Los cangrejos violinistas, los pequeños artistas del Río Quequén
Llaman la atención por su pinza gigante y su curioso “baile” de cortejo. Los cangrejos violinistas habitan zonas costeras y estuarios, y en Necochea pueden observarse en sectores del Río Quequén, donde encuentran un ambiente ideal para desarrollarse.
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Quienes recorren las orillas del Río Quequén, especialmente en zonas de barro y arena húmeda, pueden encontrarse con una escena tan llamativa como natural: pequeños cangrejos que levantan una enorme pinza y la mueven de manera rítmica, como si estuvieran tocando un violín invisible. Son los conocidos cangrejos violinistas, una de las especies más curiosas del ecosistema costero.
Estos crustáceos pertenecen al género Uca y se caracterizan porque los machos poseen una pinza desproporcionadamente grande en comparación con el resto de su cuerpo. Esa pinza no la usan para alimentarse, sino como herramienta de comunicación: sirve para atraer a las hembras durante la época de reproducción y para marcar territorio frente a otros machos. El movimiento repetido de la pinza es lo que les dio su nombre popular.
Los cangrejos violinistas habitan principalmente en estuarios, marismas, manglares y desembocaduras de ríos, donde el agua dulce y el agua salada se mezclan. Necesitan suelos blandos, con barro o arena húmeda, para cavar sus madrigueras. Allí se refugian del calor, de los depredadores y de las mareas.
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En Necochea, su presencia en el Río Quequén es una señal clara de la riqueza biológica del lugar. Estos ambientes funcionan como verdaderos “viveros naturales” para muchas especies, y los cangrejos violinistas cumplen un rol ecológico fundamental:
- Airean el suelo con sus túneles.
- Contribuyen a la descomposición de materia orgánica.
- Favorecen la circulación de nutrientes en el ecosistema.
Su alimentación se basa en pequeñas partículas orgánicas que encuentran en el sedimento. Toman la arena con sus pinzas pequeñas, filtran el alimento y devuelven el resto al suelo, dejando esas típicas bolitas que suelen verse alrededor de sus madrigueras.
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La aparición de estos cangrejos en el Río Quequén no solo es una curiosidad natural, sino también un recordatorio de la importancia de preservar los ambientes costeros y fluviales. Son especies muy sensibles a la contaminación, a la alteración del suelo y a los cambios bruscos en la calidad del agua.
Observar a los cangrejos violinistas en acción es asistir a un pequeño espectáculo natural: un ritual de movimientos, colores y comportamientos que demuestra que, incluso en los espacios más cotidianos de nuestra ciudad, la naturaleza sigue ofreciendo escenas tan fascinantes como únicas.
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