Miércoles 20 de diciembre 1995
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Al municipio no le alcanzaban los recursos para pagar los sueldos
“No nos daba vergüenza plantear la reducción de personal. No lo íbamos a esconder”, había señalado el secretario general de la Municipalidad de Necochea, Fernando Ciancaglini.
El secretario general de la Municipalidad de Necochea, doctor Fernando Ciancaglini, había manifestado que “el proyecto de plantear una reducción de personal no nos daba vergüenza. No lo íbamos a esconder”, y añadió que, con los recursos ordinarios que recibía la comuna en ese momento, “era imposible pagar los sueldos, no alcanzaba”.
Recalcó que “estaba previsto que un número importante de agentes fuera transferido de la Municipalidad, en el marco de las concesiones y de las transferencias de la gestión de los servicios, en los cuales los concesionarios, fueran privados, cooperativas u otro tipo de figuras, tendrían la obligación de absorber la totalidad del personal implicado, con garantía de estabilidad”.
“Tendrían, también, la garantía por parte del municipio de que se les pagarían las indemnizaciones correspondientes” y remarcó que “durante un tiempo cobrarían el sueldo del nuevo concesionario y otro monto a título de indemnización mensual”, agregó.
El secretario general había señalado que “la puesta en disponibilidad del personal municipal perseguía dos objetivos. Uno de ellos buscaba alcanzar un mejor funcionamiento de la comuna, con la supresión de un número importante de unidades funcionales”.
“Las mismas —agregó— estaban referidas a un manejo de conducción totalmente horizontalizado. Había infinidad de direcciones, jefaturas de departamentos y de divisiones, con casos reiterados de jefaturas que tenían dos empleados: el jefe y el empleado, y otros extraordinarios, con una jefatura de división unipersonal”.
“Se pretendía refuncionalizar, acotando y marcando claramente las instancias de conducción y unificando las tareas superpuestas. Existían jefaturas de personal en los dos hospitales, superpuestas con la Dirección de Personal de la comuna. Tres áreas hacían lo mismo en distintos lugares. Otro ejemplo eran los talleres de Vialidad Municipal y de los Servicios Especiales Urbanos, destinados a la reparación de maquinaria vial, que estaban a una cuadra de distancia, con dos talleres separados, como si fueran dos municipalidades distintas”, remarcó.
Ciancaglini agregó que “por otro lado, se tendía a reacomodar el gasto en personal. Las remuneraciones estaban fuera de escala, no tenían forma de pirámide. Existían pocos empleados que ganaban notoriamente más que la mayoría, con diferencias de hasta diez veces en el sueldo”. Anticipó que ese personal, mediante los mecanismos dispuestos, “podía quedar fuera de la estructura”.
Puntualizó que, “con respecto al grueso de la transferencia de personal que se tenía diseñado, el trabajo se haría de otra manera”.
Planteó entonces el interrogante central: “¿Cuál era el objetivo?”. Explicó que el municipio recaudaba, en efectivo y sin retenciones, alrededor de 17.500.000 pesos, de un total de 24.000.000 que ingresaban por otros conceptos, y que de esa cifra se gastaban 18.500.000 pesos en sueldos. “De esta manera era imposible pagar los sueldos, no alcanzaba con los recursos ordinarios”, afirmó.
Limpieza en el Raimondi
Mediante un convenio firmado entre la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y la empresa Bagalá, se estaban realizando tareas de limpieza en los distintos cuerpos edilicios del Hogar de Ancianos “Alejandro Raimondi”.
El complejo, ubicado en la avenida 2, entre 75 y 71, databa de la década del ’30 y recibía diariamente la embestida de la brisa marina, por lo cual su fachada había sufrido el deterioro propio del paso de los años.
Según había manifestado la directora del Hogar de Ancianos, Dora Garulli, esta limpieza constituía “un deseo de todos los necochenses”. Se aclaró que dirigentes gremiales, con el apoyo del entonces presidente del Concejo Deliberante de Necochea, Luis Daniel González, habían participado también de las gestiones para concretar esta tarea.
Las autoridades del Hogar habían manifestado sus inquietudes sobre el estado del edificio y, mediante un convenio de trabajo rubricado entre la comuna porteña —propietaria y administradora del predio— y la empresa Bagalá, encargada del mantenimiento y del suministro de alimentos del hogar, comenzaron a ejecutarse las obras.
La limpieza, efectuada con mano de obra local, se realizaba mediante una máquina que inyectaba en las paredes un chorro de vapor de agua y lavandina. Para trabajar en los sectores más altos, el Cuerpo de Bomberos local había puesto a disposición su hidroelevador.
Estudiantes en Necochea
El plantel profesional de Estudiantes de La Plata, posiblemente acompañado por los familiares directos de los jugadores, tenía previsto trabajar en Necochea a partir del 14 de enero de 1996, por el lapso de un mes, período durante el cual tomaría parte en un cuadrangular con otros equipos profesionales.
El conjunto “pincharrata” volvería al trabajo formal en el Country Club de City Bell y, dos días después, se trasladaría a Necochea, donde se alojaría en el Hotel “Moderno”, para entrenar en el campo de juego del Sindicato de Luz y Fuerza.
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