“La falta de confianza que nos tenemos es lo que nos frena”
Luz Sureda Figueroa insistió en la importancia de lograr acuerdos, trabajar juntos y reconocer el poder que tenemos para transformar nuestra comunidad
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Julieta Moreno
Redacción
"Me preocupa la falta de confianza que nos tenemos. Esa desconfianza social es la que nos frena, porque enseguida aparece la sospecha hacia el otro”, expresó Luz Sureda Figueroa y puso como ejemplo lo que sucede con el casino, el parque y todo aquello que requiere una definición. Esta situación, para ella, termina generando costos y demorando decisiones en relación a la ciudad.
En diálogo con Ecos Diarios, la profesional vinculada a la gestión de empresas, el coaching y la tecnología, dio su punto de vista. Valoró las características ambientales del distrito, pero también enumeró sus preocupaciones, entre ellas, el servicio del transporte público y la necesidad de trabajar en conjunto desde distintos sectores para articular soluciones colectivas en varios temas. Además, dio su mirada sobre el impacto de las pantallas en nuestras vidas y advirtió sobre la importancia de escucharnos, conversar y recuperar la empatía y la humanidad.
“Hoy la quiero más”
El regreso a Necochea significó para Luz Sureda mucho más que una decisión personal: fue, en sus propias palabras, una oportunidad para redescubrir la ciudad y resignificar aquello que durante años había observado con una mirada más crítica. “Hoy no soy tan crítica como antes, hoy la quiero más”.
“Creo que el valor de la ciudad es el no progreso, y esto puede ser mal leído”, planteó, para luego explicar que ese ritmo de vida menos acelerado permite sostener hábitos y vínculos que en otros contextos se han perdido. “Que los chicos salgan a jugar a la pelota y no estén frente a una pantalla es posible por la ciudad que tenemos y eso lo veo como un valor”, afirmó, convencida de que “esa falta de progreso que a veces queremos, nos está salvando de un montón de cosas”.
Esa mirada, atravesada por lo ambiental y lo humano, convive con una serie de preocupaciones que, entiende, condicionan el desarrollo de la ciudad. La principal es la falta de confianza social. “Me preocupa la falta de confianza que nos tenemos”, indicó y puso como ejemplo el debate en torno al Casino. Al respecto, mencionó que hay posiciones enfrentadas que rápidamente derivan en sospechas: desde quienes cuestionan los procesos hasta quienes creen que detrás de cada decisión hay intereses ocultos. “Esa desconfianza es la que nos frena”, sostuvo, al tiempo que advirtió que genera costos y demora decisiones.
En lo personal, aseguró que más allá de la discusión puntual sobre el edificio, lo que le gustaría es que cualquier solución tenga un impacto positivo en la comunidad. “Si se hace algo privado, que ese dinero se vea en otra obra pública”, propuso y agregó que, en un escenario ideal, incluso pensaría en su demolición para dar lugar a un espacio de uso común.
“Afecta al
más vulnerable”
Otra de sus preocupaciones es el transporte público, un tema que se ha analizado desde la carrera de Logística de la Unicen, donde ella se desempeña. “Me preocupa porque afecta a la mayoría de la población, sobre todo al más vulnerable”. Describió situaciones concretas, como estudiantes que deben invertir hasta tres horas diarias en traslados o lo que tardan vecinos de Estación Quequén en llegar a la guardia pediátrica del Hospital Ferreyra. “Eso nos atrasa a todos”, remarcó, y consideró que la falta de soluciones responde, nuevamente, a la dificultad de articular intereses y trabajar en conjunto.
En ese punto, Sureda destacó el rol que podría cumplir la Universidad como motor de transformación. En este sentido, se refirió a la existencia de múltiples investigaciones y tesis que proponen mejoras concretas en la ciudad, desde la reorganización del transporte hasta la optimización de servicios públicos y judiciales, pero que muchas veces no logran traducirse en políticas. “Ahí está el aporte que tiene que dar la Universidad: esa devolución que agrega valor social”, señaló, insistiendo en la necesidad de tender puentes con el Estado y la comunidad.
Quequén, el
Parque y la gestión
En otro tramo de la entrevista, se refirió a Quequén y estableció algunas diferencias con Necochea en relación a la idiosincrasia y a una identidad más marcada en sus habitantes. “El quequenense quiere a Quequén y hace más propios los reclamos”, expresó, en comparación con una actitud más crítica y dispersa del lado necochense. Sin embargo, aclaró que hoy percibe problemáticas comunes y que muchas de las demandas históricas de Quequén también atraviesan a Necochea como, por ejemplo, la cantidad de calles de tierra, la desigualdad o espacios abandonados.
También analizó la situación y el debate en torno al Parque Miguel Lillo en relación a las intervenciones y allí también mencionó que existe un trasfondo de desconfianza. Frente a las posturas que plantean conservar o intervenir, propuso abrir un debate más profundo: “¿Qué tipo de ciudad queremos?”. En esa pregunta apareció su preocupación por los modelos de desarrollo importados y por la necesidad de valorar los recursos naturales propios. “Criticamos el no progreso de la Argentina, pero tenemos enormes reservas que el mundo necesita”, reflexionó.
Consultada sobre la gestión de Arturo Rojas, reconoció avances, pero también un desgaste. “Creo que hizo mucho, pero se desgastó el equipo”, afirmó sobre el gobierno municipal y agregó que “es difícil”. Al respecto, señaló que el contexto económico condiciona la acción y que existe una relación directa entre la caída en la recaudación y la dificultad para sostener obras y servicios.
“La ciudad la
hacemos todos”
Se refirió largamente al uso que hacemos de la tecnología, especialmente en relación con los jóvenes. Aclaró que está de acuerdo con las iniciativas que buscan limitar el uso del celular en las aulas y advirtió sobre sus efectos. “Hoy se habla de adicción a la pantalla y se trata con la misma droga que la adicción a la cocaína”, sostuvo. Para ella, el impacto no es solo educativo, sino emocional y social: la inmediatez de la pantalla dificulta el desarrollo de la paciencia, la tolerancia a la frustración y la capacidad de gestionar el aburrimiento. “Cuando no están los celulares, vuelven a escucharse risas en los recreos”, destacó, como símbolo de un vínculo que se recupera.
“Los grandes problemas surgen porque no nos escuchamos”, afirmó. En un contexto atravesado por la polarización y los algoritmos, consideró que cada vez resulta más difícil construir acuerdos y legitimar la mirada del otro.
Hacia el final, reflexionó sobre el futuro y, lejos de depositar la responsabilidad únicamente en la dirigencia, puso el foco en las acciones cotidianas. “La ciudad la hacemos todos”, afirmó, remarcando que pequeños gestos inciden en la vida común. Desde respetar normas básicas hasta comprometerse con lo público.
Frente a una sociedad que define como “sobrepasada” y absorbida por la inmediatez, propuso recuperar el tiempo para el encuentro. “Necesitamos salir de las pantallas, mirarnos a los ojos, conversar”, sostuvo. Y en esa recuperación del diálogo, de la empatía y de la humanidad, para ella, está la salida. “Tenemos que darnos cuenta del poder que tenemos”, expresó, destacando la importancia que tienen nuestras acciones individuales en la construcción de lo colectivo. ///
Liderazgo, tecnología y humanidad
Luz Sureda Figueroa nació en Quequén, pero realizó sus estudios primarios y secundarios en Necochea, con una orientación en Informática. Luego se trasladó a Tandil, donde se graduó como licenciada en Administración de Empresas en la Universidad Nacional del Centro (Unicen).
Durante su etapa de formación, gestionó diversos emprendimientos propios, como una imprenta de serigrafía y un negocio de decoración de eventos y, más tarde, sumó experiencia laboral en un estudio contable y en consultoras de investigación de mercado en Buenos Aires y en Tandil.
Tras un breve paso por CABA, decidió regresar a su ciudad natal, donde inició su trayectoria como docente de educación superior, primero en el Instituto Nº 31 y posteriormente en la sede universitaria de Quequén de la Unicen, dentro de la Licenciatura en Logística.
En el ámbito académico, llegó a ocupar el cargo de coordinadora de la carrera en 2024. Durante su gestión, se enfocó especialmente en la vinculación institucional y el acompañamiento de los estudiantes que estaban en la etapa final y debían entregar las tesis, logrando aumentar significativamente el porcentaje de graduados.
Para complementar su formación de base, se recibió de coach ontológico en Buenos Aires y fundó, con otra profesional, una escuela de formación de coaching en Necochea, actividad que realizó durante algunos años. Más tarde y, después de tener a su hija, se enfocó en el dictado de talleres de liderazgo y coaching para empresas junto a otras socias.
Actualmente, dicta talleres sobre liderazgo, gestión, coaching e Inteligencia Artificial y continúa como docente universitaria en la Unicen.
Además, está cursando una Maestría en Gobernanza Ética de la Inteligencia Artificial en la Universidad Pontificia de Salamanca, España. Su labor actual combina la consultoría privada con la investigación sobre el impacto de la tecnología en la salud mental y la creación de marcos regulatorios que protejan el pensamiento crítico humano frente al avance de la Inteligencia Artificial.///
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