Los entrenadores que guiaron la carrera de dos grandes deportistas
La vida deportiva de Alberto Peña y Marcelo Quaglia, formadores de Ana María Comaschi y Eduardo Otero, respectivamente
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RAÚL JÁUREGUI
Redacción
Detrás de cada deportista de élite siempre hay un entrenador, que forma con él una simbiosis profesional-afectiva que deriva en éxitos que inciden en la historia deportiva de la ciudad.
En la columna semanal de acontecimientos históricos de Necochea se repasaron detalles de la vida de Alberto Peña y Marcelo “Yuri” Quaglia, formadores y guías de la ex atleta Ana María Comaschi y el exnadador Eduardo Otero.
Un innovador
En el caso de la atleta que fuera por años la reina del heptatlón nacional, una de las más exigentes del atletismo y que combina siete especialidades, ese entrenador y amigo fue el ya fallecido Alberto Peña.
Nacido en 1937, Alberto tuvo su etapa de atleta, primero aprendiendo de otro notable formador como Carlos Rens, consagrándose campeón nacional en lanzamiento de disco en los 50.
En nuestra ciudad también representó a los clubes Platense, institución ubicada en calle 72 entre calles 67 y 69 y Ameghino.
Al igual que el dulcense Emilio Ortiz, otro gran lanzador local y campeón panamericano, Peña representó en sus mejores años al Club San Lorenzo de Almagro, una de las máximas instituciones atléticas por aquellos años en el país, compitiendo en las pruebas de lanzamiento de disco y bala de primer nivel nacional, incluyendo los Campeonatos Deportivos “Evita”.
Elogios de Perón
Precisamente durante el certamen “Evita” de 1953, en el desfile inaugural tuvo el honor de ser abanderado en la ceremonia de apertura. En el palco de honor se encontraba el entonces presidente Juan Domingo Perón.
Como anécdota, Peña recordó muchas veces cuando le ordenaron detener la marcha del desfile porque desde el palco querían apreciar el porte atlético del necochense, elogiado por el máximo mandatario y otras autoridades.
En la década del 60 Alberto Peña comenzó a preparar físicamente al plantel de fútbol de Juventud Unida y luego empezó a participar en cursos y simposios para instruirse como entrenador.
Fue en la Escuela Danesa Alta Mira donde Peña les abrió las puertas a muchos chicos para que comenzaran a introducirse en el atletismo.
El proceso formativo duró una década y, entre otras, cobijó a atletas como Ana María Comaschi, Virginia Fuente, María Victoria Cardellino y Mariela Andrade, que llegarían a los primeros planos nacionales y también compitiendo a nivel internacional.
A Comaschi la conoció cuando ella tenía apenas 8 años y la entrenó hasta los 19. En una oportunidad Peña relató a Ecos Diarios que “se notaba en la manera de correr desde muy pequeña, las altas posibilidades de poder llegar muy alto en la competencia atlética. Los hechos, más tarde lo demostraron”.
Por su parte Ana María dijo alguna vez sobre él: “Fue para el atletismo de aquella época un adelantado, un apasionado porque inventaba de todo para entrenar, aún sin tener los recursos, sin una pista, o vallas”. Para nosotros era como un padre… citó quien fue una de las figuras nacionales en atletismo.
Reconocimiento histórico
En otro pasaje de la columna radial se dio cuenta que el “Gordo” Peña, como se lo llamaba cariñosamente, fue por años el concesionario del balneario Atlas, hoy Terrazas. En el lugar tenía elementos rústicos pero efectivos como sogas, pesas o cubiertas de autos; y con su ingenio y mensaje entrenaba a sus atletas en la playa.
Por su talento y dedicación tuvo en 1991 el reconocimiento más grande que pueda lograr un entrenador de atletismo nacional: recibió el trofeo Barón Pierre de Coubertin. Una distinción que años después obtuviera el también necochense Mauro Cabrera.
Con inicios en el tenis
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En el caso de Eduardo Otero, tuvo el respaldo para concretar su gran campaña como nadador de su entrenador Marcelo ”Yuri” Quaglia. Un perfeccionista que sacó lo mejor de él.
Los inicios deportivos de Quaglia por cierto no estuvieron ligados a la natación sino al tenis, que jugó de niño y joven bajo la tutela de Daniel Fernández, logrando participar en varios nacionales.
Luego sería profesor de esa disciplina, participando también en competencias de natación y triatlones.
Una exitosa dupla
Su sociedad deportiva con Otero, una de las más exitosas del deporte necochense ocurrió por el lapso de 13 años, desde la adolescencia del nadador, que brillara en la especialidad espalda.
“Eduardo entró a su primer Sudamericano en Lima, cuando era categoría Juveniles en 1995 y no paramos hasta 2008. A partir de ahí, vinieron Copas del Mundo como la de Juveniles en Brasil, la selección argentina mayor para sudamericanos y campeonatos logrados, hasta desembocar en los Juegos Olímpicos”, dijo alguna vez “Yuri”.
El tener bajo su tutela a uno de los mejores nadadores del país posibilitó que Marcelo Quaglia pasara a integrar el cuerpo de entrenadores de la selección nacional en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, donde hubo otros dos necochenses: Pablo Meana (voleibol indoor) y Esteban Martínez (beach voleibol).
Cuatro años después la dupla participaría en los Juegos de Atenas y en 2008 en los de Pekín.
En el plano personal, antes de recibirse de profesor de educación física, “Yuri” estudió durante un tiempo la carrera de farmacia. Hoy, pasando las seis décadas de vida, Quaglia sigue con su dedicación y ganas intactas de seguir formando buenos nadadores.
La columna completa está disponible en el Spotify.
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