Los automóviles hace un siglo
El primero arribó a la ciudad en 1911, pero recién una década después, en 1922, se dispararon las ventas de autos. Así fueron desplazados los carros y sulkys
Según la crónica lugareña, el automóvil llegó a nuestra ciudad allá por 1911. Sin embargo, las primeras publicidades de autos publicadas en el Ecos Diarios datan de 1922, hace un siglo. Es que recién en aquellos años, con la inauguración del Puente Colgante, terminó por convertirse en un medio de movilidad cotidiano, aunque ya era habitual su uso desde 1914.
Luego de la apertura del puente, cuyo primer cruce estuvo a cargo precisamente de un automotor (un camioncito Ford de una panadería), los automóviles terminaron por invadir la ciudad y sacaron de circulación a los carros y sulkys todavía habituales en aquellos años.
Las publicidades de la época muestran el furor de las ventas de automóviles. Enrique Riedel y compañía, que tenían su concesionaria en avenida Alsina 144, comercializaban Locomobile 8, Flint 40 y Durant. Este último y Locomobile 8 eran producidos por la empresa creada en 1921 por Billy Durant, un ex ejecutivo de primera línea de General Motors.
En tanto, la Danesa, en 25 de Mayo 273, era la representante oficial de Studebaker, marca producida en Estados Unidos desde 1914, y Garcoyle.
Agentes de Ford
Bosatta, Bosisio y compañía eran los únicos agentes en nuestra ciudad de Ford. Un aviso 1922 muestra un grabado del «nuevo sedán Ford», que costaba 2.985 pesos y tenía ruedas desmontables y arranque eléctrico.
Esta firma también traía a nuestra ciudad los autos Lincoln, que, según la publicidad, era «el mejor automóvil del mundo» y también tenía un valor cinco veces superior al del Ford: «14.900 pesos sobre vagón en Buenos Aires».
Se trataba de un auto de «ocho cilindros bien equilibrados, inmejorable construcción, solidez y líneas perfectas».
Mientras, Castaños y Cía. vendía en nuestra ciudad la línea Chevrolet, que tenía varios modelos, con precios desde 1.595 pesos, el de chasis liviano, a 2.995, el sedán cuatro puertas.
Esta firma también representaba en Necochea a la General Motors y vendía Pontiac, un innovador modelo de 6 cilindros.
Ruidosos motores
Al final de la primera década del siglo XX llegaron a Necochea los primeros automóviles. Esos ruidosos vehículos, cambiaron definitivamente el perfil de la ciudad, que hasta ese momento había crecido junto a las vías del tranvía.
Los rieles unían la Estación de Trenes con la Villa balnearia a través de un trazado que bordeaba la plaza, recorría parte de la avenida 59, la Diagonal y la 75, para finalizar frente al mar.
Esas calles, que en aquellos años tenían otros nombres, dejaron de centralizar la actividad comercial a partir de la aparición del automóvil.
Hasta entonces, la calle Belgrano (hoy 62), que llevaba hacia la Estación, deja de ser el centro y delega su predominio en la avenida Alsina (hoy 59), que une el centro con el sector balneario, el puerto y el acceso a Quequén.
Según el informe «Habitar Necochea-Quequén Diagnostico y propuestas para un desarrollo sustentable, Programa Arraigo- FAUD/UNMDP, Mar del Plata 1997», una de las características del período comprendido entre los años 1911 y 1945, es la «construcción del Puerto de Quequén, realizado por una compañía francesa y por el otro la introducción del automóvil como medio de locomoción».
Mejoras en las calles
«Estas trajeron aparejado un sin número de cambios en la ciudad entre los que encontramos la pavimentación de las calles céntricas y principales avenidas (San Martín, 59, 58) y el importante desarrollo que tiene el sector del puerto, ya que ahora comienza a trabajar como puerto de ultramar. En Quequén se comienza a dispersar la población como consecuencia de no tener un ejido en forma de damero, lo que generó los problemas estructurales que posee hoy en día», agrega el informe del Plan Urbano Ambiental 2006 de la Municipalidad de Necochea.
Aunque la introducción del automóvil no debió asombrar a los necochenses. La ciudad había nacido en 1881 y en esa década «aquellos carruajes sin caballos» comenzaban a introducirse rápidamente en las grandes urbes del mundo. Si bien muchos sonreían al verlos y creían que nunca podrían suplantar a los medios de transporte tirados por caballos y a las locomotoras, la más sofisticada máquina del siglo XIX, los rápidos progresos técnicos demostraron que el automóvil iba a imponerse.
Para 1914 el uso del automóvil ya era habitual en nuestra ciudad, aunque no tan cotidiano como lo sería sólo una década más tarde, cuando las páginas de Ecos Diarios ya promocionaban los últimos modelos de automóviles, tractores y camiones.
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