“Hay que impulsar un calendario cultural de enero a diciembre”
Walter C. Medina habló de generar un polo cultural y destacó el impacto que tendría para la ciudad desde el punto de vista turístico, comercial y artístico
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Julieta Moreno
Redacción
“La atracción que puede tener un sitio no necesariamente son sus recursos naturales y Necochea por supuesto que está sobrado en este aspecto, pero un calendario cultural de enero a diciembre puede ser un enganche para otro tipo de públicos”, expresó Walter C. Medina, al pensar en el desarrollo artístico, pero también turístico y comercial de la ciudad. En este sentido, propuso impulsar una agenda cultural, con festivales y eventos que se sostengan a lo largo del tiempo.
El periodista cultural y escritor, que desarrolló gran parte de su carrera profesional en Europa, dio su punto de vista sobre Necochea, recordó otras épocas y consideró que hay que recuperar algunos íconos arquitectónicos. Además, habló del Casino, el Parque y se mostró confiado en las nuevas generaciones.
El recuerdo de
otras épocas
Para Walter C. Medina, Necochea “deja un poquito que desear”, aunque no pierde de vista su potencial ni su historia. Con una mirada atravesada por décadas de trabajo en el periodismo cultural, observa una ciudad que alguna vez supo destacarse por su vida artística y que hoy, pese a retrocesos, mantiene latente la posibilidad de transformarse.
“Ojalá pueda ser el polo cultural que hasta los años 80 era”, planteó, al recordar una etapa en la que compañías teatrales elegían la ciudad para hacer la temporada completa, cuando Necochea figuraba entre los destinos turísticos más importantes del país.
En ese repaso histórico, ubicó el quiebre hacia mediados de los años 80, cuando, para él, comenzó una “debacle arquitectónica y cultural” que impactó en la identidad local. Hasta entonces, aseguró que existía un esfuerzo sostenido por dar visibilidad a la actividad cultural. Recordó salas llenas de público, artistas de renombre instalados durante el verano y una ciudad que incluso inspiró a figuras de alcance nacional para componer sus obras. “Había un mayor intento por mostrar lo que sucedía a nivel cultural”, expresó.
Sin embargo, advirtió que hay señales de recuperación. Destacó la reapertura del Teatro Nihuil, la aparición de emprendimientos culturales impulsados por jóvenes y la consolidación de propuestas que trascienden las fronteras de la ciudad. En ese sentido, mencionó como ejemplo emblemático la irrupción de El Plan de la Mariposa, a la que define como “la primera banda que hace recorridos por Europa representando a Necochea”. Para el periodista, este tipo de fenómenos no solo valida la producción local, sino que también posiciona el nombre de la ciudad más allá de sus límites.
Polo cultural
No obstante, consideró que para, consolidarse como un verdadero polo cultural, Necochea necesita decisiones más firmes y sostenidas en el tiempo. “Hace falta dar un paso adelante y no atrás”, afirmó, al tiempo que lamentó la falta de continuidad de proyectos como el espacio Incaa, que funcionaba en el Teatro París, o el cierre de salas de cine que podrían haberse reconvertido en teatros.
Para avanzar en su propuesta de generar un polo cultural, propuso el desarrollo de festivales temáticos de cine, teatro o música, que generen identidad y atraigan públicos diversos durante todo el año. “Si hay una agenda cultural de enero a diciembre, es otro enganche para otro tipo de turismo”, sostuvo, convencido de que la oferta cultural puede complementar y potenciar los recursos naturales.
En esa línea, también analizó el presente turístico con una mirada crítica. Recordó que décadas atrás la temporada comenzaba en diciembre y se extendía hasta febrero, mientras que hoy se concentra en pocas semanas. Para Medina, esta reducción podría revertirse con propuestas culturales sostenidas que acompañen la oferta de playa y naturaleza.
Íconos arquitectónicos
Al referirse al Complejo Casino, reconoció que siente “un dolor” al verlo en el estado en que se encuentra. Más allá de los debates actuales sobre su futuro, consideró que se perdió un símbolo que debería haber sido preservado y resignificado, especialmente por su valor como espacio cultural frente al mar. Esa preocupación se extiende a otros edificios que considera que son “íconos arquitectónicos”, como la Galería Central, el Hogar Raimondi o el espacio interior y exterior del Museo Histórico Regional del Parque Miguel Lillo que, a su entender, requieren mayor cuidado y puesta en valor para recuperar su centralidad.
Con respecto al Parque Miguel Lillo, destacó su importancia como “pulmón verde” y uno de los principales atractivos naturales de Necochea. Valoró su uso deportivo y recreativo, aunque advirtió sobre intervenciones que puedan alterar su esencia. “Para caminatas y actividades está genial, pero no veo ahí un gran hotel en el medio”, señaló, marcando una postura en defensa de su conservación.
Sobre la gestión municipal de Arturo Rojas, reconoció que no sigue de cerca el día a día del gobierno para dar una opinión, pero resaltó como un aspecto positivo la continuidad de la Escuela Municipal de Artes. Consideró que sostener ese espacio, tanto desde lo edilicio como desde su función social, es “muy loable” en un contexto donde otras ciudades utilizan las viejas estaciones de trenes como depósitos o pierden ámbitos similares de expresión cultural.
El impulso joven
Más allá de algunos retrocesos, también destacó los avances y, en este sentido, tiene una mirada esperanzadora sobre el futuro de la ciudad. “Veo mucha gente joven con ganas de hacer cosas”, afirmó, al tiempo que destacó la aparición de artistas urbanos, espacios culturales emergentes y propuestas independientes. Para él, ese movimiento, aún incipiente, es el inicio de un cambio más profundo: la posibilidad de que Necochea recupere su identidad cultural y proyecte una nueva etapa.
Esa energía, sumada a la circulación de ideas y experiencias, puede ser determinante. “Hoy los chicos viajan, traen influencias, adaptan ideas”, explicó, convencido de que ese intercambio dará frutos.
“Se están gestando cosas interesantes y, aunque hubo retrocesos, soy optimista sobre lo que viene", indicó.////
Una trayectoria ligada
al periodismo cultural
Walter C. Medina nació en Necochea, aunque su formación y sus primeras inquietudes profesionales estuvieron estrechamente vinculadas a la ciudad de Mar del Plata. Proveniente de una familia de constructores, responsable del impulso del primer edificio de la ciudad (Horizonte), decidió orientar su camino hacia la comunicación, formándose en periodismo en el Instituto TEA.
Sus primeros pasos laborales los dio en medios marplatenses como el diario El Atlántico, la radio La Roca y más tarde en Rock & Pop, donde se especializó en la cobertura de eventos culturales y festivales cinematográficos de relevancia internacional, consolidando un perfil vinculado al periodismo cultural.
La crisis económica de 2001 marcó un punto de inflexión en su trayectoria, llevándolo a emprender un extenso recorrido por Europa que se prolongó durante varios años. Tras una etapa inicial en Palma de Mallorca, donde trabajó en un pequeño diario, se radicó en Málaga, en Andalucía, en un momento clave en el que la ciudad competía por convertirse en sede cultural europea.
Allí desarrolló una labor significativa en el Teatro Cervantes, donde se le asignó un palco desde el cual registraba la actividad escénica. Su tarea incluía la redacción de crónicas para un medio local y la colaboración en la construcción de la memoria histórica del teatro, mediante un archivo documental compuesto por fotografías y reseñas de los espectáculos. Esta experiencia le permitió establecer un contacto cercano con figuras destacadas del ámbito cultural como Elvis Costello, Pedro Almodóvar, Álex de la Iglesia y Carmen Maura.
En paralelo, y posteriormente también en Francia, trabajó en diversos medios digitales y agencias de noticias, además de desempeñarse como corresponsal para diarios nacionales como La Nación y Página/12.
Su faceta como escritor comenzó a consolidarse tras resultar finalista en un certamen de relatos presidido por la escritora Almudena Grandes. Desde entonces, ha publicado obras como el cuento “La niña del acordeón” (incluido en una antología), además de títulos como “S.A.C: Rebajas de otoño”, “Manzanas podridas”, “Atrapa Ratas”, “Elecciones (Una fábula inconsecuente)”, “Crónicas de Anchorena” y “Rockandroll, la vida es un”.
Tras su regreso definitivo a la Argentina, retomó su vínculo con la formación académica como docente en los Institutos TEA y Eter de Mar del Plata. Actualmente, en Necochea, combina su trabajo como autor con la docencia en la Escuela Municipal de Artes, donde coordina talleres de escritura creativa y periodismo cultural. Además, tiene una columna en el programa “¿Lo dije o lo pensé?” de Ecos Radio.///
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