“La soberanía popular tiene que estar por sobre la voluntad de cualquier iluminado”
A 50 años del último golpe de Estado, Pedro Azcoiti y Mariela Marti coinciden en que es con participación cómo se fortalece el sistema democrático
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El próximo martes, se cumplirán 50 años del derrocamiento del gobierno que encabezaba María Estela Martínez de Perón. A aquel golpe de Estado, perpetrado el 24 de marzo de 1976, en el marco de una Argentina convulsionada por la violencia política y una de las tantas crisis económicas, sobrevino una feroz represión, sistematizada, que dejó como saldo miles de personas desaparecidas y una abultada deuda externa, crecida exponencialmente durante los siete años del aquel régimen militar, instaurado con el pretexto de combatir la subversión, pero que tuvo también como objetivo imponer un modelo económico, presuntamente liberal.
Las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura quedaron demostradas en el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), en cuyo informe se basó el Juicio a las Juntas, efectuado en 1985, en el que fueron condenados los máximos responsables.
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Pedro José Azcoiti, siendo un joven militante radical, fue detenido por la dictadura en abril de 1976, al igual que otros necochenses de diferentes fuerzas políticas, como Oscar Aramburu, Marcela Aramburu, Mario De Francisco, Aníbal “Cali” del Prado, Antonio Povilaitis y Ricardo Povilaitis, entre otros. Con los años sería concejal y legislador, tanto provincial, como nacional, siempre militando en la UCR.
Mariela Marti, siendo una joven periodista, realizó una investigación sobre los necochenses desaparecidos durante la dictadura. Se publicó en 2008 con el título “Hijos del pueblo”.
El sistema democrático
Tanto Pedro Azcoiti como Mariela Marti, con la perspectiva que dan los años transcurridos, reflexionan sobre la importancia de participar para que el sistema democrático se sostenga y se fortalezca, aún debilitado por las asignaturas pendientes de una dirigencia que, en términos generales, no ha dado respuestas a las expectativas de la ciudadanía.
Tras una sucesión de golpes de Estado que ha habido en la Argentina, desde 1930 con la caída de Hipólito Yrigoyen hasta 1976 con el derrocamiento de “Isabel” Perón, por primera vez el país lleva 43 años de vigencia democrática, desde que Raúl Alfonsín asumiera en 1983.
Azcoiti considera que aquel “Nunca más” pronunciado por el fiscal Julio César Strassera delante de los militares juzgados por violaciones a los derechos humanos se ha hecho carne en la sociedad. Cree que “se fue creando conciencia de la importancia de que la soberanía popular tiene que estar por sobre la voluntad de cualquier iluminado, sea militar o no”.
No obstante, es consciente de que “no es para quedarnos quietos, hay que hacer docencia y batalla para que la democracia se siga profundizando”. Aún, reconociendo que hoy “la falta de expresiones política que representen cabalmente a la sociedad hace que la participación sea cada vez menor en las elecciones, lo cual es preocupante. Porque la participación es lo que va a fortificar el sistema democrático”.
Azcoiti sostiene que en la Argentina al terrorismo de las organizaciones armadas de los años 70 se los combatió con “terrorismo de Estado”, Y Mariela Marti enfatiza que “la esencia del Estado es garantizar derechos, no es perseguirte, torturarte o hacerte desaparecer, hay un límite”. A su criterio, la lucha contra la guerrilla fue “la excusa que tuvieron los genocidas para llevar adelante un plan sistemático de desaparición de personas. No es el Estado quien debe actuar de esa manera. El Estado debe garantizar el acceso a la Justicia, debe brindar la oportunidad de un proceso judicial. No es que alguien determine que sos culpable y te fusile. Esto que se ha vivido debe enseñarnos a decidir qué Estado queremos”.
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Cosecharás tu siembra
Mariela Marti, actualmente abocada de lleno a la docencia, pone de relieve que “una sociedad que siembra odio y violencia, que siembra intolerancia, que descalifica y promueve la desprotección y el individualismo, vuelve” a vivir procesos anteriores. “No hay manera de fortalecer lo colectivo si la sociedad está expresando otras maneras, otras formas y no aprendió nada de lo que ya vivió”, recalca. E insiste: “Las sociedades, si no aprendemos, reproducimos procesos”.
A su criterio, es clave la participación. Pero aclara que no necesariamente debe ser en una fuerza política o en una organización de derechos humanos, sino también “en un club deportivo, en una asociación vecinal, lo importante es la idea de construcción de lo colectivo, de lo solidario, de lo empático, de la defensa del Estado como garante de derecho, del Estado de Derecho que hace que aquel Nunca Mäs, dentro de todo, pueda construirse”.
Ni guerra, ni demonios
Azcoiti también descarta de plano lo que algunos llaman “teoría de los dos demonios”, que pone en un pie de igualdad a las organizaciones armadas y la represión estatal.
“A los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo del ’76 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos”, señala.
También acota que “de la enorme documentación recogida, se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas, no de manera esporádica, sino sistemática, cometiendo similares secuestros e idénticos tormentos en todo el territorio nacional”.
Azcoiti vuelve a recalcar que “es incomparable la responsabilidad del terrorismo de Estado con la responsabilidad de una organización armada”, más allá de que ésta actúe fuera de la ley cometiendo delitos. Y es tajante al respecto: “Acá no hubo una guerra. Pero si la hubiera habido, aún en una guerra hay reglas que respetar. Acá fue una carnicería”.
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