“La gran pregunta es si hay voluntad política para cambiar y transformar”
La doctora Marisa Herrera hablo sobre género y Justicia en Ecos Diarios
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ROCÍO MAGALÍ SÁNCHEZ
Para Ecos Diarios
En el marco de la jornada “Desafíos y complejidades actuales en el Derecho de Familia e Infancia”, la doctora Marisa Herrera, reconocida jurista y docente de la UBA, ofreció una conferencia de cierre tan lúcida como movilizadora. Bajo el título “Actualidad jurisprudencial en las relaciones económicas de familia a 10 años de la vigencia del Código Civil y Comercial”, la especialista no sólo repasó transformaciones legales, sino que trazó un profundo análisis sobre los desafíos pendientes en torno a la equidad de género, la diversidad y el acceso a la justicia.
Herrera comenzó recordando que el Código Civil y Comercial, cuya vigencia ya cumple una década, “parece algo menor, pero nos dirige la vida desde que nacemos hasta que morimos”. A través de ejemplos simples y contundentes, repasó algunos de los cambios que marcaron una revolución silenciosa en la vida cotidiana: el derecho de las madres a transmitir su apellido, la posibilidad de divorciarse sin esperar años ni justificar razones “moralmente válidas”, o la apertura hacia distintas formas de familia. “Pasamos de un código en singular a un código en plural, subrayó, porque lo que importa no es qué tipo de familia formás, sino que el derecho te permita entrar, que no sea para unos pocos y el resto quede afuera”.
Ese tránsito, explicó, fue posible gracias a un contexto político que alentó debates y reformas, atravesado por la sanción del matrimonio igualitario, la ley de identidad de género y el reconocimiento de las técnicas de reproducción asistida. Pero también advirtió que, en los últimos años, esa agenda de derechos enfrenta nuevos obstáculos: “Hay una relación directa entre la calidad democrática, la justicia que tenemos y las leyes que sancionamos. Cuando quienes legislan no leen siquiera un reglamento porque tiene letra chica, es difícil pensar en reformas con mirada humanizada”.
A lo largo de su exposición, Herrera enfatizó la importancia de visibilizar las dimensiones económicas de la desigualdad de género. “Lo económico siempre quedó en segundo plano, pero cuando una mujer no tiene autonomía, no puede salir de una situación de violencia”, afirmó. En esa línea, sostuvo que la vulnerabilidad patrimonial es una de las formas más naturalizadas de violencia, y que el sistema judicial debe dejar de considerarla un tema menor. “Cuando vos ves incumplimientos de cuota alimentaria, no es casualidad que la mayoría sean de varones. Lo afectivo y lo económico van de la mano”.
Justicia con perspectiva de género
Su análisis fue más allá de las normas y se detuvo en las estructuras internas del Poder Judicial, donde la desigualdad todavía es evidente. “Cuanto más alto el cargo, menos mujeres hay —lamentó—. Seguimos festejando lo que no debería ser motivo de celebración. Que una mujer llegue a una Cámara o a una Corte sigue siendo una excepción”. Según explicó, esta brecha no solo se mide en términos de cantidad, sino también de calidad institucional y diversidad real. “No alcanza con tener más mujeres. Hay que preguntarse qué mujeres llegan y con qué mirada”.
La doctora fue clara al señalar que muchas mujeres que hoy ocupan lugares de poder dentro de la justicia replican estructuras machistas y no necesariamente impulsan una perspectiva de género transformadora. “No por ser mujer sos feminista. Muchas han llegado a imagen y semejanza de los valores más patriarcales. Por eso lo importante no es solo el cupo, sino el proyecto colectivo y la sensibilidad que se proponga desde esos lugares”.
En este punto, compartió una de sus actuales luchas: acompañar la candidatura de quien podría convertirse en la primera jueza trans de la provincia de Buenos Aires. Para Herrera, ese avance no es solo un gesto simbólico, sino un paso hacia una justicia más inclusiva y representativa. “Tener un poder judicial diverso mejora la calidad institucional. Le hace bien a la democracia que en la justicia estén representadas todas las realidades que existen en la sociedad”.
La jurista también invitó a repensar los procesos de selección y evaluación de magistrados y magistradas, cuestionando los mecanismos tradicionales que privilegian trayectorias elitistas y poco conectadas con la realidad social. “Podés tener una maestría en Yale y eso está perfecto, pero también hay que valorar a quien lleva diez años trabajando en territorio, acompañando a mujeres víctimas de violencia. No es uno u otra: necesitamos ambas miradas”.
Esa visión crítica se extendió al modo en que se construye el saber jurídico, históricamente verticalista y poco colaborativo. “Nos formaron creyendo que los abogados somos importantes por el solo hecho de serlo. Pero los equipos técnicos —las trabajadoras sociales, las psicólogas— son quienes realmente conocen las historias de vida. Y eso vale tanto como un dictamen”, reflexionó.
Antes de cerrar, Herrera dejó una idea que resonó con fuerza entre las y los presentes: “Pensar en más mujeres y más mujeres feministas implica una transformación colectiva”. Para ella, los cambios no se sostienen desde las individualidades, sino desde los colectivos que las respaldan. “Cuando una llega, llega por todas las que la sostienen atrás. El problema es que el sistema judicial nunca se pensó en clave de proyecto común”.
Con la solvencia de quien conoce las estructuras desde adentro y la sensibilidad de quien milita por transformarlas, Marisa Herrera propuso mirar la justicia no solo como un sistema que dicta sentencias, sino como un reflejo de la sociedad que la construye. “La pregunta es si hay voluntad política para cambiar y transformar, cerró, Porque un sistema judicial distinto no depende solo de las personas, sino del coraje colectivo para animarse a hacerlo posible”.
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