“No es la pantalla lo que hace mal, sino la falta de interacción humana”
El neurocientífico Hernán Aldana Marcos disertó en Necochea sobre el impacto de la tecnología en los chicos y adolescentes
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Julieta Moreno
Redacción
“Lo primero que tenemos que hacer con nuestros hijos en esta era digital es volver a amarlos e interactuar con ellos. No son tan tremendas las pantallas en sí, salvo que los contenidos sean inadecuados. El problema no son las pantallas, sino la falta de interacción con los papás, los hermanos, la naturaleza, los juegos”, explicó el neurocientífico Hernán Aldana Marcos.
El reconocido divulgador científico y especialista en Neurociencia y Educación visitó este viernes nuestra ciudad para ofrecer dos charlas. La primera de las propuestas se tituló “Cómo cuidar a nuestros hijos en la era digital”, abierta a toda la comunidad, y la segunda giró en torno al “Cuerpo, mente, enseñanza y aprendizaje” y estuvo dirigida a los docentes. Ambas conferencias buscaron generar reflexión y brindar herramientas sobre el modo en que la tecnología impacta en el desarrollo infantil y adolescente, y sobre cómo el cuerpo y las emociones intervienen en los procesos de aprendizaje.
La actividad, que se realizó en el Teatro Municipal, estuvo organizada por los establecimientos educativos privados de nuestra ciudad.
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La interacción en
los primeros años
En diálogo con el programa “Punto de Vista” de Ecos Radio, Aldana Marcos reflexionó sobre los desafíos de la crianza en tiempos de pantallas y advirtió que el verdadero problema no radica en los dispositivos, sino en la pérdida del vínculo y la interacción humana.
El especialista señaló que muchos padres, por las exigencias laborales y el cansancio cotidiano, recurren a la tecnología como una forma de entretenimiento o contención para los más chicos. Sin embargo, remarcó que lo que se pierde en esos momentos son instancias clave para el desarrollo socioemocional.
“Está faltando más interacción sobre todo en los primeros años, donde hay tantos aprendizajes del lenguaje y de las emociones”.
Según Aldana Marcos, las primeras experiencias cara a cara —jugar, frustrarse, animarse, superar miedos, aprender a esperar o a compartir— son fundamentales para construir una base emocional sólida. Cuando esas vivencias son reemplazadas por la exposición temprana a dispositivos digitales, se debilitan habilidades que acompañan al niño durante toda la vida.
El neurocientífico señaló que los chicos recién deberían tener un celular propio entre los 12 y 13 años, y recomendó postergar el acceso a redes sociales hasta los 16. Aun así, señaló que cada caso debe evaluarse según la madurez y el entorno del niño.
“Si criaste un hijo que comparte, hace deportes, tiene límites y se quiere físicamente, quizás pueda tener un celular antes. Pero si es un chico no se conoce, ahí está el peligro. Con prohibir no alcanza; hay que preparar”.
En ese sentido, destacó la importancia de alfabetizar digitalmente a los hijos antes de regalarles un dispositivo: “Hay que enseñarles cómo funcionan los algoritmos, por qué atrapan, y establecer reglas claras”, expresó en relación al tiempo que lo puede usar, dónde y a la posibilidad de que el padre pueda revisarlo en cualquier momento.
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La importancia
de conocerse
El especialista también advirtió sobre la falta de tiempo de soledad y aburrimiento en la vida actual, una instancia clave para el autoconocimiento: “El problema es que tanto nosotros como nuestros hijos ya no tenemos tiempo de estar solos. Y en esos momentos es cuando uno se conoce, cuando puede pensar hacia adentro. Hoy los adolescentes y los niños no se están conociendo y las redes, que son adictivas, no los dejan hacerlo”.
En cuanto al uso de celulares en la escuela, el especialista afirmó que aún no existe evidencia científica concluyente sobre sus efectos, aunque considera que no debe abordarse desde la prohibición. “Se aprende con la tecnología cerca, porque las prohibiciones generan más deseo. Hay que preparar a los docentes, a los padres y a los chicos para convivir con ella de manera saludable.”
Las charlas fueron una oportunidad para repensar la crianza y la enseñanza en tiempos digitales, donde la tecnología convive con el desafío de mantener viva la conexión humana que nos forma, nos educa y nos protege.///
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