Necochea y los micros, entre la necesidad, el deterioro y la incertidumbre
Está en curso el pliego para llamar a licitación y poder otorgar la nueva concesión por 20 años del servicio urbano de pasajeros entre Necochea y Quequén.
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Por Jorge Gómez
Para Ecos Diarios
La aprobación del nuevo pliego para licitar el servicio de transporte urbano de pasajeros en Necochea y Quequén marca, probablemente, uno de los movimientos más importantes de los últimos años dentro de la estructura municipal.
No porque el sistema en estos momentos funcione bien. Más bien por lo contrario, es porque llega en medio de un escenario de deterioro visible, con empresas debilitadas, unidades envejecidas, frecuencias irregulares y una transformación cultural profunda sobre cómo se mueve la sociedad.
El expediente ya salió del ámbito del Concejo Deliberante de Necochea y deberá recorrer ahora el circuito administrativo del Departamento Ejecutivo. Según explicó el director de Transporte municipal, Facundo Croci, el trámite pasará por varias áreas hasta llegar a la promulgación formal por parte del intendente Arturo Rojas y del secretario de Gobierno, Jorge Martínez.
Pero la promulgación no será el punto final. A partir de este punto recién comenzará el verdadero proceso licitatorio. Se conocerá el decreto de llamado, publicación en boletines oficiales y el diario, venta de pliegos, presentación de ofertas, apertura de sobres y evaluación técnica. Todo eso, en términos administrativos, demandaría alrededor de 90 días.
Es aquí que aparece el primer dato político y operativo fuerte, dado que los tiempos no cierran. La actual prórroga de las empresas que en la actualidad explotan el servicio vence el 19 de junio y el nuevo esquema no llegará ni remotamente para esa fecha.
Traducido. El municipio debería volver a extender la concesión vigente, probablemente hasta septiembre o incluso más, mientras avanza el proceso de licitación.
No es un detalle menor. Porque el transporte público de Necochea y Quequén vive desde hace años en un esquema de transitoriedad permanente. La concesión original venció en 2008 y, desde entonces, el sistema se sostuvo entre prórrogas, emergencias y parches administrativos. Primero hubo extensiones cortas, luego litigios judiciales y finalmente una polémica prórroga de 15 años sustentada -nacida en 2011- en una discutida emergencia provincial del transporte público.
Ese arrastre histórico explica buena parte del presente. Hoy el sistema opera muy por debajo de lo que exige el nuevo pliego. Este otoño circulan alrededor de 23 micros cuando el futuro esquema establece un mínimo de 40 unidades y un máximo de 60. El promedio de antigüedad de la flota ronda los 19 años y muchas unidades ni siquiera podrían ingresar bajo las nuevas condiciones.
El pliego aprobado fija un piso de exigencias que intenta mostrarse “posible”, una palabra que Croci repite casi como concepto rector. No se trata, según plantea, de un modelo idealizado ni “de Disneylandia”, sino de un esquema pensado para intentar atraer inversiones en una comunidad, sita en la desembocadura del Río Quequén Grande, donde el transporte público de micros perdió centralidad social y rentabilidad económica.
Es por aquí que aparece otro de los debates de fondo. Necochea y Quequén ya no se mueven como hace 30 años. La expansión de la motocicleta, el crecimiento del automóvil accesible, la bicicleta y hasta el auge de los remises modificaron drásticamente la lógica del transporte urbano. La gente dejó de subir al colectivo como antes. Y el golpe final llegó con la eliminación de los subsidios nacionales para el interior del país.
Mientras la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el AMBA concentran cerca del 85% de los subsidios nacionales, el resto del país se reparte apenas el porcentaje restante. Necochea directamente dejó de recibir aportes nacionales y en este tiempo depende exclusivamente del subsidio provincial.
Ese desbalance explica por qué el boleto local, aun siendo caro para muchos usuarios, históricamente estuvo muchísimo más cerca de su costo real que en Buenos Aires. Hubo momentos donde el pasaje en Capital Federal costaba 53 pesos mientras en Necochea rondaba los 400. Hoy la diferencia se achicó, pero el sistema sigue financieramente estresado.
Croci incluso definió en algún momento la eliminación de subsidios nacionales como “el último clavo en el cajón del transporte público del interior”. En ese contexto, la gran incógnita es si aparecerán oferentes.
El nuevo esquema unifica líneas, deja atrás el sistema fragmentado actual y apunta a una concesión integral. Puede presentarse una sola empresa o incluso una unión transitoria. El objetivo oficial es lograr un operador más fuerte y unificado.
El pliego incorpora además algunas herramientas tecnológicas y de seguridad que hoy no existen, por citar GPS en las unidades, monitoreo en tiempo real y “paradas seguras” con tótems equipados con cámaras y botones antipánico conectados al Centro de Monitoreo municipal (COM).
La pregunta inevitable es si eso alcanza para volver atractiva una plaza históricamente conflictiva y económicamente débil. Croci sostiene que sí puede existir interés. Menciona como antecedente el caso de la ciudad de Azul, donde recientemente desembarcó una empresa privada pese a tratarse de un mercado menor al de Necochea. Pero admite también que el contexto económico es complejo y que ninguna empresa hará inversiones si no logra recomponer pasajeros.
Ahí aparece el núcleo real del problema. El transporte público no sólo discute micros, subsidios o antigüedad de unidades. Discute algo más profundo y consiste en si la sociedad todavía quiere utilizarlo. Porque la crisis no es únicamente empresaria. También es cultural.
Durante décadas el colectivo fue el eje de movilidad de los trabajadores urbanos. Hoy compite con motos financiadas, bicicletas, remises, aplicaciones y nuevas formas de desplazamiento individual. Y recuperar usuarios exigirá algo más que un pliego aprobado.
Exigirá frecuencia, regularidad, previsibilidad y confort.
La lógica que plantea el municipio es clara y se referencia a si el usuario sabe cuándo llega el micro, si el servicio cumple horarios y si las unidades mejoran, parte de los pasajeros podrían regresar. Y recién desde este esquema de respuestas el sistema podría empezar a recomponerse económicamente.
Por eso lo que acaba de aprobarse no garantiza una solución. Apenas habilita el comienzo de una etapa. Después de casi dos décadas de prórrogas, emergencias y decadencia progresiva, Necochea intentará licitar nuevamente su transporte público. Pero la discusión de fondo sigue abierta es si todavía existe un modelo viable para sostener colectivos urbanos en ciudades intermedias del interior bonaerense o si el sistema, lentamente, ya empezó a transformarse en otra cosa.
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