La Asociación de Docentes Jubilados y Retirados hicieron su tradicional celebración
Recordaron sus inicios en la profesión, el amor por la docencia y el maravilloso mundo de educar a niños, adolescentes y adultos
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La Asociación de Docentes Jubilados y Retirados de Necochea llevó adelante este jueves al mediodía, en el salón del Necopesca, su tradicional celebración anual: un encuentro cargado de afecto, emociones y memoria colectiva. En un ambiente cálido y familiar, las integrantes compartieron vivencias que marcaron sus trayectorias, reafirmando la vocación docente y el compromiso que sostuvieron durante décadas.
Zulma Tachi recordó que dedicó más de treinta años de su vida a la docencia y que en sus inicios había comenzado en el Colegio Danés, pero luego decidió volcarse a la gestión estatal. “Este te permitía movilizarte. Si me iba de la ciudad, conservaba el cargo y hacía un pase”, explicaba, al recordar por qué se había decidido por enseñar en el Estado. Entre sus memorias más profundas apareció la Escuela Nº 35, un destino que inicialmente imaginó complejo. “Esa escuela era muy difícil para trabajar, pero me había sentido muy bien allí y muy acompañada”, dijo, destacando el rol de su directora Cristina. Aquel paso, aseguró, “realmente fue una experiencia hermosa”.
Julia Gader, nacida en Tandil y “necochense por adopción”. La vida familiar la llevó a ir por distintos lugares. Por el trabajo de su papá, ferroviario, terminó recalando en Pipinas, una localidad que pertenece al Partido de Punta Indio. En su memoria hay un lugar especial para aquella “excelente” maestra que la acompañó cuando decidió estudiar como pupila porque allí “no había nada para estudiar”. Sus primeros años como docente transcurrieron en villas a fines de los sesenta, donde explicó que era “otra historia”, pasando por Quilmes y el “Cotolengo” Don Orione. Las vueltas de la vida la trajo a Necochea, donde conoció a quien es hoy su esposo y formó una familia.
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Con gran recorrido en la educación especial, Gader, señaló que la docencia fue una elección profunda: “fue una vocación. Difícil es todo en la vida, pero si vos elegís algo que te gusta, cómo ser maestra, no hay otra profesión que la iguale” y fundamentó su expresión al decir que “porque vos estás ayudando a que un niño, adolescente o un adulto se vaya construyendo a sí mismo”.
Ruralidad y seguir aprendiendo
Margarita Díaz de Urruti también evocó sus inicios, en su caso en la ruralidad. “La carrera docente la inicié en la Escuela Nº 24, Paraje Mojón de Palo”, contó. A ese lugar llegó embarazada casi de nueve meses y recordó cómo logró sostener el rol de docente y madre al decir que “siempre me guié por el bien de los chicos y de la escuela”.
Su misión y labor de llevar la enseñanza a esos chicos y chicas de campos, parajes y localidades, años más tarde se convirtió en “inspectora de escuelas rurales de la zona de Bahía Blanca”, cargo con el cual se terminó jubilando. En la actualidad, y desde hace 32 años, es parte de la Asociación de Docentes Jubilados y Retirados de Necochea.
Por su parte, María Canales hizo un repaso de una trayectoria iniciada en 1970 en escuelas primarias y en educación especial y dejó una frase que marca de cuerpo entero a una docente comprometida con su profesión. “En las escuelas es mucho más lo que se aprende que lo que uno enseña”, en ese ida y vuelta que se genera con la comunidad educativa, que no solo comprende la enseñanza formal, de maestra - alumnos.
Canales agradeció a aquellas personas que pasaron por su vida laboral, especialmente a directivos y compañeras que la guiaron en sus primeros pasos. Para ella, la escuela era un todo:“Allí teníamos los chicos, la familia y el barrio; todo pasaba por allí”, dijo y resaltó que “quien trabajaba en educación veía pasar la vida”.
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Las integrantes de la Asociación de Docentes Jubilados y Retirados pasaron, otra vez, una gran jornada, compartiendo un almuerzo, con anécdotas, historias, pero siempre comprometidas con la educación, aún cuando ya no les toca ejercer su profesión, porque esa vocación es inherente a ellas.///
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