“Mujeres que inspiran”: de “bachera” a ser parrillera
María Luján Aguirre contó en Desde Temprano, por Ecos Radio, cómo se convirtió en “asadora”, y pasó de lavar platos, a cocinar 50 kg de carne y dar de comer a 200 personas.
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En la sección “Mujeres que inspiran”, que se emite dentro del programa Desde Temprano, por Ecos Radio FM 97.9, María Luján Aguirre compartió una historia que rompe esquemas y pone en valor el trabajo, la constancia y la decisión de animarse. Parrillera del reconocido Parador Ruta 227, Luján contó cómo llegó a ocupar un rol históricamente asociado a los hombres y cómo convirtió un desafío inesperado en un verdadero oficio.
Criada en el campo, en la zona rural de Tandil, Luján creció viendo a su padre encender el fuego y cocinar para reuniones familiares numerosas. “No fue nada planeado, nunca imaginé tener esta profesión”, reconoció, al recordar que su ingreso al parador fue inicialmente en tareas de bacha. Sin embargo, la propuesta de convertirse en ayudante de parrilla marcó un punto de inflexión. “No le tengo miedo al trabajo, me crié así”, afirmó.
Tras apenas dos meses de aprendizaje, y ante la salida del parrillero titular, asumió la responsabilidad completa del puesto. Hoy, lleva más de dos años y medio al frente de la parrilla, cocinando alrededor de 50 kilos de carne por turno, destinados a más de 200 comensales. Costillares, vacío, banderitas, achuras y pollo forman parte de una rutina que combina técnica, paciencia y atención constante al fuego.
Lejos de idealizar el oficio, Luján explicó que el secreto no está en fórmulas mágicas sino en el cuidado del proceso: “No arrebatar la carne, hacerlo despacio, con paciencia”. En una hora, asegura, ya tiene el fuego armado, la carne colgada en estacas y todo en marcha, demostrando una naturalidad que sorprende incluso a los clientes, muchos de los cuales se asombran al verla trabajar.
El reconocimiento también llega desde su entorno familiar. Madre de hijos orgullosos de decir que su mamá es parrillera, Luján destacó el apoyo constante de su familia y de sus compañeros. “Que confíen en uno es clave para sentirse segura”, remarcó.
Antes de cerrar, dejó un mensaje claro para otras mujeres: “Que se animen. Se puede. No hay que tener miedo”. Su historia no solo habla de asado y fuego, sino de romper prejuicios y ocupar espacios con convicción, demostrando que el talento no entiende de géneros, sino de pasión y compromiso.
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