Las lluvias fueron escasas y no alcanzan: el campo sigue esperando un aporte de agua más generalizado
Tras más de 25 días sin precipitaciones significativas, el registro de lluvias de este martes dejó milimetrajes muy bajos y desparejos en la región. El alivio fue mínimo y no alcanza para revertir el déficit hídrico ni reducir el riesgo de incendios de pastizales.
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Luego de más de tres semanas sin lluvias que aportaran una recarga real al suelo, el episodio registrado hasta las 8 de la mañana de este martes 13 de enero dejó una sensación clara en el sector agropecuario: se esperaba más agua de la que finalmente cayó. Los milimetrajes fueron bajos, muy localizados y, en muchos casos, insuficientes para generar un alivio efectivo en los campos.
Según los datos relevados, el mayor registro se dio en Santamarina, con 11 milímetros, acumulando 12 mm. Le siguieron Pieres con 8 mm y Necochea con 6 mm en el evento y 8 mm acumulados. En Las Toscas y Energía se midieron 5 mm, mientras que en La Dulce se registraron 3 mm, en Lobería 2 mm y en Mechongué un acumulado de 2 mm.
Sin embargo, una amplia franja de la región quedó prácticamente al margen de la lluvia. En Balcarce, Los Pinos y Miramar no se registraron precipitaciones, y en otras localidades como La Ballenera, Otamendi y San Agustín no se consignaron datos, lo que refuerza la idea de un evento muy irregular y de escasa cobertura.
Desde el punto de vista productivo, estos valores están lejos de lo que el campo necesita en este momento. Tras más de 20 días sin lluvias útiles, los perfiles de suelo continúan con bajos niveles de humedad, lo que mantiene el estrés en los cultivos de verano y complica la evolución de las pasturas naturales. Para generar una mejora real, se requieren precipitaciones más generales y con acumulados superiores, que permitan una recarga efectiva del suelo.
Además del impacto directo en la producción, la falta de agua tiene otra consecuencia cada vez más preocupante: el aumento del riesgo de incendios de pastizales. La sequedad de la vegetación, combinada con altas temperaturas y viento, genera condiciones propicias para focos ígneos que se multiplican en campos, banquinas y zonas periurbanas. En este contexto, la lluvia no solo es necesaria para la producción, sino también como herramienta clave de prevención.
El comportamiento de este evento vuelve a reflejar una característica típica del verano: chaparrones muy puntuales, que descargan algunos milímetros en sectores aislados, pero no logran cubrir de manera pareja toda la región. Para el productor, esto se traduce en un alivio parcial y efímero en algunos lotes, mientras que en la mayoría de los campos la situación sigue prácticamente igual.
Con este panorama, la expectativa ahora está puesta en que se registren lluvias más importantes y generalizadas en los próximos días. El campo necesita agua, no solo para sostener la campaña agrícola y ganadera, sino también para bajar la tensión ambiental que genera la sequedad extrema y reducir el riesgo de incendios que hoy preocupa a toda la región.
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