La apicultura y los desafíos de la actividad en el Día de la Abeja
Cristian Sterr y Gabriel Wasowski hablaron con Ecos Diarios sobre esta fecha tan especial, las dificultades y la importancia la producción de miel
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JUAN JOSE FLORES
Redacción
En Necochea y la región, donde la apicultura mantiene una fuerte tradición productiva, se celebra hoy el Día Mundial de la Abeja, que destaca la importancia de una actividad clave para el campo y la vida cotidiana.
“Sin la abeja no hay alimentos”, resumió el apicultor Cristian Sterr. “Para mí, la abeja significa nada menos que mi sostén de vida”.
La fecha se conmemora en momentos en que los productores locales se encuentran atravesando desafíos económicos y climáticos, pero siguen creyendo apasionadamente en su trabajo.
“Es fundamental tanto en nuestra cotidianidad como para el resto del mundo. El 75% de los productos que consumimos están tocados por una abeja; así de importante es su función”, señaló Sterr, que junto a Rosana Castillo creó Apiturismo, un innovador espacio pensado para acercar la actividad a residentes y turistas.
Por su parte, el productor Gabriel Wasowski destacó el fuerte vínculo familiar y cultural que mantiene con la actividad. “Para nosotros, este es ‘el’ día. La abeja no es solo el insecto con el que trabajamos para vivir, es nuestra pasión. Soy la tercera generación de una familia de apicultores que comenzó con mi abuelo en Polonia, siguió con mis padres y ahora continúa con mi hijo”, relató.
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Fuerte presencia
Cada 20 de mayo se conmemora en todo el mundo el Día Mundial de la Abeja, una fecha instaurada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para concientizar sobre el rol esencial que cumplen las abejas y otros polinizadores en la alimentación, la biodiversidad y el equilibrio ambiental.
“Nuestro emprendimiento Apiturismo surgió para responder las dudas de la gente y mostrar qué proceso hay realmente detrás de ese tarro de miel que se llevan a su casa. Queremos que el turista entienda qué es la polinización y que todos los productos que genera la colmena son comestibles”, explicó Sterr.
El espacio, que se encuentra en la avenida 578 y 569, en Quequén, incluye visitas, experiencias educativas y charlas para establecimientos escolares.
“Necochea es una zona muy fuerte en la apicultura en la provincia de Buenos Aires. La mayoría somos apicultores trashumantes: en primavera nos movilizamos con las colmenas al Valle de Río Negro para polinizar cultivos y luego regresamos para la campaña del girasol”, comentó Sterr, describiendo una modalidad productiva que permite sostener la actividad y mejorar los rindes.
Sin embargo, el sector también enfrenta dificultades. En el caso de Sterr, el último temporal provocó importantes pérdidas en sus apiarios.
“El ciclón dejó calles anegadas y, en la zona de Energía, se nos inundaron unas 200 colmenas. Las abejas murieron ahogadas porque no tienen por dónde salir ante un desastre natural”, lamentó. “Es una pérdida dolorosa porque nuestro capital real es la abeja viva, no la madera del cajón”, agregó.
Dificultades y desafíos
Wasowski remarcó la trascendencia de las abejas para la producción de alimentos. “Existe una frase que dice que si la abeja dejara de existir, el mundo desaparecería en cuatro años. Es el polinizador número uno y, directa o indirectamente, el 70% de lo que uno ve sobre la mesa ha sido polinizado por ellas”, afirmó.
Al mismo tiempo, advirtió sobre el complejo presente económico que atraviesa el sector. “La actividad lleva tres años en una meseta. Los precios internacionales están estancados mientras que los costos internos no dejan de subir. Hoy estamos en una disyuntiva difícil: un litro de gasoil cuesta casi lo mismo que un kilo de miel”, señaló.
En cuanto a la realidad local, recordó que la cantidad de productores disminuyó con el paso de los años, aunque la escala productiva continúa siendo importante. “Antiguamente Necochea era una ciudad con muchísimos apicultores. Hoy quedamos unos 30, pero somos considerados profesionales porque manejamos grandes escalas y producimos muchísimas toneladas de miel”, explicó. También indicó que entre el 90 y el 95% de la miel argentina tiene como destino el mercado externo.
El bajo consumo interno es otra de las preocupaciones del sector. “En Argentina se consumen apenas 180 gramos de miel por persona al año, muy lejos del kilo anual de países como Alemania o Estados Unidos. Nos falta cultura y conciencia sobre los beneficios de la miel”, sostuvo Wasowski, quien consideró que la Semana de la Miel representa una oportunidad para promover hábitos más saludables y valorar un producto natural.
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