“La identidad de un lugar depende del arte y de su cultura”
Alfonso Méndez consideró que el crecimiento de la ciudad también puede ir de la mano del desarrollo artístico. Habló de la necesidad de generar escenarios de calidad y accesibles. En lo que respecta a la sociedad, dijo que “hay que aprender a escuchar”
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Julieta Moreno
Redacción
“Una cosa es hacer una gira y volver, y otra muy distinta es tener que irte de tu ciudad porque no existen espacios para trabajar. La conservación de la identidad de un lugar depende directamente de su arte y su cultura”, expresó el músico Alfonso Méndez, y planteó la necesidad de impulsar espacios artísticos de calidad y ofrecer oportunidades para que todos puedan desarrollar sus proyectos.
El músico y educador Alfonso Méndez dio su punto de vista sobre la ciudad y analizó algunas cuestiones que le preocupan de la sociedad actual. Reflexionó sobre la importancia de aprender a escuchar, de una convivencia más respetuosa y el papel de la cultura en la construcción de una sociedad más unida.
Escuchar y ver al otro
La necesidad de aprender a escuchar es una de las ideas que planteó Alfonso Méndez, al hablar de la sociedad y de las cuestiones que tenemos que empezar a cambiar.
A partir de una charla TED que brindó, comenzó a reflexionar sobre la importancia del silencio, la observación y la atención como herramientas para mejorar los vínculos con los demás.
“Muchas veces hablamos y hablamos encima y nos encimamos, y armamos capas y capas, como ventanitas abiertas en una computadora, pero no se entiende exactamente y no se llega a un punto claro de lo que realmente queremos”, señaló.
Para Méndez, escuchar implica mucho más que percibir sonidos. Se trata de involucrarse y prestar atención a lo que sucede alrededor. Como ejemplo, mencionó una situación cotidiana: respetar el paso de un peatón. “Cuando hay una marca en la calle, cuando hay una señora que va a pasar y yo sigo de largo, no solamente no estoy escuchando, sino que no aprendí a ver”.
En esa línea, sostuvo que la comunicación no se limita a la palabra, sino que también incluye la mirada, la postura corporal, la respiración y la capacidad de registrar lo esencial. “El silencio es hermoso. Para romper el silencio hay que decir algo muy interesante”, afirmó, al tiempo que destacó la importancia de recuperar la calma antes de actuar y de pensar cómo ayudar a los demás desde los gestos más simples. A veces, explicó, alcanza con sacar una sonrisa o darle una palmada a alguien y decirle: “Vos podés”.
“Generar políticas de unión”
Al referirse a la ciudad, eligió centrase en la identidad artística y en la cantidad de músicos y creadores de Necochea que desarrollan sus carreras dentro y fuera del país. Para él, uno de los principales desafíos es encontrar la manera de reunir a esas personas y generar condiciones para que sus propuestas puedan crecer y sostenerse en el tiempo.
“Necochea tiene un nicho de autogestión, de personas que se autogestionan y que han naturalizado la autogestión de una forma ya establecida”, observó. Según su mirada, existen proyectos culturales valiosos dentro de la ciudad que funcionan por fuera de las estructuras políticas e institucionales, pero que no siempre encuentran espacios de vinculación.
A esa realidad sumó la existencia de propuestas artísticas atravesadas por orientaciones políticas, incluso partidarias, una situación que, a su entender, profundiza las divisiones entre quienes trabajan desde distintos ámbitos. Frente a ello, consideró necesario construir políticas que favorezcan el encuentro.
“Lo que tenemos que hacer es generar políticas de unión, no de separación. Y para eso está el diálogo, para eso está la comunicación, para eso está nuevamente la escucha”, sostuvo.
En ese sentido, planteó que las instituciones vinculadas con la cultura deberían conocer las iniciativas que ya funcionan en la ciudad e integrarlas a una estructura que permita acompañarlas. “Lo que hace falta de forma urgente es que la estructura de cómo se trabaja el arte y cómo se sostiene el conocimiento del arte pueda abrazar a todos esos nichos y decirles: ‘Acá hay un lugar’”, expresó.
Espacios de calidad
Uno de los aspectos en los que hizo especial hincapié fue la necesidad de contar con lugares adecuados para desarrollar actividades artísticas. Mencionó, entre otros ejemplos, al Teatro París, un espacio que considera de gran valor por sus características y su acústica, y lamentó que al ser un espacio privado no siempre se tiene acceso a su utilización.
“Faltan espacios de calidad, falta gente capacitada en sonido, gente capacitada en relaciones públicas, en cómo y con quién hablar para poder gestionar amablemente lo que necesito para generar espectáculos”, afirmó.
Desde su experiencia como músico y organizador de eventos, señaló que muchas veces los artistas deben afrontar por su cuenta la búsqueda de lugares, los recursos técnicos y la gestión necesaria para concretar sus proyectos. Si bien reconoció que existen posibilidades de abrir puertas, consideró que todavía se puede avanzar mucho más en la articulación entre los sectores públicos y privados.
“No necesitamos más bares, necesitamos más teatros. Necesitamos más espacios de arte”, resumió.
“Una potencia muy grande”
“Es una ciudad que es relativamente pequeña en población, pero lo artístico tiene una potencia muy grande”, destacó. En ese marco, consideró que la existencia de público, escuelas de arte y personas interesadas en distintas disciplinas constituye una base importante para ampliar las propuestas.
A su entender, fortalecer la cultura también implica trabajar sobre la identidad de la ciudad. “La conservación de la identidad de un lugar depende del arte, depende de la cultura. ¿Qué identidad tenemos si no tenemos cultura? ¿De dónde nos agarramos? ¿Con qué me identifico?”, planteó.
Por eso, sostuvo que generar espacios adecuados no sólo beneficiaría a los artistas, sino que podría tener efectos positivos en otros sectores, como el turismo. La posibilidad de que más músicos y bandas desarrollen sus proyectos en Necochea, señaló, contribuiría a consolidar una oferta cultural capaz de atraer público y generar pertenencia.
En relación con el crecimiento de la actividad artística local, reconoció que cada vez más personas encuentran en el arte una forma de expresarse y compartir experiencias, aunque no necesariamente se dediquen profesionalmente a una disciplina. Sin embargo, insistió en que todavía es necesario ampliar las oportunidades para quienes cuentan con menos recursos.
“Un chico que vive en un barrio periférico tiene que poder subirse a ese escenario y cantar”, afirmó. Para Méndez, esa experiencia puede despertar capacidades, abrir nuevas posibilidades y repercutir también en el entorno familiar y social de quien participa.
Su reflexión también se extendió a los cambios en las formas de relacionarse. En una sociedad que, según señaló, tiende cada vez más al individualismo, advirtió que las pantallas y las redes no siempre garantizan una conexión genuina entre las personas.
Frente a ello, reivindicó las experiencias compartidas que propone el arte. “Generar espacios donde vos puedas compartir la conexión humana, donde puedas tocar la mano de otro, compartir un canto, pintar o generar una escena de teatro, eso hace fuerte a una sociedad”, expresó.
Para terminar, se mostró esperanzado y optimista con respecto al futuro y vinculó esa mirada con su tarea cotidiana como docente y generador de espacios artísticos. Además, insistió en la importancia de trabajar en una convivencia más respetuosa.
“Hay problemas, sí, pero hay cosas más lindas”, señaló. Para él, una palabra de aliento, una sonrisa o un gesto amable pueden cambiarle el día a otra persona. En esa convicción, encuentra una forma concreta de construir vínculos y contribuir a una comunidad más pacífica.///
Una vocación ligada a la música y a la educación
Nacido en La Dulce, Alfonso Méndez creció en un establecimiento rural cerca de la Ruta 86 hasta los diez años, donde cursó sus primeros estudios en la Escuela Nº 15. A esa edad, su familia —de seis hermanos en total— se trasladó a Quequén para continuar con la escolarización, lo que representó un cambio importante en su vida al integrarse a una escuela urbana mucho más numerosa. Cursó el nivel secundario en el ex Colegio Comercial de Necochea y, de forma simultánea y guiado por la curiosidad hacia los instrumentos en su entorno familiar, inició su formación musical básica en la Escuela de Arte “Orillas del Quequén”.
Al terminar el secundario, estudió gastronomía durante dos años en Necochea y Mar del Plata y se desempeñó como cocinero y cartero para solventar su carrera, además de dar talleres musicales en un espacio de estimulación temprana. Años más tarde, decidió volcarse al estudio profesional de la música e ingresó la Tecnicatura de Canto y, paralelamente, completó el profesorado de Educación Especial. Esta formación le permitió trabajar por nueve años consecutivos en el Instituto SER, combinando la pedagogía especial y el lenguaje musical.
También creó su propia escuela de canto, un emprendimiento que mantiene hace más de quince años y, en forma complementaria, integró múltiples agrupaciones musicales de diversos estilos, como Los Promeseros, La Marea y la banda La Chivarreta, entre otros.
Actualmente, vuelca su experiencia en la dirección del Coro Covadonga del Centro Asturiano y el ensamble Vocal Kingdom.
Este año dio una charla TED sobre la importancia de saber escuchar y cómo la música y el canto puede brindar herramientas de conexión con las personas.///
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