Necochenses fueron parte de la 52ª Peregrinación a Luján
Tres historias de fe, esfuerzo y superación durante más de 60 kilómetros hasta la Basílica
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JUANA FERNANDEZ CAPPI
Para Ecos Diarios
El sábado pasado se realizó la 52ª edición de la Peregrinación a Luján, que reunió a miles de personas de todas las edades. Desde el Santuario de San Cayetano, en Liniers, los peregrinos emprendieron un recorrido de más de 60 kilómetros hasta la Basílica de Nuestra Señora de Luján, bajo el lema “Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos”.
Entre ellos estuvieron decenas de necochenses que viajaron especialmente para participar de una de las manifestaciones de fe más multitudinarias del país.
Darío Ferreyra, dueño de “Me llevas” y organizador de un viaje que salió desde Necochea, compartió que 60 necochenses viajaron el viernes por la noche al kilómetro 0 para peregrinar. “Los viajes de turismo religioso tienen un plus de gratificación. Es hacer lío, como decía el Papa Francisco, y anunciar a Jesús viajando y siendo un puente para que otros tengan este tipo de vivencias tan personales y significativas”, compartió.
“No abandonar nunca”
Liliana Morantes tiene 65 años y tenía la peregrinación como un sueño pendiente, que con los años se fue postergando por diferentes razones y que este sábado se concretó. Según compartió, “los primeros 30 kilómetros estuvieron bien, pero a partir de Rodríguez se empezó a sentir el cansancio”. Para entonces, ya había caído la noche y la travesía comenzó a complicarse: “si paraba, no podía volver a arrancar, mis gemelos parecían de piedra”.
Por amontonamientos en la entrada a la Basílica, no llegó a ingresar. “Se entra por un lateral y el embudo de gente que se hace, más el cansancio, te hacen perder la estabilidad. Te vas chocando con otros y ahí es donde más gente pide asistencia y hasta se desmaya”, explicó.
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En este sentido, destacó la asistencia de los bomberos, la Cruz Roja y los puestos de asistencia. “Todo el camino nos fueron dando ánimos, apoyándonos en todo”, confesó.
Expresó que la volvería a hacer, sin dudarlo: “Uno llega destruido, pero con una emoción muy grande de haber llegado”. Según ilustró, fueron 60 kilómetros de agradecimiento, de oración por seres queridos, personas enfermas y otros peregrinos.
“Es todo muy loco y muy lindo, una experiencia única. La enseñanza es no abandonar nunca, seguir adelante. Hay que sentirlo y hay que pasarlo, con las palabras no se puede explicar la sensación”, concluyó.
“Difícil de explicar”
Ayelén tiene 38 años y describió su experiencia como “increíble, profunda y difícil de explicar con palabras”. Para Ayelén fue un viaje de agradecimiento y de pedido de fuerzas y acompañamiento en la salud, el trabajo y la familia.
Al principio se sintió nerviosa, con muchas dudas. Dudaba si podría lograrlo: “Me preguntaba si realmente tendría fuerzas para completar el camino. Por momentos, tuve miedo de fracasar”. Pero siguió y, con cada kilómetro recorrido, fue dejando ese miedo atrás.
“Fueron 60 kilómetros de esfuerzo, cansancio, fe, oración, reflexión y amor”, ilustró. Decidió hacerlo por sus seres queridos, por quienes necesitan fuerza, esperanza y oración. También lo hizo por ella, “para demostrarme que podía superar mis propios miedos y continuar aun cuando apareciera el cansancio o la duda”.
Al llegar a la Basílica, lo hizo con “el corazón lleno de fe y gratitud”. Además, con el deseo de que “podamos encontrar fuerzas para atravesar lo que venga y, sobre todo, que podamos estar en paz”.
“Ni físico ni cabeza, fe”
Federico Pineda tiene 32 años y realizó este sábado su cuarta peregrinación a Luján. La lluvia que lo acompañó hasta Merlo la convirtió en “un nuevo desafío a superar”, que no se había presentado en otras ocasiones.
La brisa del mediodía les permitió a los peregrinos secar su ropa y acomodarse. Para Pineda, al llegar a Rodríguez se convirtió en una “caminata muy dura”, debido a la cantidad de gente que se incorporó y al ritmo lento de caminata, que agudizó el cansancio.
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Los últimos kilómetros, lo llevó la fe. “La última parte no es con físico ni con cabeza, es con fe”, afirmó. Además, resaltó la amabilidad y el aliento que recibió de otros peregrinos: “Te alientan, dan ánimo, acompañan, te llevan la mochila un rato. Eso es algo que me queda en el corazón, algo increíble”.
“Se vive con mucha fe y entusiasmo, con muchas ganas de llegar cuando estás cansado. Se disfruta cada momento, cada paso, cada kilómetro. Es una experiencia espectacular”, concluyó, afirmando que, sin dudas, la volvería a hacer.
“La fuerza de la Virgen”
Un grupo de 12 “amigas de amigas”, que habían hecho en otras ocasiones la procesión a Costa Bonita y se debían la peregrinación a Luján, este año coincidieron y pudieron hacerla: salieron a las ocho de la mañana y llegaron a las once de la noche.
“Esa compañía, apoyo y sostén no se compara con nada. Si no hubiese sido por ellas, no llegaba”, se admitió. En un intento por describir lo indescriptible, se expresaron que sintieron “la fuerza de la Virgen que te lleva y te moviliza el corazón”.
Con esfuerzo, perseverancia y apoyo mutuo entre amigas, lograron llegar a la Basílica. Al subir al colectivo para emprender la vuelta, “todas dijimos ‘nunca más’, pero hoy, todas coincidimos en que lo volveríamos a hacer”.
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