La venta de carne cayó hasta un 40% y los consumidores buscan alternativas más económicas
Gabriel Vallejos, titular de Carnicería Al Corte, describió en Necochea el cambio de hábitos frente al mostrador. La carne vacuna cuesta -promedio- entre $16.000 y $20.000 el kilo, mientras el cerdo aparece como una opción más accesible
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La caída del poder adquisitivo comienza a reflejarse con fuerza en las carnicerías. Los consumidores compran menos, comparan precios y buscan alternativas para sostener la alimentación familiar. Así lo describió Gabriel Vallejos, titular de Carnicería Al Corte, durante una entrevista en el programa Voces de la Tarde que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea.
El comerciante estimó que las ventas de los últimos cuatro o cinco meses disminuyeron entre un 30 y un 40%, en un contexto en el que el costo de los alimentos condiciona cada vez más las decisiones de compra.
“Estamos como con todo, que el sueldo no alcanza”, expresó Vallejos, quien consideró que el problema no pasa solamente por el precio de la carne, sino por la pérdida de capacidad de compra de los consumidores.
En el mostrador, los valores muestran diferencias importantes entre las distintas opciones. Según detalló, la carne vacuna se ubica en un promedio de entre $16.000 y $20.000 el kilo, aunque algunos cortes, como el lomo, llegan a los $26.000.
El cerdo ofrece una alternativa más económica. La chuleta se comercializa a unos $9.500 el kilo y la pulpa alcanza los $12.500, con la posibilidad de acceder a ofertas. Gabriel Vallejos señaló que esta carne registró un incremento del 7% hace aproximadamente un mes, después de seis meses sin aumentos.
La diferencia entre el vacuno y el cerdo puede alcanzar los $4.000 o $5.000 por kilo. El pollo entero también representa una opción accesible, aunque la suprema tiene un precio más elevado y se acerca al de algunos cortes vacunos.
El comerciante explicó que los costos de producción influyen en esas diferencias: mientras un animal vacuno requiere alrededor de tres años de crianza, un cerdo demanda seis meses y un pollo, unos tres meses.
Menos carne en la mesa
Frente a este escenario, las familias modifican sus hábitos y buscan alternativas para preparar las comidas diarias. El cerdo y el pollo ganan espacio en la dieta semanal, mientras guisos y preparaciones rendidoras permiten aprovechar mejor los alimentos.
“Compra menos cosas para comer o trata de ser muy inventiva para armar la comida del mediodía y de la noche”, señaló Gabriel Vallejos al describir lo que observa a diario.
De cara a noviembre y diciembre, el comerciante no descartó nuevos aumentos, aunque aclaró que todavía no había novedades concretas. Recordó que el año pasado se produjo una suba importante entre fines de octubre y principios de noviembre, que luego debió retroceder.
La disponibilidad de animales y el comportamiento de la demanda, explicó, inciden en la evolución de los precios.
Por ahora, la principal señal está en el mostrador: la gente sigue necesitando comer, pero compra menos y debe elegir con mayor cuidado. Una realidad que convierte el precio de los alimentos básicos en una preocupación cotidiana para los hogares.
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