Martes 2 de enero de 1996
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2026/01/treinta.jpg)
En Necochea, se vivía con alegría la llegada del ’96
Ruidoso recibimiento entre los clásicos brindis y deseos de felicidad y prosperidad
Necochea y Quequén habían recibido con alegría, ruido y celebración el nuevo año. La despedida de 1995 y la llegada de 1996 habían comenzado a vivirse desde la noche del 31 de diciembre, cuando la reunión familiar congregaba en torno a la mesa a los seres más queridos.
El feriado dominical había sido una invitación para que las reuniones y las propuestas gastronómicas del fin de año se iniciaran temprano, en una jornada templada que no había sido excusa para que la playa recibiera también a muchos bañistas.
Pero el festejo nocturno había sido lo más atractivo del arribo del primer día de 1996. Cuando la medianoche había traspasado las 24, se había puesto en marcha el nuevo año y la ciudad se llenaba de colorido y de brindis que se multiplicaban. Los ensordecedores ruidos de la pirotecnia y los trabajos en cada casa se vivían por un instante, un momento de emoción y alegría. Los abrazos entre padres e hijos, el cariño a flor de piel, nietos y abuelos, los amigos y los familiares entre sí habían sido el símbolo de una distinta comida y balances.
Como era habitual, la mesa de fin de año se llenaba de alegría y la organización reunía a todos, a centímetros de la Navidad, con los mejores deseos, haciendo balances del año que había terminado y proyectando los objetivos a cumplir, mientras los más pequeños disfrutaban de los juegos, correteando por la casa.
Cuando el helado y el postre estaban sobre la mesa, habían llegado las 24 y Necochea y Quequén habían brindado juntos. El clima había sido el acostumbrado de los festejos de fin de año, con mucha pirotecnia, que en esta ocasión había sido más importante que en otros años. Con bengalas, cañitas voladoras, cohetes, estrellitas y otras tantas formas de celebración, la ciudad se había vestido de fiesta para recibir el nuevo año.
Primer turista de 1996
La llegada del primer turista del año a Necochea se había transformado en una verdadera fiesta, de la que habían participado más de 350 personas, entre autoridades, funcionarios y público en general. Los primeros turistas habían arribado a nuestra ciudad para pasar unos días de vacaciones en Tres Arroyos y habían sido recibidos en la Subcomisaría de Seguridad Vial (ex Caminera) a las 2.20 del lunes 1º de enero.
El operativo había sido organizado por autoridades municipales, funcionarios policiales, representantes de entidades locales y las reinas de Necochea, de los Pescadores y de la Juventud.
Nelson Omar Begueristain, de 47 años, conducía un Peugeot 505 y viajaba acompañado por su esposa Susana Goyeneche y sus hijos, Carolina, de 14 años, y Marcos, de 11, provenientes de Tres Arroyos, con la intención de disfrutar de una semana de descanso en nuestro distrito. Primero con sorpresa y después con emoción, la familia Begueristain había sido recibida con aplausos y una importante caravana, ingresando en confianza y sumándose a la fiesta preparada para recibir a los primeros visitantes del año.
Voleibolista en EE.UU.
Para la joven necochense Maite Tristán, la vida había empezado a cambiar dos años y medio atrás. Su aptitud para el vóley la había llevado a la selección argentina femenina; con ello había llegado una gira por Estados Unidos y la posibilidad de acceder a una beca en la Universidad Seton Hall (New Jersey), donde estudiaba Marketing y practicaba su deporte predilecto.
En ese recorrido, su presente se nutría de ricas experiencias, con un futuro prometedor. Al historiar la forma en que había llegado esta posibilidad, Maite comentaba que “en 1992, en la selección argentina juvenil habíamos hecho una gira por California, donde los entrenadores estadounidenses se habían contactado con las chicas que manejábamos el idioma inglés. Primero se había ido una compañera de equipo, que tenía una tía cerca de New Jersey, y yo había ido a jugar el sudamericano y había rendido quinto año libre en el secundario local, en marzo, y así me había ido”.
En la faz deportiva, Maite Tristán integraba el equipo de su universidad que militaba en la Liga Universitaria del Este de los Estados Unidos, donde se desempeñaba en posición central. “En 1994 habíamos ganado la liga; ahora habíamos renovado varias jugadoras y no habíamos podido clasificar a la ronda final”, explicaba.
Sobre sus estudios, la joven afirmaba que su carrera principal la llevaba adelante en Marketing, aunque por razones de estudio completo había extendido su estadía: “A los 22 años tenía la mitad de la carrera hecha y tenía idea de realizar los Masters, pero no los cubría la beca”.
Sobre su nivel de juego, especificaba que “lo había mantenido y mejorado en técnica. Lo nuestro, refiriéndose a la selección argentina, sobresalía en su momento, porque Estados Unidos no poseía selecciones juveniles, ya que las jugadoras de esa edad estaban en escuadras universitarias”.
La necochense era clara al decir que “el vóley en ese momento era el canal para que yo estudiara, pues me posibilitaba la beca para la carrera, alojamiento y comida, pero mis mayores expectativas estaban volcadas al estudio”.
Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión