Jueves 18 de enero de 1996
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La “batalla” de los tenedores libres en la temporada de verano
La marcada competencia entre los restaurantes había hecho que bajaran los precios de la gastronomía
En épocas de vacas flacas como las que transcurrían, la crisis había exhibido algunas de sus aristas más singulares. Una de ellas podía observarse en el rubro gastronómico, donde se había desatado una verdadera “batalla” de los tenedores libres. Todo había tenido un simple y único objetivo: captar más clientes.
En períodos estivales como el que se atravesaba, donde el nivel de la demanda no satisfacía a quienes estaban relacionados con los servicios turísticos, la puja entre los restaurantes y casas de comida no pasaba inadvertida.
Lo que en temporadas anteriores había sido una novedad, se había transformado en un aspecto común en materia gastronómica, y quienes estaban al frente de los establecimientos del ramo realizaban esfuerzos para intentar cautivar a los comensales.
De allí que en las principales calles de la villa balnearia se hubieran colocado numerosos carteles con los precios de los platos y que los parabrisas de los automóviles estuvieran prácticamente cubiertos por volantes con los valores de cada menú.
Quienes habían abierto el fuego en esta competencia de los tenedores libres habían sido los empresarios chinos que habilitaron un local —meses antes de la temporada— en la calle 83. Cobraban 6 pesos por persona, sin incluir la bebida, y permitían degustar platos fríos, calientes, postres y helados.
Las parrillas también habían entablado una fuerte competencia. Algunas presentaban dos opciones: quienes optaban por servirse por su cuenta abonaban 6 pesos, mientras que en otros sectores del local eran atendidos por un precio mayor.
El furor del paddle ya había pasado por estas costas y una prueba de ello era que donde habían existido canchas para la práctica de ese deporte, se había ampliado una parrilla que, además de ofrecer tentadoras propuestas, brindaba espectáculos musicales, con un adicional para quienes deseaban presenciarlos.
También se ofrecían parrilladas a precios promocionales y tenedores libres de mariscos, mientras que las pastas seguían siendo una de las opciones más buscadas por sus valores accesibles.
Asimismo, se promocionaban menús turísticos, milanesas, hamburguesas, picadas tradicionales y de mariscos, además de descuentos en determinados horarios. La originalidad había llegado incluso a los sándwiches vendidos por metro, una propuesta que había llamado la atención de turistas y residentes.
Las cantinas del Puerto también habían formado parte de este abanico gastronómico, colocando precios visibles para atraer a la clientela. Las pizzerías, por su parte, continuaban siendo uno de los rubros con mayor movimiento, con valores variados según cada especialidad.
Finalmente, los puestos de comida rápida completaron la oferta, con precios económicos en panchos, papas fritas, bebidas y helados, permitiendo así estirar el presupuesto de las vacaciones.
Reducción de salarios
Las medidas de ajuste del personal de la Municipalidad de Necochea se habían ampliado con la suspensión de otros dos agentes, con lo que totalizaban 29 trabajadores. Las suspensiones habían sido confirmadas por el Sindicato de Trabajadores Municipales, mientras que el intendente Julio Municoy había negado la aplicación de nuevas sanciones.
Por otra parte, había trascendido que el Departamento Ejecutivo había elaborado un proyecto para reducir un 20 % los salarios de los trabajadores comunales que percibían haberes superiores a determinados montos. Paralelamente, se había dispuesto la eximición de la obligación de prestar tareas durante un mes, sin goce de haberes, hasta resolver la situación definitiva de los agentes.
En ámbitos gremiales se había sostenido que “las suspensiones es un anticipo del despido de los agentes involucrados” y que “se producen desde los niveles salariales más importantes y bajarán hacia otras categorías inferiores”. Asimismo, se había recordado que el intendente aspiraba a reducir la masa salarial municipal en aproximadamente 300.000 pesos mensuales.
Obras de iluminación
Dos obras de iluminación habían quedado inauguradas con actos encabezados por el intendente municipal, Dr. Julio Miguel Municoy. En primer término, había quedado habilitada la correspondiente al acceso de la Escollera de Quequén y, posteriormente, la del sector del balneario Neptuno.
El jefe comunal había considerado que ambas concreciones posibilitarían la utilización de los espacios para actividades nocturnas, como la práctica deportiva. Durante los actos, se había destacado el aporte de distintas entidades y organismos provinciales.
En Quequén, Municoy había explicado que las columnas no alcanzaban la altura originalmente prevista debido a cuestiones vinculadas a la navegación. Además, había anticipado la llegada de equipamiento deportivo para el armado de canchas en la playa.
Luego, en el sector del balneario Neptuno, se había realizado el tradicional corte de cintas, con la participación de autoridades municipales, provinciales y representantes de la Usina Popular Cooperativa “Sebastián de María”.
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