“Necochea es una gran ciudad, sólo los que vivimos acá no nos damos cuenta”
Fernando Tripiana afirmó que el distrito tiene “buena gente y una naturaleza increíble”, sin embargo señaló la falta de planificación, de un proyecto consensuado
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JUAN JOSE FLORES
Redacción
Fernando Tripiana nació en Quequén el 13 de enero de 1955 y pasó parte de su infancia frente a la estación de trenes. Su familia, de origen español, llegó a la Argentina luego de haber vivido en Argelia y se radicó definitivamente en la región. Hijo de albañiles y constructores, se formó como Maestro Mayor de Obras en el Colegio Industrial y desde muy joven combinó su vida laboral con una activa participación social.
“He hecho infinidad de cosas en lo personal y en lo social. Siempre me gustó participar”, resumió este capricornio de 71 años, hincha de San Lorenzo, que colaboró durante décadas con clubes e instituciones. Fue futbolista, practicó pádel y todavía recuerda con orgullo una Copa Ecos Diarios obtenida en la categoría veteranos.
Su figura pública comenzó a ser más conocida a partir de la política. Militante histórico del radicalismo, fue concejal durante dos períodos en el gobierno del intendente Daniel Molina y luego se desempeñó como director de Gobierno en el Departamento Ejecutivo municipal.
En diálogo con Ecos Diarios, Tripiana reflexionó sobre su recorrido, la gestión pública, la planificación urbana y las deudas estructurales de Necochea.
La política como herramienta
Para Tripiana, la política partidaria fue siempre una extensión natural de su compromiso social. “Es una herramienta muy interesante. A veces se desvirtúa en los fondos y en los objetivos, pero yo siempre tuve claro que participé en el radicalismo y me nutrí del radicalismo, de sus dirigentes”, explicó.
Recordó la influencia de su hermano Daniel, quien comenzó a militar con la recuperación democrática y llegó a presidir el Comité. “Yo militando a la par, siempre tuve ese defecto de acompañar a los mejores”, señaló.
Su llegada al Concejo Deliberante se dio durante el gobierno de Molina, con una banca que luego renovó. Más tarde, en 2009, asumió como director de Gobierno. “Fue una experiencia interesante. Se aprende mucho y se reconoce todo lo que uno no sabe. La mayoría de la gente intuye, supone y opina, pero la administración tiene reglas, está todo escrito y establecido”, afirmó.
En ese sentido, defendió la existencia de procedimientos y controles. “No es burocracia en el mal sentido. Hay formas y resguardos porque se manejan tantas cosas que, si no estuviera regulado, sería una anarquía”.
Planificar la ciudad
Tripiana destacó al gobierno de Daniel Molina como uno de los últimos intentos serios de planificación urbana. “Lo apoyé porque hubo una decisión política de pensar hacia dónde iba la ciudad, dónde invertir y en qué orden. No es voluntarismo, hay prioridades y recursos limitados”, explicó.
Recordó que varios proyectos quedaron truncos por falta de financiamiento nacional. “Hubo obras planificadas y licitadas cuyas partidas nunca llegaron. La terminal, por ejemplo, quedó con un proyecto profesional y ambicioso que nunca se ejecutó. Lo mismo pasó con la primera etapa de la planta de efluentes cloacales en Quequén”, detalló.
Según Tripiana, la coyuntura política de aquellos años condicionó el desarrollo local. “Al gobierno nacional le prometían recursos a los municipios que después no llegaban, salvo que te alinearas políticamente. Quedamos en el umbral”.
Crecimiento desordenado
Desde su mirada técnica y política, Tripiana fue crítico del crecimiento urbano de Necochea. “No hemos tenido la capacidad, como ciudadanos, de gestionar a través de nuestros representantes las obras que la ciudad merece. Tenemos diagnóstico, pero los recursos aparecen y desaparecen según la oportunidad política”, sostuvo.
Advirtió sobre el desarrollo desigual y la falta de servicios básicos en numerosos barrios. “La ciudad crece sin orden. Quedan barrios aislados, sin agua, sin cloacas, sin asfalto. Dos días de calor y el sistema colapsa”, señaló.
Actualmente participa de un grupo de radicales autoconvocados que impulsa obras alternativas de pavimentación. “Es una opción más económica, pero cuesta instalarla porque la gente está descreída y tiene otras prioridades”, lamentó.
Una ciudad fragmentada
Tripiana describió una ciudad fragmentada con miradas contrapuestas y con una sociedad fragmentada.
Enumeró pérdidas que, a su entender, marcaron el retroceso urbano: “No tenemos espigón, no tenemos casino, no tenemos el puente Ezcurra, ni el puente del ferrocarril. No avanzamos hacia el sur y el parque está permanentemente en discusión”.
Sobre el Casino, advirtió que incluso cuando parece haber consenso, surgen obstáculos que hacen retroceder todo. “Siempre aparece una cuestión legal o jurídica que frena el proceso, se pierde tiempo y se vuelve a foja cero”.
Para Tripiana, uno de los principales déficits de Necochea es la ausencia de un liderazgo convocante. “No ha habido un referente que haya emergido por sobre nuestras miserias, y me incluyo, para converger en un tema central que nos saque de la mediocridad”, afirmó.
También cuestionó la falta de reconocimiento histórico. “Vivimos en el ahora. No reconocemos a nuestros referentes. No bajamos esas figuras a la escuela. Hay gente que hizo muchísimo por la ciudad y nadie sabe quiénes fueron”, señaló, mencionando casos como Gregorio Bard o Angel Murga.
“En los años 20 y 30 se hizo mucho, por eso Necochea fue grande. Hoy no tenemos proyecto hacia adelante ni memoria hacia atrás”, resumió.
Pensar el futuro
Al proyectar la ciudad que le gustaría para sus hijos y nietos, Tripiana fue claro. “No me quejo. Es una gran ciudad, con buena gente y una naturaleza increíble. El río, el puerto, el mar. Solo los que vivimos acá no nos damos cuenta”, reflexionó.
Sin embargo, reclamó mayor preparación de la dirigencia. “Siempre digo que primero hay que capacitarse para hacer política. Yo cuando entré no estaba preparado y lo sufrí. Después vienen los errores, los cuestionamientos y las consecuencias”.
Destacó su recorrido personal y el de su familia, con hijos profesionales desarrollados en el país y en el exterior, y expresó su deseo de que puedan volver. “Me gustaría que regresen a una ciudad ordenada, en crecimiento, hoy superada por otros balnearios”.
Y en ese sentido apuntó a la falta de un plan turístico integral. Reconoció que los contextos cambiaron y que hoy el turista es más exigente e informado. “Hace 300 kilómetros menos y encuentra lo mismo en otro lado”, dijo.
Para Tripiana, el problema es estructural. “Una ciudad de 100 mil habitantes no puede tirar efluentes cloacales al mar. Eso no se discute. Y lo hemos permitido”, sentenció.
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