La “Alfombra mágica”, kermeses, juegos y patinaje sobre hielo que atraparon a varias generaciones
Un repaso por los grandes entretenimientos de décadas pasadas
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RAÚL JÁUREGUI
Redacción
En la habitual columna de recuerdos del pasado necochense, que cada jueves forma parte del programa “Desde temprano”, por Ecos Radio, se hizo un recorrido por grandes entretenimientos que cautivaron a varias generaciones.
En el comienzo se hizo referencia a la “Alfombra mágica” o “Tobogán gigante”, uno de los sucesos a fines de la década del 60 y parte de los 70, que en Necochea tuviera dos estructuras: la más concurrida en 2 y 87, donde hoy se encuentra el edificio Alsat y otra de menor tamaño en 10 y 91.
¿De qué se trataba? De un tobogán de unos 20 metros de altura y unos 10 de ancho. Desde lo alto y tras subir empinadas escaleras, los asistentes se sentaban sobre pequeñas alfombras o bolsas de arpillera, y se lanzaban hacia abajo en un tobogán de metal lustrado y con pequeñas elevaciones que aceleraban las caídas durante el descenso.
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El entretenimiento fue furor durante los veranos y al momento de su creación fue patentado por el dirigente deportivo Alberto J. Armando (presidente del Club Boca Juniors en aquel entonces). Se instaló por primera vez en Villa Carlos Paz y luego en otras ciudades turística del país, entre ellas Necochea.
La “Alfombra mágica” empezaría a entrar en el ojo de la tormenta producto de la osadía y falta de respeto de algunos a las normas de seguridad previstas. Es que varias personas se lanzaban en una misma alfombra y como eran varios los que se tiraban en el mismo momento, había fuertes choques o golpes contra los laterales, produciéndose golpes, cortes y quebraduras.
Algunos, aún más irresponsables, se lanzaban a último momento parados y terminaban cayendo y rodando aparatosamente.
Por todos estos accidentes y las demandas legales que tenían los municipios, el “Tobogán Gigante” tendría poca vida, siendo prohibido y desmantelado en todo el país.
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Grandes kermeses
En los 70 y también convocando a las familias, captaron mucha atención las llamadas kermeses, consistentes en una feria de atracciones al aire libre.
La oferta consistía en puestos con juegos de destreza y azar, como ser tiro al blanco con dardos, derribar latas con bolas o rifles de aire comprimido que disparaban corchos pequeños; pescar patitos que estaban en una gran fuente con débiles cañas; o dar por tierra a muñecos de goma con bases de madera a los que se le pateaba con pesadas pelotas de fútbol desde una corta distancia.
En Necochea estos centros de entretenimientos se montaban en amplios terrenos baldíos, donde se instalaban los stands. Entre esos lugares se recuerdan kermeses en 59 entre 18 y 20 mano hacia el centro y en Diagonal San Martín, donde desde hace años existe el edificio del gremio de los encargados de edificios.
Puestos de comida rápida, en aquellos tiempos choripanes o panchos con salchichas, completaban la oferta de lugares alumbrados por largos cordeles con lamparitas.
Los premios eran juguetes, enormes osos de peluche, juegos de cocina y otras variedades llamativas; y en más de una oportunidad se originaban discusiones entre apostadores y empleados, por miras de rifles descalibradas, pelotas desinfladas y demás.
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La “Caminata lunar”
A fines de los 70 e inicios de los 80 apareció en escena e instalada en verano en la plaza San Martín de la playa, la llamada “Caminata lunar”.
¿De qué se trataba? De un inflable gigante similar a una burbuja o cúpula cerrada. Su funcionamiento era mediante un motor de aire continuo que mantenía la estructura inflada para que los niños pudieran saltar, rebotar y jugar de forma segura.
Por una hendidura los pequeños ingresaban a la estructura, cuyo piso era ondulante y allí saltaban por lapsos de 10 minutos, un tiempo que parecía corto pero salían extenuados.
Parques de diversiones
En otro tramo de la columna radial se hizo foco en entretenimientos que han continuado hasta la actualidad: los parques de juegos mecánicos con
carruseles con caballos de madera, montañas rusas, autos chocadores, el llamado gusano rodante que corría a gran velocidad sobre una vía con pendientes y sillas y botes voladoras, atraían a cientos de niños y adolescentes que gritaban y reían a carcajadas ante tanta adrenalina.
En los 70 hubo un parque en el terreno de 59 entre 18 y 20 pero, por su grandiosidad, los memoriosos recuerdan el que se emplazó en la temporada veraniega de 1993 en el playón de ingreso a la playa ubicado sobre avenida 2 entre 71 y avenida 75.
El detalle de este parque, que se denominaba “Ciudad mecánica” es que pertenecía al famoso Orlando Orfei y sus piezas llegaron a Necochea en una caravana de enormes camiones, que fueron hasta la zona playera haciendo sonar sus bocinas y generando la sorpresa de todos.
Los juegos pertenecían al parque “Tivoli”, de Río de Janeiro, y la “Ciudad mecánica” contaba frente al mar con entretenimientos como autos chocadores, vuelta al mundo, montaña rusa, tren fantasma y espectáculos circenses que la transformaron en el suceso del verano junto al no menos famoso circo Rodas, que esa temporada funcionó frente a la Terminal de Omnibus, en la ribera del río.
Patinaje sobre hielo
A mediados de la década del 80 Víctor Bork, ingeniero agrónomo de profesión y que lleva décadas como masajista, montó una pista de patinaje sobre hielo en las instalaciones donde funcionaba el frigorífico Bork, de calle72 casi 55. Por entonces la práctica estaba de moda.
La pista, única que contó la ciudad en su historial, tenía 22 metros de frente por unos 10 de largo, con barandas en sus laterales.
El piso tenía un espesor de unos 20 centímetros de hielo y la pista podía cobijar hasta 20 patinadores en un mismo momento. El mini complejo contaba con vestuarios y un pequeño bar con un vidrio por delante desde el que se veía la pista.
Los propietarios alquilaban los patines, que como se sabe tenían cuchillas abajo para deslizarse sobre el hielo.
La pista de patinaje, que en su mayoría atrapaba a niños y adolescentes, tuvo la duración de unos tres años y pasó a la historia en los tiempos inflacionarios del gobierno de Alfonsín.
La columna completa se puede escuchar en el Spotify de Ecos Radio como “Archivo Ecos Diarios”.
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