Lunes 25 de marzo de 1996
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Tristeza y lágrimas al evocarse a desaparecidos
En la plaza Dardo Rocha habían sido colocadas placas recordatorias de algunas de las víctimas de la dictadura militar
Plantando un árbol, haciendo un minuto de silencio y colocando placas con los nombres de algunos de los necochenses desaparecidos durante la última dictadura, había sido recordado en la víspera en la plaza Dardo Rocha de la ciudad el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, al cumplirse su 20º aniversario.
Gerardo Peña, presidente de la comisión de derechos humanos del Concejo Deliberante, había leído la carta de un amigo desaparecido a su madre, en tanto que el intendente Julio Municoy se había manifestado "orgulloso" de que compartieran el mismo espacio en la plaza integrantes de todos los sectores políticos locales "sin tener miedo ni prejuicios". Apenas había terminado de hablar, Municoy se había alejado rápidamente del lugar, mientras desde un sector del público se pedía a gritos el alejamiento del asesor en seguridad de la comuna, Héctor Bicarelli.
El acto se había realizado en horas de la mañana y había estado cargado de una gran emotividad, en un marco de recogimiento en el que habían predominado el silencio, los rostros entristecidos y las lágrimas en los ojos de familiares directos de las personas desaparecidas.
En el sector de la plaza ubicado frente al ex Colegio Nacional habían sido descubiertas placas en recordación de Edith Vieytes, Daniel Garramone, Roberto Lorenzo, Susana Naristeguy, Rubén Molina, Luis Sotuyo y Juan José Riccheza. Familiares y amigos de cada uno de ellos se habían encargado de extraer la tela blanca que cubría las placas. Se había aclarado que estos eran sólo algunos de los necochenses desaparecidos, ya que por distintas circunstancias familiares de los restantes habían preferido abstenerse de ese tipo de recordaciones. El árbol en memoria de los desaparecidos había sido plantado por Martín Garramone y Viviana Balinotti Vieytes.
Jorge Giorgi, en nombre de amigos de personas desaparecidas, se había encargado de señalar que la iniciativa de este homenaje, al cumplirse 20 años del golpe de Estado, había obedecido a que "sus familiares no tenían un lugar donde recordarlos".
Además de Municoy y funcionarios de su equipo de gobierno, habían estado presentes miembros del Concejo Deliberante, dirigentes políticos e integrantes de organizaciones de derechos humanos.
El jefe comunal había subrayado que "el 24 de marzo era un día triste para todos los argentinos, para los militantes del pueblo". Y había expresado su "orgullo" por haber estado "todos juntos, por primera vez en Necochea, sin tener miedo ni prejuicios, para ofrecer un minuto de silencio por aquellos hombres y mujeres que habían sido muertos por la dictadura, por el genocidio que había matado a más de 30 mil compañeros".
Municoy había añadido que "no olvidarían más esas mentiras de que, con la excusa de que el país iba mal, se sucedían los golpes que no llevaban a nada".
Finalmente había expresado su deseo de "saludar y homenajear a todos los familiares de nuestros caídos en una lucha que había sido para mejorar nuestra patria, nuestra calidad de vida".
De hecho, previamente, antes de iniciarse el acto, Municoy se había acercado para saludar personalmente a los familiares de desaparecidos.
De la cordillera a Necochea
Dieciocho alumnos de séptimo grado de una escuela de Tricao Malal, pequeña población neuquina ubicada junto a la cordillera, habían visto el mar por primera vez en Necochea, donde habían permanecido una semana junto a docentes y padres, en viaje de estudios y recreación.
Provenientes de un pueblo de apenas 1.400 habitantes y acostumbrados a un paisaje montañoso y desolado, en el que sólo la televisión los acercaba a un mundo tecnificado, los chicos habían quedado impactados tanto por la inmensidad del mar como por el, para ellos, inhabitual movimiento de vehículos en el centro de la ciudad, las vidrieras y los videojuegos.
Los chicos concurrían a la Escuela Nº 24 de Tricao Malal, pueblo cuyo nombre significaba “corral de oro” en mapuche. Estaba ubicado al norte de Neuquén, distante unos 50 kilómetros de Chos Malal, la antigua capital neuquina.
El grupo de chicos de séptimo grado que había viajado a Necochea lo había hecho bajo la responsabilidad de las docentes Mónica Fabiana Saavedra y Silvina Vouilloz, ambas bonaerenses radicadas en el sur del país. La última era necochense y hacía cuatro años que ejercía en Tricao Malal. Junto a ellos habían viajado Mario Retamal y Luis Felidor González, padres de alumnos.
Goleaba Mataderos
Demostrando una neta superioridad, Mataderos había conseguido anoche un claro 3 a 0 ante el débil rival que había significado Unión Deportiva Catriel, apropiándose así del primer cotejo semifinal que habían disputado ambos por el Torneo Argentino "B".
Tal vez había resultado contradictorio, pero el equipo de Portugal no había redondeado una tarea vistosa. Sin embargo, le había bastado con su actitud, con una excelente condición física y un despliegue efectivo, para dar por tierra con un rival muy flojo, al que pudo haberle infligido más goles.
Los tantos del inobjetable ganador habían sido convertidos por Héctor Oliva, de tiro penal, Arturo Cantón y Gustavo Arnedo.
Mataderos se había quedado con un 3 a 0 que lo había puesto de cara a la clasificación. No solo numéricamente había valido el resultado, sino también en lo psicológico.
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