La Merced: 124 años de fe y comunidad en Quequén
Patrimonio espiritual y cultural en el corazón de Quequén
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ROCÍO MAGALÍ SÁNCHEZ
Para Ecos Diarios
En el corazón de Quequén, sobre la calle 509 al 1465, se levanta un símbolo de historia, fe y pertenencia para toda la comunidad: la Parroquia Nuestra Señora de la Merced. Su presencia, inconfundible entre las construcciones del barrio, es testimonio de un pasado que sigue vivo en la devoción de generaciones de vecinos.
La historia de este templo comenzó a fines del siglo XIX, cuando la familia Guerrico donó el terreno para su construcción. El diseño estuvo a cargo del arquitecto Salvador Mirate, y la obra fue llevada adelante por Blas Lazzarini. Ambos nombres permanecen grabados en el frente de la institución, como una huella de gratitud hacia quienes imaginaron y materializaron uno de los patrimonios más queridos de Quequén.
El templo fue finalizado el 2 de febrero de 1902, y desde entonces, su campanario ha acompañado el pulso de la comunidad. Han pasado 124 años desde aquel día, y sin embargo, su estructura, su estilo y su espíritu conservan la esencia de los orígenes.
“El templo ya tiene 124 años, casi. Llegué el año pasado, en marzo, y tomé posesión de esta parroquia. Ya tengo un poco más de un año y medio acompañando a la comunidad”, cuenta el actual párroco, Hernán Gómez Syez, quien llegó a Quequén para continuar una historia de compromiso y cercanía.
Un templo que resiste al paso del tiempo
El sacerdote explicó que el edificio, como toda construcción centenaria, enfrenta los efectos del tiempo: “El templo tenía varias dificultades edilicias, por el desgaste natural. Pero la comunidad, en la medida de lo posible, lo ha conservado bien. Se hicieron refacciones en la parte externa, sobre todo en el techo y las canaletas, porque ingresaba mucha agua”.
Con el esfuerzo conjunto, lograron recuperar espacios que habían sufrido el deterioro: “En algún momento, incluso, habían ingresado animales, palomas, dentro del templo. Hoy eso se ha recuperado: el espacio se sostiene, se limpia continuamente, y está en condiciones para seguir recibiendo a la comunidad”.
Cada restauración implica no solo un trabajo técnico, sino también un acto de amor y reconocimiento hacia el valor histórico del lugar. “Como es un templo histórico, uno tiene que ir viendo la posibilidad de generar dentro de la comunidad un grupo de personas que, por amor a lo histórico, puedan tener una mirada más detenida sobre algunas particularidades que son únicas”, señaló el cura.
Entre esos tesoros se destacan los vitraux originales y esculturas de madera traídas de Europa, piezas de un valor artístico y espiritual inestimable. “Conservar algo así requiere organización y compromiso para que podamos seguir disfrutándolo”, agregó.
La Parroquia Nuestra Señora de la Merced no es solo un edificio, sino el corazón de una comunidad diversa que se extiende a lo largo y ancho de Quequén. “La comunidad tiene cuatro capillas más, distribuidas en distintos puntos del pueblo. Además, la parroquia comparte la tarea con el Colegio de la Merced, que está justo al lado del templo: aquí funciona el nivel inicial, y unas cuadras más allá, el primario y secundario. Siempre las instituciones trabajaron en conjunto”, explicó.
Ese lazo entre lo espiritual y lo educativo refuerza el papel de la parroquia como centro cultural y social. Niños, jóvenes y familias participan de actividades que trascienden la liturgia, construyendo comunidad a través de la educación, la solidaridad y la memoria.
En la vida cotidiana de la parroquia también tienen un rol fundamental las congregaciones religiosas. “Nos acompañan dos grupos de hermanas que están en la iglesia Stella Maris, en la costa, y las Canossianas, que hace más de 40 años trabajan aquí en Quequén, cerca del hospital Irurzun”, contó el párroco.
Su presencia silenciosa, constante, sostiene el tejido espiritual de la ciudad. Desde la asistencia social hasta la formación de jóvenes, las hermanas aportan su carisma y su entrega a las tareas pastorales.
“Tenemos una comunidad bastante diversa, conformada por una Quequén que, si bien a nivel urbano ha crecido de manera despareja, mantiene su espíritu de cercanía. En cada espacio urbano, en cada barrio, hay una comunidad nuestra”, expresa. Esa frase resume la amplitud y la calidez de un trabajo que busca llegar a todos los rincones, acompañando realidades distintas bajo un mismo techo de fe.
Patrimonio del alma quequenense
Más de un siglo después de su fundación, la Parroquia Nuestra Señora de la Merced continúa siendo un faro espiritual y cultural, un punto de encuentro entre generaciones y un símbolo del alma quequenense.
En sus paredes resuena la historia de las familias que la levantaron, de los niños que pasaron por sus aulas, de los vecinos que encontraron allí consuelo, compañía y esperanza. Cada misa, cada restauración, cada gesto solidario renueva ese lazo invisible entre pasado y presente.
La Merced no es solo una construcción de ladrillos y vitrales; es un refugio de identidad, un espacio que sigue convocando a la comunidad a cuidar de su historia común.
Como expresó el párroco, “hay que ir pensando en algo más organizado, para sostenerlo y seguir disfrutándolo. Porque conservar algo de tanto valor es también una forma de agradecer a quienes lo soñaron y a quienes hoy lo mantienen vivo”.
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