Necochea y Quequén reinventan el concepto de los hostels
Una opción de alojamiento flexible para todos los gustos
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ROCÍO MAGALÍ SÁNCHEZ
Para Ecos Diarios
Lo que comenzó como una alternativa económica pensada para mochileros o viajeros solitarios, hoy es un modelo flexible que combina privacidad, servicios y espacios comunes. En Necochea y Quequén, los hostels atravesaron en los últimos años una transformación profunda, impulsada por las necesidades de los turistas que visitan la ciudad y, especialmente, por el impacto de la pandemia.
Eduardo Otero, responsable de Che Neco (calle 4 entre 87 y 89) y Che Mar (79 entre 8 y 10), explicó que el proyecto nació en 2019 bajo la firma Che Neco. “Arrancó el hostel, luego nos agarró la pandemia y pasado eso tuvo muy buena devolución”, señaló. Según detalló, en la ciudad existía un público joven, viajeros solitarios o en grupo, pero no había demasiada oferta acorde a ese perfil.
Sin embargo, el modelo inicial fue mutando. “Hoy vendemos los cuartos de hostel con el servicio de habitación privada. Resuelve un alojamiento a buen precio que cuenta con acceso a la cocina y espacios comunes”, señaló. Todas las habitaciones poseen baño privado, desayuno tipo buffet, limpieza, ropa de cama, toallas y amenities. Además, los huéspedes pueden utilizar heladeras y cocinas.
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Uno de los fenómenos que más destacó Otero es la llegada de familias a este tipo de alojamiento. “El 80 por ciento de las familias nunca habían estado en un hostel antes, hacemos el bautismo. Algunos tenían un prejuicio y si no hubiera sido por la oferta que brindamos no se hubieran animado”, sostuvo. La dinámica ocurrió con La Renga o del lugar aseguró, genera “una onda más cercana y familiar”.
La oferta es diversa: habitaciones séxtuples, cuádruples individuales y familiares, triples, dobles y camas individuales en habitaciones compartidas, aunque estas últimas representan un porcentaje menor. “Si hubiésemos tenido solo camas compartidas, nos hubiéramos fundido”, reconoció. También remarcó que la ocupación aumenta con eventos masivos, como recitales, como ocurrió con La Renga o el de Karina. No obstante, advirtió que Necochea aún necesita mayor infraestructura y accesibilidad para consolidar su público objetivo: “Hay que ofrecer más infraestructura, más accesibilidad, tener alquiler de autos, motos, bicicletas. Falta desarrollo urbanístico y por eso cae la demanda. No es una queja, sino una crítica real”.
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Quequén, no solo surf
En Quequén, el fenómeno tuvo un recorrido pionero. Pablo García abrió Quequén Lodge, ubicado en la calle 533, en 2011. “Fui el primer hostel de Quequén y creo que en Necochea tampoco había en ese momento, era una novedad”, recordó. Su experiencia previa en Esquel, donde alquiló un hostel “para aprender y matar la curiosidad sobre esta modalidad que tanto había usado en mis viajes y acá aún no llegaba”, fue clave para traer el concepto a la zona.
“Los primeros años fueron maravillosos. Estaba solo como hostel, venía mucha gente, trabajaba con voluntarios. Siempre Quequén tuvo un público apuntado al surf y en el ambiente se viaja mucho, así que este alojamiento ya era una opción para ellos”, contó. Con el tiempo, la oferta de alojamiento creció: departamentos, casas y nuevos emprendimientos acompañaron el crecimiento de Quequén como destino “de moda”.
La pandemia marcó un quiebre. “La gente dio un giro radical en la forma de viajar y pensar, entre muchas cosas no querer compartir espacios y ahí se nos cambió todo”, explicó. La respuesta fue reconvertirse al formato bed & breakfast. Las habitaciones compartidas con cuchetas se transformaron en cuartos confortables con baño privado (nunca tuvo baños comunitarios) y comodidades como heladera, pava eléctrica, vajilla, mesa, sillas y sillón. El desayuno puede ser seco o incluir un voucher para desayunar “en el balneario La Hélice mirando el mar”.
También en Quequén, pero con una impronta deportiva marcada, Enzo Lubrano impulsa La Casita del Mar, ubicado en el balneario "Monte Pasubio”, un hostel orientado a jóvenes deportistas, especialmente vinculados a los deportes. “Es un hostel pensado para jóvenes deportistas, muy concentrado en el deporte de tablas”, describió.
Este alojamiento tiene 8 dormitorios amueblados con camas simples, dobles y cuchetas más baño interno completo junto al comedor y cocina común equipada y con vista al mar.
El lugar funciona todo el año y los fines de semana largos suelen estar completos con grupos que contratan paquetes que incluyen pensión completa, clases de surf y actividades. Fuera de esas fechas, llegan grupos pequeños o viajeros independientes que alquilan una cama. “Hemos tenido este año varias estadías largas de 20, 25, 30 días”, detalló.
El complejo tiene capacidad para 32 o 33 personas, cuenta con cocina común, salón, bar, comedor, salamandra para el invierno y una terraza con vista al mar. “En invierno se ven las ballenas desde el living”, señaló. El perfil del huésped se concentra entre los 25 y 40 años y no es un hostel orientado a la nocturnidad: “No es un hostel de jodas. La gente realmente está pensando en agarrar la ola tempranito a la mañana”.
La demanda actual en el ámbito turístico busca precios accesibles, espacios comunes, servicios incluidos y una experiencia de cercanía. En Necochea y Quequén, el modelo se adaptó para sobrevivir y hoy combina lo mejor de ambos mundos.///
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