Mario Ezcurdia, la voz que dejó huella en la tradición argentina
El relator necochense repasó sus 30 años en Jesús María y su huella en el folclore argentino
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“Me emocionó un poco ver la gente llorar. Vos sabés que había gente que lloraba porque yo me había retirado. Digo yo, no puede llorar, si lo único que hago es trabajar como relator. Pero bueno, sin darme cuenta, capaz en esos 30 años me había metido un poco en el corazón de la gente”, dijo Mario Ezcurdia a Ecos Diarios, al recordar el momento de su despedida del Festival de Jesús María, donde se convirtió en una de las voces más emblemáticas de la jineteada y el folclore argentino.
Con más de tres décadas de trayectoria, Ezcurdia construyó un camino que comenzó casi por casualidad, pero que terminó definiendo su vida. Según relató, su inicio se dio en una situación imprevista: “Faltó el animador y me dijeron ‘¿usted se anima?’ y ahí nació la profesión”, recordó sobre aquel episodio que lo llevó a tomar el micrófono por primera vez.
Desde entonces, su carrera no dejó de crecer. Comenzó a los 20 años, recorrió distintos puntos del país y también trabajó en la República Oriental del Uruguay, consolidándose como una figura respetada dentro del ambiente tradicionalista. Aquella oportunidad inicial, en la que debió reemplazar al reconocido animador Félix Gigena Luque, fue determinante: “Aproveché ese momento en unos pocos caballos que quedaban, y ahí empezó todo”, explicó.
Una vida ligada a Jesús María
El gran salto llegó cuando fue convocado para sumarse al Festival Nacional de Doma y Folklore de Jesús María, uno de los eventos más importantes del país. Lo que comenzó sin mayores expectativas se transformó en una historia de permanencia y compromiso. “Me preguntaron cuánto iba a cobrar y les dije que me pagaran lo que quisieran, con tal de poder trabajar. Y así fueron 30 años, sin haber firmado nunca un contrato antes de empezar el festival”, contó.
Durante ese extenso período, Ezcurdia se convirtió en una voz inconfundible, acompañando a generaciones de jinetes y público, y formando parte de una tradición profundamente arraigada en la cultura popular argentina. Su retiro, en 2018, marcó el cierre de una etapa, aunque continuó participando en festivales más pequeños, manteniendo vigente su vínculo con la actividad.
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Compromiso con Necochea
A lo largo de su carrera, recibió distintos reconocimientos que reflejan su aporte cultural. Entre ellos, destacó que fue declarado Hijo Dilecto de Necochea y también representante turístico y cultural por el Concejo Deliberante. Además, valoró especialmente un homenaje realizado por la TV Pública, que le dedicó un segmento de casi media hora.
Más allá de los logros, Ezcurdia puso el acento en lo humano: “No pasa todo por el dinero, sino por tener cantidad de amigos, eso es muy importante”, afirmó. En ese sentido, remarcó su vínculo con la comunidad local y su disposición a colaborar. “Para Necochea, todo lo que pueda hacer, lo voy a hacer de manera gratuita. Siempre trabajé con seriedad y respeto, y la gente me conoce de toda la vida”, sostuvo.
La memoria de un episodio único
Entre los recuerdos que marcaron su trayectoria, hizo referencia a un hecho que, según consideró, quedó en la memoria colectiva del ambiente: el recordado enfrentamiento entre Aristegui y el “Zorro”, al que definió como “único e irrepetible”. Según explicó, se trató de un episodio circunstancial que con el tiempo fue rodeado de versiones diversas.
“Fue un accidente, nada más. Se habló de 25 mil personas, algo único para una fiesta de un solo día”, señaló, al tiempo que advirtió que con los años se generaron relatos alejados de lo ocurrido: “Hay verdades y mucha ignorancia en lo que se contó”.
En ese contexto, adelantó su intención de trabajar en un proyecto que permita reconstruir ese momento con mayor precisión: la posibilidad de realizar una producción audiovisual que relate los hechos desde su experiencia directa, con el objetivo de dejar un testimonio fiel para las futuras generaciones.
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