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—¡Buen día! Lo de siempre... un café bien caliente, por favor.
—Ya estaba preparado. ¿Cómo andás?
—Bien... aunque hoy vengo medio soñador.
—¿Soñador? Mirá que todavía es temprano para andar soñando despierto.
—¿Y quién dijo que está mal? A veces los mejores proyectos nacen de una charla de café entre amigos.
—Bueno... entonces soñemos un rato.
—Imagínate esto. Un frente costero lleno de vida. Senderos que invitan a caminar. Bicisendas bordeando el mar. Miradores donde uno se detiene simplemente a contemplar el paisaje, cafés mirando el océano, restaurantes integrados con la naturaleza, espacios públicos cuidados, emprendimientos privados que respetan el entorno, familias disfrutando todo el año y no solamente en enero.
—¡Qué lindo sueño!
—¿Y sabés qué? No es un sueño imposible.
—¿Entonces qué nos falta?
—El otro día leí una frase que me quedó dando vueltas. Decía: "El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos." Es de Marcel Proust.
—Qué buena frase…
—Y pensé inmediatamente en Necochea, porque si hay algo que nos sobra son paisajes. Tenemos sesenta y cuatro kilómetros de playa, un parque único, río, mar, acantilados, dunas. Cada rincón tiene una identidad distinta. La playa de Quequén no se parece a la del centro, la del sur tiene otra personalidad, naturaleza nos sobra.
—Entonces el problema no son los paisajes.
— Lo que nos falta es una mirada distinta, la capacidad de transformar esa riqueza natural en desarrollo.
—Pero turismo ya tenemos.
—Sí... vienen porque la naturaleza hizo muy bien su trabajo, no porque nosotros hayamos sabido agregarle valor.
—¿Cómo sería eso?
—Hay dos caminos. El primero es seguir esperando que el mar haga todo solo, que el parque siga atrayendo visitantes por sí mismo, apostar al milagro geográfico que nos tocó, el otro, entender que la naturaleza es apenas el punto de partida. Que no alcanza con ser lindos, que el paisaje necesita infraestructura, planificación, mantenimiento y una idea de ciudad.
—Como pasa en otros lugares.
—Exacto. Uno recorre la Costa Amalfitana, la Costa Azul francesa, la Costa Brava o la Costa Blanca española y descubre que el encanto no es solamente el mar. Es todo lo que construyeron alrededor de ese mar. Miradores, senderos, bicisendas, cartelería, pequeños cafés, espacios públicos impecables y emprendimientos privados integrados al paisaje.
—¿Y nosotros tenemos con qué competir?
—Claro que sí. Tal vez no tengamos el Mediterráneo ni castillos de siglos de historia. Pero tenemos un patrimonio natural extraordinario. Y mucho más espacio, además hoy el turismo busca otra cosa. Lo dice hace años la Organización Mundial del Turismo, el turismo de naturaleza y de experiencias es uno de los segmentos que más crece, la gente ya no busca solamente una playa; busca vivir algo diferente.
—Entonces tenemos todo.
—Tenemos casi todo. Nos falta planificar, guiar el crecimiento, entender que desarrollo no significa destruir, se puede invertir respetando el ambiente, crecer sin perder identidad, no hay que elegir entre naturaleza o progreso, las dos cosas pueden ir de la mano.
—Y además no deberíamos pensar solamente en Necochea.
—Exacto. Toda esta costa podría funcionar como un gran corredor turístico integrado. Mar del Plata, Chapadmalal, Miramar y Necochea tienen características distintas y complementarias. En vez de competir, podríamos potenciarnos.
—Suena lindo...
—No solamente suena lindo. Es posible.
—¿Y por dónde se empieza?
—Por tener decisión. Porque la desidia suele trabajar muchas más horas que nuestros sueños.
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—¿Sabés qué? Tal vez ese sueño ya empezó a despertar, después de tantos años de abandono, la venta del Casino puede convertirse en mucho más que una operación inmobiliaria. Puede ser la primera señal de que decidimos volver a mirar nuestro frente costero con otros ojos, ojalá sea el comienzo de un proyecto que recupere ese lugar emblemático y marque el inicio del desarrollo que nuestra costa viene prometiendo desde hace generaciones.
Los sueños inspiran, pero el futuro empieza a construirse cuando alguien decide hacerlos realidad.
—Bueno... basta de soñar por un rato. Volvamos a la realidad. ¿Qué pasó esta semana por acá?
—Mirá... hubo varias noticias que, si uno las mira con atención, tienen algo en común: hablan de futuro.
—¿Cómo es eso?
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—La Usina Popular Cooperativa realizó su asamblea anual, aprobó el balance, ratificó a César Arrieta y, lo más importante, anunció una serie de inversiones muy importantes.
—Eso siempre es una buena señal.
—Sin dudas. Porque una cosa es decir que las cuentas están ordenadas y otra muy distinta es demostrarlo con hechos, cuando una institución puede pensar en invertir es porque primero hizo los deberes de la casa.
—¿Y en qué van a invertir?
—Nada menos que en el futuro energético, anunciaron un parque solar que podrá abastecer a unas dos mil viviendas, la continuidad del reemplazo de redes eléctricas para mejorar el servicio y nuevas inversiones para ampliar la red de fibra óptica.
—Eso ya no es mirar el presente. Es planificar, entender que la energía de los próximos años pasa por las renovables y que una ciudad también necesita infraestructura para seguir creciendo, y cuando una gestión muestra equilibrio económico, capacidad de inversión y continuidad en los proyectos, evidentemente entendieron que el camino elegido merece seguir.
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—¿Y por el Municipio cómo viene la mano?
—También hubo una noticia importante. Después de muchos años de espera, se anunció una inversión superior a los ciento ochenta millones de pesos para reparar integralmente la Escuela Técnica Nº 2, el histórico Colegio Industrial.
—Una obra muy necesaria.
—Muy necesaria!!!!!. Se van a impermeabilizar más de dos mil metros cuadrados de cubierta, reparar filtraciones, arreglar cielorrasos y recuperar un edificio que hace años necesitaba una intervención de fondo, ahí también hubo trabajo conjunto, la Provincia, Municipio y Consejo Escolar empujando para el mismo lado. A veces se habla mucho de las diferencias políticas, pero cuando las instituciones logran coordinar esfuerzos, las obras terminan llegando.
—Al final parece que el denominador común fue la inversión, la mejor noticia no es solamente que se anuncien obras, es cuando una ciudad empieza a acostumbrarse a hablar de proyectos, de infraestructura y de planificación. Esas son las noticias que, aunque no hagan tanto ruido como otras, terminan cambiando la calidad de vida de la gente.
Una ciudad crece de verdad cuando deja de administrar urgencias y empieza a construir futuro
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—Hubo otra noticia que nos golpeó a todos, la convocatoria que realizó la familia de Anita para volver a pedir por la autovía de la Ruta 88.
—Es imposible no acompañar ese pedido, detrás de cada reclamo hay una historia, hay una familia que cambió para siempre, una silla vacía, un abrazo que ya no va a volver.
—Y la Ruta 88 vuelve a estar en el centro de la discusión, ruta que conocemos de memoria, que recorremos para trabajar, estudiar, hacer un trámite o visitar a un ser querido. Una ruta que, lamentablemente, también carga con demasiadas historias de dolor.
—Pero eso no debería impedir que pensemos en el futuro. Una autovía reduce riesgos y salva vidas, por eso este reclamo trasciende a un gobierno, a un partido político o a una gestión. Es una necesidad de toda una región.
—Hace años que se promete. Ojalá que esta vez no quede solamente en un nuevo compromiso, en otro anuncio o en otra carpeta. Ojalá que el dolor que hoy atraviesa a tantas familias sirva para impulsar una obra que hace mucho dejó de ser un lujo para convertirse en una prioridad.
—Sería la mejor manera de honrar a quienes ya no están.
Hay obras que no se miden en kilómetros de asfalto, sino en vidas que todavía pueden salvarse.
—Bueno... me voy.
—¿Ya?
—Sí. Me voy con ganas de seguir soñando, pero también con esperanza. Porque cuando una ciudad empieza a hablar de proyectos, de inversiones y de futuro, vale la pena ilusionarse. Ojalá podamos ver desarrollado nuestro frente costero y, algún día, recorrer una Autovía 88 que nos permita disfrutarlo con más seguridad.
—Ojalá.
—Nos vemos la próxima semana... y, mientras tanto, no dejemos de soñar. Después de todo, los grandes cambios siempre empiezan por ahí. Chauuu !!!!
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