Lunes 13 de mayo de 1996
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Buscaban respuestas a la puja en el transporte
Luego del reclamo que habían realizado colectiveros y taxistas para que los remises cumplieran con las normas vigentes
El Concejo Deliberante analizaría en los días siguientes las respuestas que trasladaría a las empresas de micros y a los taxistas que habían protestado por las calles de Necochea, por la crítica situación que atravesaban, debido, según lo denunciado, a “las permanentes infracciones a la ordenanza vigente por parte de los remises”.
La exposición de quienes habían manifestado en la denominada “Caravana de la protesta”, con bocinazos y luces encendidas, con parada frente al municipio y con la entrega de un documento a las autoridades, se había basado en que “se habían acabado las palabras”, de acuerdo a lo señalado por el miembro informante Abel Sarratea.
En la audiencia que habían mantenido con los ediles, tanto colectiveros como taxistas habían apuntado sus críticas a la forma antirreglamentaria en que estaban funcionando los remises y a la actitud pasiva de los controles municipales. Reclamaban el estricto cumplimiento de la ordenanza vigente.
Abel Sarratea había solicitado que “se hiciera un punto de inflexión en este problema. La realidad los castigaba día a día y el transporte no era ajeno. Había una lucha descarnada” por captar usuarios.
Había manifestado que en esos momentos funcionaban 27 remiseras y que “la población no había crecido” en el nivel que presentaba la oferta de transporte. “Deberían haber tenido una población de entre 700.000 u 800.000 habitantes” para dar respuesta a todas las actividades comerciales.
Había denunciado el incumplimiento de las cláusulas previstas en la ordenanza actualizada en 1993 por parte de un buen número de remiseras.
El titular de la empresa Micro Ómnibus Nueva Pompeya, Daniel Cevasco, había expresado que “había demasiada impunidad” en el municipio y les había pedido a los concejales que “se pusieran los pantalones largos. ¿Querían que funcionaran los micros y los taxis?”.
Había precisado que su firma había procedido a suspender a parte del personal, a raíz de la baja en la venta de boletos.
El concejal peronista, Héctor Llarías, había dado cuenta de que concejales de los distintos bloques y funcionarios del Departamento Ejecutivo se encontraban analizando una norma general para regular todo el transporte público y privado de la ciudad.
Había expresado que el municipio había atendido, con prórrogas y excepciones, los reclamos provenientes de todos los sectores.
Cevasco, al insistir con sus críticas sobre el accionar municipal, había sostenido que “los habían terminado de enterrar” y los presentes habían insistido en que “mientras se discutía lo que se quería hacer, se hiciera cumplir la ordenanza a los remises”.
Se les había preguntado a los ediles si “fallaba el poder político” y “cuáles eran los límites”. El concejal de la ACT, Oscar Pérez, había expresado que “se sentían más impotentes que ellos”.
Predio para el CAAN
El Concejo Deliberante había autorizado al intendente, Julio Municoy, a ceder al Centro de Ayuda al Animal (CAAN) un predio municipal, ubicado en calle 62 Nº 2153, donde se realizarían labores de esterilización de canes.
La decisión estaba contenida en un proyecto de ordenanza. La cesión del lote sería por cinco años y se había adoptado “vista la necesidad de colaborar en forma concreta con la tarea que en soledad desarrollaba” esta entidad.
“Sería condición sine qua non que los propietarios de los canes que fueran sometidos a dicha intervención quirúrgica fueran de bajos recursos y que su condición económica hiciera imposible efectuar la operación por el sector privado”, establecía el artículo 2º.
El expediente daba cuenta de que “la proliferación de canes constituía un grave problema que tendía a agravarse”, con todos los riesgos que ello implicaba en las plantas urbanas de Necochea y Quequén.
La ordenanza establecía el compromiso de la Municipalidad de Necochea de “colaborar con el CAAN en la adquisición de los elementos necesarios para realizar las mencionadas operaciones”, los que serían incluidos en la partida presupuestaria correspondiente.
Karting del Sudeste
El loberense Jonathan Castellano había reiterado su buen momento en la Escuelita y se había quedado con otra victoria inobjetable en lo que había resultado la tercera fecha del torneo que, además, había tenido como ganadores al necochense Matías Rico, en la Junior, y al quequenense Matías Domínguez, en la Senior, y que se había concretado en el circuito “La Virgen del Camino”, del Club Jorge Newbery de Lobería.
Castellano y Domínguez utilizaban motores potenciados por Gustavo Gramigna y Rico tenía la mecánica de Guillermo Inchausti.
Un total de treinta y dos unidades se habían hecho presentes, indicando que nueve correspondían a la Escuelita, cinco a la Junior y dieciocho a la Senior.
Castellano, Rico y Domínguez se habían quedado con los triunfos en el trazado aurinegro.
Castellano había ganado de punta a punta; Rico había dominado a voluntad y Matías Domínguez había tenido que luchar para alzarse con su primer éxito.
En la Senior, un total de tres largadas en la final habían debido realizarse, destacándose la excelente remontada de Pablo Domínguez y Matías Domínguez, quienes se habían enganchado y se habían retrasado a las últimas posiciones para escalar hasta el quinto y séptimo puesto.
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