Martes 2 de abril de 1996
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Para Municoy la comuna "seguía enferma" y ratificaba el rumbo
En la apertura de las ordinarias del Concejo había defendido su plan de concesiones. “No podemos caer en la trampa de confundir las herramientas con los objetivos”, remarcó.
"Vine a ratificar el rumbo que oportunamente anuncié", expresaba el intendente Julio Municoy, luego de sostener que "nuestra Municipalidad seguía enferma; enferma de impotencia, de inoperancia y de intrascendencia". Precisaba, además, que "no podíamos caer en la trampa de confundir las herramientas con los objetivos", al defender su proyecto para otorgar en concesión algunos servicios públicos.
En una alocución de 18 minutos, el jefe comunal dejaba inaugurado un nuevo período de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante, en el marco de un bullicioso acto que contaba con la presencia de autoridades especialmente invitadas y público en general.
Previamente a ello, había dirigido la palabra el titular del Concejo Deliberante, Luis Daniel González, y por último lo habían hecho los presidentes de los cuatro bloques políticos: Gerardo Peña, Julio Gaitero, Jorge Ramos y Héctor Ismael Llarías.
Municoy señalaba que en esos primeros meses de gestión "habíamos logrado revertir los síntomas más manifiestos de la parálisis municipal".
Ratificaba "la continuidad del rumbo escogido" y daba cuenta que "veníamos hoy a reafirmar nuestro modelo de Municipalidad, como objetivo al cual nuestra acción estaba destinada a alcanzar".
Hacía referencia también al modelo de comuna que aspiraba alcanzar y lo contrastaba con "el modelo de estado egoísta, aquél que se atendía a sí mismo, o a determinados sectores, sin importarle que su accionar no llegara a todos".
Destacaba los cambios que el transcurrir de los años le había impuesto al Partido Justicialista desde su creación. "Hoy la globalización de la economía, de la información y de los mercados habían modificado profundamente esa realidad", puntualizaba y añadía que "no habíamos cambiado las banderas, pero sí las herramientas".
"El objetivo debía ser agua y cloacas para todos, en el menor tiempo y al menor costo posible. La herramienta: si el servicio debía ser otorgado en concesión o mantenerse bajo la gestión del municipio. El objetivo debía ser: una ciudad limpia para todos. La herramienta: quien barría", consignaba.
Invitaba a "confrontar ideas, defendamos nuestras posturas, aun con todo el calor y toda la pasión que resultara necesaria" y pidió no tener "miedo si subíamos el tono, aun si en el calor de nuestras convicciones nos enojábamos y hasta excedíamos la prudencia de alguna palabra".
Destacaba los logros alcanzados a partir de la puesta en marcha del "programa de reconversión administrativa" y el aumento en la recaudación tributaria alcanzado en ese lapso de gobierno.
"Anunciábamos transparencia en el manejo financiero", apuntaba, y resaltaba que el resumen de caja diario y la publicación mensual del movimiento de Tesorería "nos habilitaban a decir" que con esa gestión en la Municipalidad de Necochea estaban "las cuentas claras".
Informaba que se trabajaba para presentar el presupuesto 1996 bajo el sistema por programas. "Esto no alcanzaba para que nos sintiéramos conformes. Sabíamos que lo que faltaba era mucho. Sabíamos que la gente reclamaba mucha más acción y presencia del municipio", finalizaba diciendo.
La vuelta de Malvinas
No habían tenido, precisamente, un regreso con gloria. Pesaban 15 kilos menos cada uno, tenían costras de tierra adheridas, se sentían humillados, destruidos moralmente. Sobrellevaban en su piel un olor repugnante y un hambre desesperante. Se sobreponían
como podían al dolor de la derrota, aliviados porque concluía el infierno que habían vivido. Guillermo Llugdar y Alejandro Lombardi no estaban, al menos, entre los más de mil argentinos que habían dejado su vida en las islas Malvinas.
Uno estaba a punto de ser abogado; el otro era flamante agrónomo. Pero ambos habían sido involuntarios protagonistas de una guerra absurda, decidida por los militares cuando la dictadura agonizaba, buscando su prolongación en el poder. Uno había sido enviado a pelear con un fusil que no funcionaba, encargado de atender un radar. El otro sólo había practicado un día con el cañón antiaéreo que debía manejar.
Atrás habían quedado las arengas de Leopoldo Galtieri desde los balcones de la Casa Rosada, la bravuconada de Mario Benjamín Menéndez instando a que "viniera el principito" y la Plaza de Mayo colmada por una multitud que gritaba desaforadamente como si se tratara de un encuentro de fútbol, inconsciente de que toda guerra es trágica.
Pero no guardaban rencor hacia la ciclotímica sociedad argentina, sino que culpaban a la dirigencia por "promover que la guerra se limitara sólo a Malvinas y que la gente, en el continente, no tuviera conciencia".
Rojas imparable
Ratificando su excelente momento, el atleta local Carlos Rojas se había impuesto en la primera edición del premio "Alfredo Ottonello", competencia pedestre que sobre un tramo de 10 kilómetros hizo disputar el Círculo de Atletas Veteranos de Necochea, con la fiscalización de la Asociación Necochense de Atletismo.
Habían intervenido en la prueba 38 deportistas y en el caso de Rojas, había establecido un tiempo de 34 minutos, 32 segundos, teniendo como escolta a su gran rival de las últimas carreras, Horacio Tellechea, Oscar "Caballito" Del Negro, Julio Rodríguez y Guillermo Lasala.///
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