.
—Tal cual. Salís de la postal y entrás en otra película.
—Trapitos por todos lados, cobrando como si fueran dueños de la calle, extorsionando a la gente para estacionar. No es “cuidar”, es apriete.
—Y encima te cobran el estacionamiento medido que no es de ellos. Pagás dos veces o directamente pagás por miedo. Eso ya no tiene nada de informal: es extorsión.
—Los comerciantes están que explotan, y con razón. Veredas tomadas, manteros vendiendo sin ningún tipo de control, competencia desleal a pleno.
—Claro, el que paga alquiler, impuestos, tasas, habilitaciones, mira todo eso y se pregunta para qué hace las cosas bien.
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—Después ves que la Fiscalía pide que detengan a los trapitos…
—Y a las horas están de nuevo en la calle , la Jueza los libera……….
—Siempre el mismo discurso: los derechos humanos, los pobrecitos.
—Sí, derechos humanos para los delincuentes. Para el vecino, para el laburante, para el comerciante, nada.
—Dejémonos de jorobar, esto no es sensibilidad social. Es desidia.
—Es falta de decisión política, lisa y llana.
—¿Qué ciudad queremos al final? ¿Una donde cada uno hace lo que quiere o una ciudad ordenada, con reglas claras y que se cumplan?
—Porque una ciudad turística, que dice querer grandes inversiones, no puede funcionar como tierra de nadie.
—Encima escuchás funcionarios decir que no pueden hacer nada, que no tienen autoridad, que no tienen poder de policía.
—Una locura. Lean la Constitución provincial. El municipio sí tiene herramientas para ordenar el espacio público.
—No puede ser que por un lado hablen de vender el Casino, de atraer capitales, de proyectos grandes…
—Y por el otro dejen la ciudad convertida en un mercado persa, sin control, sin reglas, sin presencia del Estado.
—Las inversiones no llegan al caos. Llegan al orden, a la previsibilidad.
—Exacto. Nadie invierte donde reina la anarquía.
Seguimos caminando un rato más, mirando la gente pasar.
—Es una lástima, porque Necochea tiene todo para estar bien.
—Sí… pero sin orden, lo lindo dura poco. Y después no hay feria, ni playa llena, ni discurso que lo tape.
—Qué calor que hizo estos días, ¿eh? Insoportable.
—Terrible. Menos mal que llegó la lluvia y bajó un poco la temperatura, se respiró distinto.
—Sí, para el campo siempre es una buena noticia, el agua viene bien aunque no alcance del todo.
—Claro, para el campo suma, pero para el turismo no tanto. Necesitamos días lindos, sol, playa, eso es lo que mueve la ciudad en esta época.
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—Igual el calor fue bravo. Escuché en Ecos Agro, por la 97.9, que con estas temperaturas los animales sufren estrés calórico.
—Sí, lo dijeron. La pasan mal, bajan el rendimiento, hay que cuidarlos más, darles sombra, agua, estar atentos.
—Uh, mirá… eso me hace acordar a otra cosa.
—A ver…
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—¿Te enteraste de la nota que presentaron algunos concejales al presidente del Concejo?
—No… ¿qué nota?
—Piden ventiladores porque el calor afecta la labor legislativa.
—¿Me estás jodiendo? Decime que es una joda.
—No, no. Es posta. Nota formal, firmada y todo.
—Ah, con razón ahora entiendo por qué la ciudad está como está.
—Claro… sufren de estrés calórico los concejales.
—Jajajaja, ahora cierra todo.
—Pobres, ¿no? Con ese calor no pueden trabajar.
—Y mirá… si trabajar es decir “vería con agrado” en cada expediente, entiendo que el calor los agote.
—En vez de pedir que se controle la ciudad, que se ordene el espacio público, que se hagan cumplir las normas…
—Piden ventiladores. Prioridades claras.
—Debe ser durísimo levantar la mano con 30 grados.
—Ni hablar de leer un proyecto… eso ya debe ser actividad de alto riesgo.
—Bueno, ahora que refrescó, se supone que van a trabajar más tranquilos.
—Sí, ahora sí. Con clima templado, seguro arrancan.
—¿Vos decís que ahora van a resolver todos los problemas de la ciudad?
—Jajajaja, obvio. Con ventilador nuevo y sin estrés calórico, Necochea despega.
Seguimos caminando, riéndonos.
—Al final, el calor no era el problema.
—No… el problema es que, con o sin ventilador, no se les cae una idea.
Seguimos caminando un rato más, viendo pasar a la gente, valijas en mano, autos cargados hasta el techo y ese movimiento típico que marca el cambio de quincena.
Nos despedimos ahí, sin más vueltas.
La expectativa está puesta en eso, que el verano siga, que el tiempo acompañe y que la segunda quincena encuentre a Necochea llena de gente, de vida y de ganas de disfrutar. Chauuu!!!! hasta la próxima
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