Gobernar con desconfianza
En Necochea la confianza en la política nunca desaparece del todo, pero tampoco se consolida plenamente. Entre crisis económicas, cambios de clima político nacional y una sociedad que muchas veces vota y luego se desentiende, el desafío sigue siendo construir un nuevo pacto entre gobernantes y ciudadanos
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Jorge Gómez - Para Ecos Diarios
La confianza en la política es un bien frágil. Tarda años en construirse y apenas unos meses en deteriorarse. Cuando existe, permite planificar, acordar y proyectar. Cuando falta, cada decisión pública queda bajo una suerte de presunta sospecha y cualquier gestión gobierna en un clima de permanente cuestionamiento.
En el partido de Necochea esa tensión parece haberse vuelto parte del paisaje político, según las épocas y sus protagonistas. Desde el retorno de la democracia en 1983, cuando la Argentina recuperó sus instituciones bajo la presidencia de Raúl Alfonsín, los necochenses eligieron en las urnas a siete intendentes en estos 42 años y pico. Algunos lograron ser reelectos, dos fueron destituidos antes de terminar sus mandatos y en varios momentos la conducción municipal quedó en manos de interinos.
Todo eso forma parte de la vida democrática local. Pero también se fue construyendo una percepción social persistente. La idea de que el poder político -votado por los ciudadanos- siempre está bajo examen.
En Necochea, como ocurre en muchas ciudades argentinas y profundizada esta percepción a partir del actual descrédito hacia buena parte de la dirigente política, existe una imperceptible convicción, instalada en ciertos sectores de la sociedad, que opina y juzga que quien gobierna lo hace regular o mal. Cambian los nombres, cambian los partidos, cambian las épocas, pero la conjetura permanece.
La crítica, desde luego, es indispensable en democracia. Sin ciudadanos críticos no hay control del poder. El problema aparece cuando la crítica se transforma en una negación permanente de la política. Cuando todo está mal antes incluso de evaluarlo. En ese clima se vuelve difícil construir acuerdos duraderos.
Improductivos debates
La política local suele quedar encerrada en los muchas veces improductivos debates del Concejo Deliberante, donde oficialismo y oposición discuten ordenanzas, presupuestos o proyectos puntuales. Pero rara vez logra trascender ese ámbito para cimentar consensos estratégicos que superen los mandatos de turno.
Y allí aparece una pregunta para muchos incómoda. ¿Existe hoy en Necochea un acuerdo claro sobre cuáles son los diez grandes desafíos del distrito para los próximos veinte años? Probablemente no.
Si uno detuviera a cualquier vecino en una esquina y le hiciera esa pregunta, aparecerían respuestas variadas: el empleo, el turismo, el puerto, el tránsito, la infraestructura, la vivienda, la seguridad o el desarrollo productivo. Todos temas reales. Todos urgentes.
Pero rara vez forman parte de una agenda común que ordene las prioridades colectivas.
En ese escenario transita hoy su segundo mandato el intendente Arturo Rojas. Reelegido en 2023, su gestión mantiene la legitimidad que le otorgaron las urnas y conserva, por lo tanto, una cuota de confianza social suficiente para ejercer el gobierno hasta diciembre de 2027.
La derrota electoral del oficialismo en las legislativas de medio término del año pasado fue, sin duda, un llamado de atención. Pero también debe leerse en el contexto político más amplio que atraviesa la Argentina.
El fenómeno político liderado por el presidente Javier Milei alteró el mapa electoral en numerosos distritos del país. En muchos casos las elecciones locales terminaron nacionalizándose, y dirigentes que difícilmente hubieran accedido a una banca en otro contexto lograron hacerlo impulsados por esa ola política. Eso no invalida el resultado. Pero ayuda a entenderlo.
El gobierno municipal, por lo tanto, no ha perdido toda su base de confianza. Lo que enfrenta es algo más complejo que consiste en gobernar en un clima social más exigente, con restricciones económicas severas y con una sociedad que muchas veces observa al Estado como si fuera una entidad foránea. Y ese es otro de los grandes problemas de nuestra cultura política.
Existe una tendencia cada vez más marcada a delegar la política completamente en el momento electoral. Se vota cada cuatro años y luego comienza un largo período de distancia, crítica o desinterés. Pero la democracia no funciona de esa manera.
Una frase calzaría justo por aquí, la que señala que “si no te sentás a la mesa, sos parte del menú”. Quien no participa, se vuelve perjudicado.
El pensador francés Alexis de Tocqueville advertía en el siglo XIX que la fortaleza de las democracias depende de la vitalidad de su sociedad civil. Cuando los ciudadanos se repliegan y dejan toda la responsabilidad en manos de los gobernantes, la política pierde su sustento comunitario. Echando luz a la idea se podría decir que el gobierno no es una entidad ajena a la sociedad. Es una expresión de ella.
La economía local
A esto se suma un contexto económico especialmente restrictivo. En el presupuesto municipal del año pasado, los recursos provenientes del gobierno nacional representaron apenas el 0,06 por ciento del total. Para el ejercicio 2026 directamente se prevé cero aportes nacionales directos. La política fiscal impulsada por el presidente Milei redefinió la relación financiera entre la Nación, las provincias y los municipios.
Mientras tanto, la economía local muestra contrastes. La actividad portuaria vive un momento dinámico gracias a buenas cosechas y un fuerte movimiento exportador. Pero el turismo -uno de los motores históricos de la ciudad- no tuvo una buena temporada estival. Y cuando el verano es flojo en una ciudad turística, el otoño y el invierno suelen sentirse con mayor dureza.
En ese contexto, gobernar exige algo más que administrar recursos escasos. Exige reconstruir confianza. Y claro que no es una tarea para aficionados o improvisados.
Pero tal vez el desafío del tramo final de este mandato del actual jefe comunal y de su administración sea precisamente ese, o sea recrear un nuevo pacto entre el gobierno municipal, la dirigencia política, las instituciones intermedias y la comunidad.
Cuando la confianza se debilita, la política necesita reconstruir un acuerdo básico que ordene prioridades y expectativas colectivas. Porque la democracia no es solamente el acto de votar. Es también la capacidad de una comunidad de discutir su futuro y comprometerse con él.
Como decía la brillante pensadora Hannah Arendt con su cita de que “la política se basa en el hecho de la pluralidad humana”. Es decir, en la convivencia entre diferencias.
Tal vez allí esté el verdadero desafío de Necochea, sostenida en transformar la desconfianza permanente en una discusión madura sobre el futuro común. Porque al final de cuentas, en una comunidad democrática, nadie gobierna completamente solo. Pero tampoco nadie puede desentenderse de cómo se gobierna.
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